En medio de una profunda oscuridad, Olivia sintió que flotaba a la deriva como una pluma arrastrada en medio de una corriente de aire. El vacío la envolvía y lo único que escuchaba era su respiración y los pausados latidos de su corazón reverberando dentro de su cabeza. Quiso moverse, estirar sus músculos dormidos, pero sus miembros no le respondían. Era como si se hubiera convertido en una marioneta cuyo due?o había dejado olvidada colgando de sus hilos.
Quiso abrir los ojos pero estos se sentían como dos bisagras pesadas y herrumbrosas. Al principio solo vio formas borrosas, destellos que flotaban en la inmensidad. Por un momento pensó que se había vuelto a hacer de noche pero cuanto más se iba aclarando su visión se dio cuenta de que aquellas luces no eran estrellas. Se parecían más a filamentos de luz que se extendían en todas direcciones como las ramas de un árbol o los afluentes de un río, pulsando con un ritmo vivo. Poco a poco más colores se fueron revelando. Una bóveda de azul profundo fundido entre oleadas de un púrpura iridiscente y nubes de polvos de ocres resplandecientes que se arremolinaba en patrones erráticos, salpicados de frenéticas pinceladas de color carmesí, como si alguien hubiera salpicado pintura sobre el cielo.
Olivia tenía la sensación de estar observando el caos. Un terrorífico y hermoso caos.
Y por alguna razón, aquello le resultaba familiar, aunque no se parecía a ningún otro lugar que hubiera estado antes.
Intentó recordar pero su mente la llevaba en dirección a lo ocurrido en las últimas horas. Lo último que recordaba con nitidez era la noticia del arresto de Penn y la discusión con Dhabeos Myrkhan en la sala secreta. Luego su mente se vio invadida por una oleada de imágenes que parecían caer sobre ella como cuchillos que le provocaron un intenso dolor.
La tormenta, el rayo, la vista del puerto desde el cielo, el paso entre las densas nubes, luego un suelo de piedra que parecía venírsele encima, gritos, explosiones, la sensación de algo metálico en sus manos, un olor ácido, mezclado con el de humo y sangre, un enjambre de túnicas rojas cercándolos por todos lados a ella y a...
?Silas!
Algo la golpeó en la espalda y un dolor intenso le atravesó el cuerpo entero devolviéndole la sensibilidad a su miembros dormidos. El aire escapó de sus pulmones y al tiempo que intentaba recuperarse de la conmoción sus manos rozaron una superficie lisa y fría. Rodó sobre sí misma para incorporarse y sus ojos se encontraron con un suelo transparente, aunque firme, como si se hallara acostada sobre un lago congelado que le devolvía un reflejo idéntico de las líneas y patrones de colores que flotaban sobre ella. Cuando alzó los ojos no logró divisar nada que se pareciera a un horizonte. El arriba y el abajo se fundían dando la sensación de encontrarse dentro de una esfera mágica.
Mientras giraba la cabeza intentando hacerse una idea de donde podía encontrarse, se topo con los ojos dorados de Silas que la observaban confuso. Al igual que ella se encontraba tirado en el suelo. Vestías las mismas ropas que Milo le había conseguido.
–?Silas! ?Estás bien? – Olivia se arrastró hasta él, respirando con dificultad. Silas logró levantar su pecho del suelo y ayudándose mutuamente lograron ponerse de pie, tambaleando al principio pero afirmándose a medida que sus piernas respondían. Olivia lo fue estudiando con atención, buscando signos de da?o.
– Olivia... – los ojos de Silas se entrecerraban como si él también tuviera dificultades en fijar la vista –. ?Dónde estamos?
– No sé... Pero creo... creo que he estado aquí antes. No sé por qué me es extra?o y conocido al mismo tiempo.
–Tengo la misma sensación.
–?En serio?
–No sé cómo describirlo... – Silas sacudió la cabeza –. Es como... cuando estoy a punto de cambiar de forma –murmuró, frotándose los brazos–. Una sensación que empieza en la piel y se hunde hasta los huesos... Como si buscara algo dentro de mí... muy en lo profundo... enterrado... que resurge brevemente cuando uso mi poder.
Olivia lo observaba fascinada. Era la primera vez que él le describía lo que sentía al transformarse.
De repente, los ojos de Silas se abrieron, la tomó de los hombros y la miró con intensidad como si buscara en lo más hondo de ella.
–?Eres tú de verdad?
–?Qué...? – Olivia lo miró confusa pero entonces se dio cuenta a lo que se refería –. Sí, soy yo... – exhaló un suspiro –. ?Quién ha sido esta vez? ?Cuál de ellas tres?
