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Evento: Incendio de la Llama de la Armonía

  Dia 70

  La luna sonríe, pero él aparta la mirada. No quiere contaminar este sue?o más de lo necesario. Reza a la Princesa de la Realidad de los Sue?os por su bendición.

  El sue?o de su hija es un jardín de cosas blandas. Animales de peluche, árboles de caramelo, un caballo de crines brillantes. La ni?a ríe mientras lo monta. Un caballo. Cuando cobre la misión, tal vez rentar uno sea posible. Odia la forma perfecta que toma. Debe mantenerla. No puede romperla. Ella lo merece.

  La ni?a levanta los brazos de forma agitada. él esquiva, hasta que la alcanza y la levanta.

  El perro de gomitas tiene el bosquejo de su sirvienta. Quiere apartarlo con cuidado. Termina estrellándolo contra un árbol. Corre. Su corazón late tranquilo. Odia esta forma, siempre calmada, siempre perfecta.

  Su ni?a duerme. él exhala. Su hermana lo espera.

  Cierra el ojo izquierdo en el sue?o. En el mundo físico, está de pie, vigilante, mientras se hunde en los sue?os de su carga. Sin dejar que el sue?o escape, posa su mano sobre la frente de su hermana. En el mundo de los sue?os, el mundo de gomitas se desvanece como arena frente al viento.

  Frente a él ahora está el castillo familiar, una versión edulcorada. Su hermana menor duerme aquí todas las noches, reconstruyendo las habitaciones, llamando a los muertos. él camina por los pasillos eliminando bichos con el pensamiento. En el jardín, la tía Carol sonríe, brazos abiertos, atrayendo al inocente a sus brazos.

  Fue ella quien le ense?ó la magia de fuegos artificiales. El color, el estruendo, la belleza efímera. Era como los otros: perversa, pero tan buena. Ahora, muerta. Pero en los sue?os de su hermana, ella siempre vuelve, y él siempre la encierra en el sótano, y su hermana siempre la libera. No quiere que la recuerde.

  Camina a la sala de té. Su hermana juega con versiones de su padre. Un ángel doméstico con una sonrisa apacible.

  Pero él ve el otro lado.

  Una lengua que se bifurca. El segundo rostro que emerge de la nuca, boca abierta, dientes de aguja. Las manos que bendicen mientras los dedos giran en ángulos imposibles. Los sirvientes, detrás, con sus sonrisas que saben secretos. Las promesas de dolor dichas en voz baja, casi cari?osas.

  Su hermana no ve nada. Para ella, es papá el de siempre.

  Con un pensamiento, vacía la sala. Los ángeles corruptos se deshacen. Los sirvientes, también. La tía Carol se hunde en el sótano imaginario. Queda solo su hermana, con su camisón de sue?o, mirándolo.

  —Monté un caballo azul —dice a la nada. Sin el entrenamiento adecuado, sigue siendo una so?adora normal—. Volaba.

  él transforma el castillo. El oro y el mármol desaparecen. Las ara?as de cristal se apagan. Las paredes se contraen hasta ser de madera y concreto, una habitación de taberna, digna de un sirviente de bajo nivel.

  Ella no recordará mucho. Así debe ser,deja a su hija en la cama de los sue?os junto a su tía.

  Crea peque?os lujos: música para dormir, peque?os trucos para que sus cargas tengan un sue?o profundo y se despierten con suavidad. Agradece a su madre Marta, una so?adora muy hábil. Cuántas veces esto lo salvó de noches de juerga. Ahora no lo usa en sí mismo ahora tendrá que prepararse,esto le sirve para un sue?o superficial a lo mucho.

  Las horas pasaron lentamente. Al no estar más en los sue?os de sus cargas, se queda en ese limbo donde su mente habita el mundo de los sue?os, pero no duerme. Mientras, su cuerpo, como una estatua, permanece en la misma posición, listo para atacar. Para el mundo, solo está dormido en una pose. Pero solo un erudito sabría que, ahora mismo, su cuerpo reacciona a su máxima potencia.

  La luz del sol entra por la ventana. Funciona como la se?al para comenzar el día.

  Ver cómo su cuerpo cambia de posición es una experiencia que ahora puede observar desde otro plano, como si fuera tercera persona. Es asombroso. Experimentar cómo el cuerpo, al despertar, llama a toda su conciencia de regreso es maravilloso. Si no fuera porque se siente como un muerto en vida.

  Con cada paso pesado —y para las risas de sus cargas recién despiertas—, sus piernas siguen dormidas. Pero como un titiritero con su marioneta, gira o extiende las piernas como un payaso. Nunca cae. Aguanta un gru?ido de perro al verse en el espejo: su cara está cubierta por su máscara de Shigan-inu. Cuatro ojos funcionales le devuelven la mirada.

  Estira la espalda hasta que suena. Se quita la máscara. Le duele pasar de cuatro a dos ojos.

  Se mira en el espejo. Un reflejo burdo le sonríe. Su pelo rubio rizado está caído. Sus ojos azules están llenos de ojeras. Su piel, pálida. Debe comer más, piensa, mientras se peina y se rasura la débil barba. Un poco de maquillaje para ocultar cicatrices. Lápiz labial para disimular sus labios agrietados.

  Lo siguiente fue el ba?o. Usa su máscara, invoca agua para llenar la tina. No gastará en agua corriente. Ya en el ba?o, hidrata su piel y su pelo. Sus cargas reciben el mismo tratamiento. Usa su magia de fuego para secarlas y dejarlas calentitas. Les pone sus mejores vestidos. Una peque?a maleta con juguetes y algunos dulces.

  —Ahora, postura firme —dice con su hija en brazos. La peque?a apenas tiene tres a?os.

  Su hermana, de seis, sale detrás de él con la espalda recta, saludando y asintiendo. No importa si la taberna es un nido de urracas. Compra dos cajas de almuerzo y cena a una cocinera por un solárium.

  Su paseo hasta la iglesia del Dios del Fuego fue tranquilo, pero muy ruidoso. Tuvo que cargar con todo. No permitirá que su hermana se pierda en la multitud otra vez. Su máscara de perro Shigan-inu es suficiente.

  Al llegar, lo primero que escucha es el sonar de martillos. El templo del Dios del Fuego es rectangular, con picos. Al entrar, pasa la recepción y deja a su carga con el sacerdote. Sinceramente, el hombre es demasiado gentil, considerando que es un gigante.

  —Volveré. Cuida de tu sobrina.

  Le besa la frente a su hermana, la peque?a noble, y se despide. Sabe que es hora del trabajo.

  Con cada paso fuera del templo, se relaja un poco. Su hermana y su hija están en un lugar seguro. Pero siempre recuerda: la oscuridad es la magia de dominar primero a uno mismo, y después a los demás. Aunque él mismo aprendió al revés.

  Suspira. Recordar esos a?os dorados es fútil. No tiene propósito.Está frente al templo del Dios de las Pruebas, del Renacimiento debe avanzar. Los fantasmas del pasado están…

  Se golpea las mejillas. Debe centrarse.

  usando las tuberías de una panadería se sube por los techos con movimientos gráciles pero toscos. Es hora de conseguir equipo.

  Disfruta de la vista desde el tejado. Calcula la distancia, toma impulso y salta con fluidez hacia el borde del edificio vecino; sus pies encuentran el reborde con precisión y, sin detenerse, se impulsa de nuevo. Mientras se desplaza de un punto a otro, no tarda en divisar el símbolo: la luna llena partida en cuatro, repetida en cinco fachadas. Sonríe, colgado boca abajo de una cuerda que ancló hace un instante. Su técnica sigue siendo buena. Esas tardes con… No. Debe dejar de pensar en ello.