– Querrás decir cuatro – la corrigió él –. Su nombre es Río.
– ?Cuatro? ?Río?
– él...
– ?él?
– él quiso ayudarnos... él me... – el cuerpo de Silas comenzó a temblar y se llevó las manos a la cabeza.
El corazón de Olivia se detuvo.
– ?Qué pasa?
Silas cayó de rodillas al tiempo que dejaba escapar un alarido. Olivia intentó impedir su caída pero entre violentos espasmos él se escurrió entre sus brazos y al final no tuvo más remedio que dejarlo acostado sobre el suelo mientras se retorcía de dolor.
– ?Qué es lo que sientes? ?Qué puedo hacer? – la muchacha intentó no entrar en pánico pero estaban solos y ellas no podía administrarle magia curativa. Deseaba con todas sus fuerzas que aquella no fuera más que una pesadilla de la que despertaría en cualquier momento. A su alrededor, los hilos dorados seguían emanando destellos de luz mientras cruzaban el sublime firmamento. No se le ocurrió otra cosa que gritar –. ?Hay alguien ahí? ?Ayuda! Silas, aguanta por favor... – su voz estaba a punto de romper en llanto. Silas apretaba los dientes mientras su pecho se arqueaba como si quisiera partir su cuerpo por la mitad.
–Es su castigo –dijo una voz grave y atronadora que resonó a lo largo de la mística bóveda.
Olivia se giró sobresaltada, pero no pudo ver a nadie. Al igual que aquel extra?o lugar, había algo en aquella voz que le hacía sentir que no había pasado mucho tiempo desde la última vez que la había oído.
–?Quién eres? – gritó ella mirando hacia arriba como si aquellas luces fluctuantes pudieran responderle –. ?Qué quieres decir con castigo?
A su lado los gritos de Silas se volvían desesperados como si lo estuvieran quemando en carne viva. Nada podía hacer para aliviar su dolor, solamente sostener su cabeza para evitar que se golpeara contra el suelo.
–Ha violado el Sello – dijo otra voz sus espaldas, esta vez femenina.
Cuando la muchacha se dio la vuelta se encontró con cuatro figuras portando lo que parecía ser una especie de armadura ligera y plateada que se ce?ía a las formas de cada una. Una de ellas se había adelantado. Se trataba de una mujer, una cabeza más alta que Olivia, de piel pecosa y largo cabello pelirrojo. Avanzaba con la espalda erguida y la cabeza en alto, ostentando la autoridad de un oficial de alto rango. Aquella actitud, sumada a la gravedad de su mirada, contrastaba con la versión amigable que le había mostrado a Olivia aquella primera vez que se vieron cara a cara a través del espejo, justo después de que ella y Silas habían sido rescatados de las aguas del golfo.
– Aurora.
La bruja asintió y ante aquella confirmación Olivia no pudo contener su rabia.
– ?Para esto ya! ?Por qué lo castigas? ?Qué te ha hecho?
–No hemos sidos nosotros – le respondió Aurora. Las demás brujas se aproximaron y se ubicaron destrás de ellas.
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– Aunque sí ha sido por nuestra culpa – opinó una que por su cara oscura y cabello rizado, no debía ser otra que Trébol. Había dos figuras más que Olivia no reconocía. Un muchacho de pelo azulado y contextura delgada que no parecía mucho mayor que ella. A su lado había otra chica rubia de piel bronceada que era la más baja del grupo y su cabeza apenas alcanzaba la cintura del chico.
–Nos hemos vuelto muy impaciente y hemos cometido errores– reconoció Aurora volteando la cabeza hacia aquellos dos.
–Culpa de Río – dijo la bruja rubia de ojos desafiantes que por descarte no podía ser otra que la mismísima Chispa que había desencadenado el ataque del lago. Dicho eso apuntó su dedo hacia el chico.
–?Como si tú no hubieras ocasionado ya muchos problemas! – se quejó él poniendo los brazos en jarra.
–?Dijiste que lo harías mejor que yo y terminó siendo peor!– Chispa levantó el mentón desafiándolo con la mirada.
–?No me importa quién haya sido! – exclamó Olivia volviendo su mirada hacia Silas cuyos gritos se habían intensificado y ya no podía ni siquiera pensar –. ?Termínenlo ya! ?No ven que está sufriendo?
–No somos nosotros – volvió a repetir Aurora.
–?Quién entonces?
– ?él! – exclamó Chispa y esta vez apuntó hacia arriba.