  You might be reading a stolen copy. Visit Royal Road for the authentic version.

  Su padre le ense?ó a descifrar las se?ales para hallar el templo, recuerda mientras se descuelga con un giro y amortigua la caída sobre la acera.

  Camina por callejones hasta llegar a la parte trasera de una joyería. Ubica el símbolo en una tapa de alcantarilla. Baja.

  Agradece, al menos, que hayan limpiado las alcantarillas. Sigue siendo un asco, pero no tendrá que quemar sus botas.

  El conducto es enorme. Suficiente para que un grupo de cinco pase con espacio para moverse, aunque dicho espacio está dividido en dos. Observa el río de desechos. Allí podría estar su cadáver, si molesta a la persona equivocada.

  Ríe, amargamente. Recuerda cuando él era la persona equivocada. Como todos, bajando la cabeza ante el octavo hijo del Marqués.

  Pero aún tiene su máscara de cuatro ojos. Pasa sus manos sobre su rostro; es una reliquia de gran valor que le otorga acceso a una magia muy variada, además de un aumento físico. Tener cuatro ojos es sumamente útil.

  Sus pasos resuenan en aquellos pasillos vacíos, iluminados por bombillas baratas. Cada tanto cruza puentes. Después de lo que parecieron horas, llega a un punto sin salida.

  Debe entrar con confianza, pero no con agresividad.

  Se mira las manos. Las coloca paralelas al cuerpo. Saca un poco el pecho. Barbilla en alto.

  Camina hacia la pared sin dudar, rezando al Dios del Fuego que no esté yendo a una trampa.

  Al atravesar la pared, la sintió como gelatina. Pero mantuvo la pose. Fue liberado.

  No deja que la felicidad se muestre no merecen verlo, no son nadie,no son dignos son escoria del peor tipo.

  Observa a treinta personas dibujando círculos, rezando a peque?as estatuas de la luna. Niega con la cabeza. Estos novatos son demasiado dramáticos. Parecen estereotipos. Incluso tienen música de cultista genérica.

  Ignora los intentos de amenazas y burlas. Atraviesa otra pared.

  Por fin, llega al verdadero templo. Está lleno de círculos, superficies lisas y reflectantes, como espejos.

  —Rodrigo. Joven. ?Dónde están las jóvenes se?oritas?

  La voz vieja viene de un cuerpo joven. Henry. Un cambia-rostros novato. Por ahora, no tiene acceso a la magia para crear rostros a partir de cadáveres o gente viva.

  no le dirige la mirada solo le lanza un Solarium y este le pasó unos archivos los guardo en los bolsillos de su saco.

  Su objetivo es el templo principal. La decoración, la música. Suspira. Sabe que la facción de este templo es un dolor de cabeza.

  Sin perder más tiempo,pero sin correr, sin trotar va a recepción. Lo redirigen al centro de almacenamiento.

  Todo con la mirada en alto. Debe recodar sus modales no importa la situación noble es noble como decia su tío el estilo marca al noble.

  Aguanta una carcajada. Ahora que tipo de noble es,o tío si vivieras como me responderías.

  Allí recibe miradas. Escucha susurros de amenazas. ?Pero en verdad sucedieron, o son los espejos que le devuelven la mirada? Más de una vez tuvo que detenerse para ver si estaban jugando con él a la casa de espejos.

  Conteniéndose, logra llegar a la zona de almacenamiento un lugar enorme con bancas y va a una taquilla allí un cultista con su túnicas púrpura revisa un pergamino

  llega y deja la vieja llave que su abuela le dio en la mesa. Está hecha de los huesos infantiles de sus víctimas de joven, según ella. Por si quería volverse aventurero.

  Rodrigo sonríe su abuela le ense?ó el arte del carnicero debe acumular algunas plantas una drogas o venenos le vendría bien.

  Le entregan un revólver y una espada bastarda de sencillo dise?o pero puede sentir la promesa de poder y familia.

  —gracias abuela estoy en una aventura muy fuerte—dice en voz baja con la vista baja.

  El cultista tras el cristal le levanta la ceja,Rodrigo levanta la suya en respuesta,su duelo siguió hasta que el plebeyo baja la mirada ante el Rodrigo Calderón futuro Marqués quien se elevara como sus antepasados simples carniceros.

  Rodrigo guarda el revólver en su saco y la espada bastarda en su cintura. Toma la llave de su abuela y la guarda en el bolsillo del pantalón. Vuelve a pasar por los pasillos llenos de espejos, obligándose a no contar cuántos Rodrigos lo observan. Su paso se mantiene firme. La compostura es vida. La vida es moverse.

  Se despide de la recepcionista y, sin mirar atrás, atraviesa las paredes. Navega el laberinto de alcantarillas y, al salir —según sus cálculos—, está cerca de una posada de mercenarios en las afueras.

  La luz del mediodía y una suave brisa le dan la bienvenida al bosque.

  Sin perder más tiempo, saca de su saco una bellota parásita. Busca un árbol lo suficientemente sano, coloca la bellota en un agujero y deja que su magia fluya. La bellota crece, se apodera del árbol y absorbe su horrible olor penetrante para crear una defensa.

  Al terminar, Rodrigo observa cómo la bellota parasita el árbol y usa el olor como defensa. La naturaleza es tan rara y tan útil. Cuántas veces se limpió para una cita. Fueron innumerables.

  Usa magia de agua de mono. Queda ya húmedo, como si se hubiera lanzado a un río. Lentamente, comienza a calentarse hasta evaporar toda la humedad. La bellota parásita absorbe todo el olor.

  Y listo. Limpio.

  Pero Rodrigo levanta la mano al cielo, donde florece una bella rosa de pétalos enormes que explota en una nube rosada.

  —Algo de perfume no puede faltar. Y a las damas les encanta la rosa y…

  Se detiene. Al final, no hay nadie. Solo él y su espectáculo. Suspira, sacude la cabeza. Su paseo por el bosque fue pesado. Rodrigo saca su archivo. Debe comenzar a trabajar. No pensar.

  Silba. Observa su nuevo objetivo: una vieja instalación masiva subterránea. Las bestias y monstruos la han tomado como nido. Según la información, toda la estructura tiene diez pisos bajo tierra. Muchos la llaman el Edificio Invertido. Desde el evento de la Llama de Armonía, los monstruos y bestias se han organizado y ganado mayor sinergia.

  Rodrigo frunce el ce?o. La Llama de Armonía comenzó hace varias semanas. Según lo que investigó, viene de una aldea liderada por una elfa de la vieja guardia: Namys…

  él solo pudo maldecir. Su mirada recorre cada árbol, buscando algo. Rodrigo lo tiene claro: no debe acercarse. Su padre fue muy claro: esa elfa es una leyenda, rango plata, casi oro.

  Guarda el archivo y se acomoda el saco con los hombros tensos. Ya ve el gremio de mercenarios y entra. La duda le carcome: ?por qué esa vieja leyenda está en este continente, apenas explorado, donde solo segundones u oportunistas vienen? Se masajea el cuello al recordar cómo uno de sus hijos casi lo degüella en un duelo cuando apenas tenía trece a?os.

  Se pega a una pared, apretando los pu?os. Se jura no acercarse al territorio de esa elfa.

  Ok. Ahora, a buscar compa?eros.

  Ignora a la mayoría de brutos. Ya aprendió la lección: ir solo es la mejor opción. Con sus poderes, no necesita aliados, pero… tener manos extra nunca está de más.

  Su visión cuádruple le hace ver múltiples objetivos. Espera en una mesa. Su trabajo actual es solo entrar a cazar para vender cuerpos de bestias y algunos monstruos.