Olivia siguió la dirección de su dedo índice y un escalofrío le bajó por la espalda. Pese a que Silas continuaba retorciéndose de dolor, lo atrajo por puro instinto hacia ella.
Entre los filamentos de luz que se abrió un tajo de absoluta oscuridad, como si un cuchillo hubiera rasgado la tela de un cuadro. Poco a poco dos enormes ojos rojos emergieron como brasas ardientes. Las pupilas, alargadas como las de una serpiente, vibraban con una intensidad hambrienta.
– ?Quién... qué...?
– ?Es nuestro carcelero!
– Chispa... – Aurora le clavó los ojos si la otra estuviera hablando de más.
La criatura que las observaba desde arriba comenzó a hablar con una voz que reverberó a lo largo de toda la bóveda.
–Las brujas han estado muy ruidosas estos días.
–?Deberías soltarnos entonces! – Chispa alzó un pu?o hacia los ojos rojos.
La criatura no se dignó a responder y mantuvo su atención en Olivia que se había quedado hipnotizada bajo el influjo de aquellos dos rubíes gigantescos. Sólo los dolorosos aullidos de Silas lograron sacarla del trance pero antes de que pudiera decir algo aquella voz retumbante volvió a hablar:
–Tu amigo está pagando por ambos el precio de tus acciones.
Olivia sentía la garganta seca. Tragó saliva antes de hablar.
–?Qué significa esto?
–Atacaste el lago. Heriste tanto a humanos como a sirenios. Luego el pueblo y ahora los magos con magia prohibida. Lo que está sintiendo ahora mismo es el dolor de todas las heridas que ustedes han infligido hacia otros.
–?Nosotros no decidimos eso!
–Pero lo permitiste. A pesar de la destrucción que presenciaste... ?cuántas veces pensaste en recurrir a su ayuda?
–?Nosotros no...! – Olivía quería decir que ellos no sabían lo que podían provocar pero la culpa le impidió continuar. En realidad sí lo presentía pero había decidido ignorarlo con tal de alcanzar su destino esperando que el resultado fuera distinto.
La voz volvió a hablar.
–Esta es una lección. Si no quieres que otro ser querido sufra por tus decisiones, deberás elegir sabiamente la próxima vez.
–?Por qué sólo Silas? ?Por qué no me castigas a mí también? ?Yo soy la responsable! ?No él!
Trébol se adelantó con una mueca burlona.
–Porque no puede.
Olivia la miró confundida.
–?Cómo qué no puede? ?Qué se lo impide?
–Trébol, no digas más. No está lista – le advirtió Aurora.
Olivia cerró los pu?os y dirigió toda su rabia hacia ellas.
–?Estoy cansada de ustedes! ?Se la pasan diciendo que no estoy lista pero no tengo idea qué es lo que esperan de mí! ?Confié en ustedes y ahora Silas sufre por eso!
Aurora se inclinó y la agarró de los hombros y la obligó a mirarla directo a los ojos.
– ?Necesitamos que te vuelvas más fuerte! ?Sólo así podrás liberarnos!
– ?Ustedes son más poderosas que yo!
– ?Aquí nuestra magia se encuentra bloqueada! ?Sólo podemos usarla a través de ti!
Un temblor sacudió la superficie cristalina provocando que ambas resbalaran.
–?No puedes hacer nada! – vociferó Chispa, girándose desafiante hacia la criatura –. ?Ahora contamos con la llave!
–?Chispa! – Trébol y Río reaccionaron al mismo tiempo, sujetándola de los brazos y cubriéndole la boca.
Chispa forcejeó, lanzando codazos y patadas en un intento por zafarse. Bajo sus pies, el suelo no dejaba de estremecerse, y las nubes descendían en espirales cada vez más cerradas, arremolinándose a su alrededor con una densidad sofocante.
– ?Ya no puedo más! ?No quiero seguir durmiendo! – bramó, su voz rasgando el aire –. ?Tres mil a?os de encierro! ?No es justo! ?Yo no le tengo miedo! ?Está tan atrapado como nosotras!
Las palabras se deshicieron en la bruma, ahogadas por el manto de nubes que se cerró sobre las tres brujas, engulléndolas por completo.
Desde las alturas, los ojos rojos de la criatura fulguraron con una intensidad abrasadora, como si contuvieran un océano de lava a punto de desbordarse.
–Puedo dar una advertencia – su voz reverberó con un eco funesto –. Olivia de Rocasombra, renuncia a tu vínculo con las brujas. Todavía nos has alcanzado a comprender la magnitud de lo que has hecho.