  —?Quién es ese loco en mi mesa?

  Un mastodonte destruye dicha mesa. Rodrigo cae al suelo, usa su espada como soporte y logra deslizarse sin hacer el ridículo.

  —?Oh, brutyy! ?Cómo estás, amigo?

  Con una sonrisa pícara, Rodrigo maldice haberse perdido en su cabeza. La pandilla de canallas lo está rodeando. Busca donde moverse.

  —Mira, enano. Necesitamos un mago. Como siempre, ponte detrás y lanza tus cosas mientras los hombres hacen lo suyo.

  El bruto habla con una seguridad que solo los muy grandes o los muy estúpidos pueden permitirse. Rodrigo mide un saludable 1,70, así que asiente efusivamente, acompa?ando el gesto con un par de cumplidos sobre su gran altura que lo hacen reír. Escucha las burlas dirigidas a él, pero tiene un grupo de brutos como escudos. Si necesita tocar la oreja de los brutos, que así sea. Incluso si son las doncellas más peludas que ha visto.

  Ojo, Rodrigo no perdona.

  Se ríe a carcajadas al mismo tiempo que el líder cuenta un chiste que sus propios subordinados no captan. Esto es demasiado fácil. Son demasiado tontos. Los matará lentamente.

  Se acerca a la pareja joven que fue "convencida" por los brutos. Al instante reconoce al payaso. Aunque trata de ocultarlo, esa sonrisa y el maquillaje ligero se notan. Rodrigo sonríe. Un seguidor del Dios de las Estrellas. Un adivino. Será un excelente socio. A su lado, una joven bastante guapa, de ascendencia hispana. Se les ve muy animados. Oh, amor joven.

  Pero Rodrigo tiene diecisiete. Lo sé, voz, pero tiene trabajo.

  Se despide de los brutos y, con pasos comedidos, se acerca a la pareja.

  —Maldito Yoshi, ?por qué tenía que enojar a Melissa? Ahora estamos en este cuchitril.

  Es como verse a sí mismo en el espejo. Claro, Rodrigo es un hombre, no una dama, pero está claro que esos gorilas no soportan la verdad dicha.

  Con una sonrisa de oreja a oreja, los atrae hacia sí, rodeando sus hombros con los brazos. Nada como un abrazo para crear cercanía. No importa si luchan.

  —María, no sea provocadora. ?Jajajaja! Estos novatos deben recibir modales.

  Se ríe con fuerza mientras crea remolinos de fuego a su alrededor. Imponen. Esta farsa es apoyada por el payaso Yoshi, si su oído no falla.

  Ya lejos del edificio lleno de mercenarios, Rodrigo observa cómo la joven explota en ira, guitarra en mano, rega?ando a Yoshi por seguirle el juego a un extra?o. Otra vez.

  —Vamos, María, insultas a la casa. Además, este hermano mayor no sacó nada. ?Qué malo puede pasar? — Esas palabras del payaso calman a la doncella.

  —Como sea. ?Qué quieres que hagamos? No intentes mentir. Tu cara es de noble — La chica aprieta los labios hasta convertirlos en una línea fina y pálida. No preguntan, pero ?cómo sabe el nombre? Curioso. El payaso está demasiado relajado. Seguramente lo vio en su bola de cristal.

  —El trabajo es sencillo. La Llama de Armonía está liderando a las bestias, y los monstruos están saliendo de sus rincones. —Con una se?a, les indica que lo sigan. Deben tomar un auto mientras el sol está de su lado—. Ahora tenemos que hacer un exterminio en una vieja estructura llena de bestias tipo bicho y monstruos de todo tipo. La paga es grande, y, jovencita, le podré conseguir unas máscaras.

  Con esas últimas palabras, los ojos de la joven se llenan de estrellas. El joven se mantiene estoico.

  Rodrigo sonríe, pero chasquea la lengua internamente. Odia tratar con payasos.

  Fin.

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