Olivia se incorporó con las piernas temblorosas. El suelo bajo ella todavía vibraba, como si algo inmenso respirara justo debajo de la superficie.
Miró directo a la criatura y apretó los pu?os tratando de que no se le notara el miedo.
–?Por qué dices que he violado el Sello?
–El Sello del Dragón. Dejaste que una quimera adoptara su forma original. Debido a esto, todas las razas mágicas se verán afectadas.
–?Qué significa eso?
Aurora intercedió.
–Está intentando manipularte, no lo escuches.
La criatura dejó escapar un murmullo áspero y gutural, como una risa siniestra.
–Se terminará enterando de todas maneras, bruja.
–Olivia – Aurora se interpuso entre Olivia y la criatura –. No podemos decirte toda la verdad ahora pero más adelante serás capaz de comprenderla por ti misma.
–Yo... no sé en quién confiar... lo único que sé es que ustedes nos han usado tanto a mí como a Silas. ?Cómo sé que no han planeado todo esto junto con Daephennya?
–Sé que mis palabras no pueden convencerte ahora pero a medida que tu poder continúe despertando comenzarás a comprender.
–?Y qué pasa si no quiero despertar mi poder? ?Qué pasa si decido continuar como un humano común y corriente?
Una sombra asomó en los intensos ojos verdes de Aurora.
–Ya no podemos detener lo que hemos comenzando. El mecanismo se ha activado. Será peor para ti si intentas bloquearlo.
–Eso me suena a una amenaza – Olivia le dirigió una mirada fría –. Dices que están atrapadas aquí. ?Por qué? ?Qué castigo están pagando ustedes? ?Qué es este lugar? ?Por qué tengo que ser yo quien las libere?
Aurora inclinó la cabeza.
–Es muy pronto, si te lo digo ahora, corremos el riesgo de corromper tu cuerpo. Recuerda sólo esto –volvió a erguirse –. Estás destinada a salvarnos y nosotras estaremos aquí esperándote, hermana.
Un nuevo temblor sacudió la superficie cristalina. Entre las colosales nubes de polvo surcaron rayos que parecían querer romper la bóveda. Al igual que las demás, el cuerpo de Aurora terminó siendo absorvido por la densa neblina.
Olivia se volvió hacia Silas quien en todo ese tiempo no había dejado de gritar sin consuelo. Ella le quitó los mechones húmedos que se habían pegado a su rostro sudoroso.
De repente sintió que sus piernas se despegaban del suelo y aferrada al cuerpo de Silas ambos comenzaron a ascender hacia los ojos rojos. Los alaridos del muchacho remitieron pero mantenía una mirada ausente y no parecía darse cuenta de lo que sucedía a su alrededor mientras que Olivia cayó presa del pánico pensando que ambos estaban a punto de ser engullidos por aquellas dos hogueras de fuego puro.
Pero la criatura simplemente volvió a hablar:
–Es tu elección, Olivia de Rocasombra. Rompe tu vínculo con las brujas y podrás vivir una vida tranquila, incluso ir más allá de los mares lejos de aquellos que quisieron utilizarte. De lo contrario, te arriesgas a desatar una tormenta de destrucción que arrasará con todo lo que has conocido. La vida de miles de inocentes está en tus manos –mientras decía esto, un torbellino de nubes de colores envolvió a los dos jóvenes y ocultó de su visión a la criatura–. Y tú, quimera, agradece que el castigo no ha sido peor y recuerda esto para la próxima vez que desees cobrar venganza contra los humanos.
Para entonces, la intensidad del torbellino aumentó y Olivia perdió todo sentido de la orientación al verse rodeada de explosiones de polvo y relámpagos dorados que amenazaban con clavarse en ella como garras. No pudo evitar soltarse de Silas. Intentó llamarle, pero el polvo apagó su voz y sintió que ya no podía respirar. Se estaba ahogando. No podía pensar, ni siquiera reaccionar. Se limitó a girar, cada vez más rápido, hasta que la oscuridad volvió a apoderarse de ella.
Un golpe seco contra el suelo la despertó de su trance. Un estremecimiento recorrió su cuerpo, y cuando abrió los ojos, ya no estaba flotando, ya no giraba, pero el mareo persistía en su cuerpo, como si aún estuviera girando en su mente. Sus dedos tocaron la fría superficie de la piedra y gracias al resplandor de piedras incandescente que se encontraban cerca reconoció la forma de los barrotes que la separaban a ella del resto de la mazmorra. Su respiración se aceleró, y lentamente, comenzó a darse cuenta de dónde estaba.
Intentó moverse pero enseguida sintió varias cadenas que la sujetaban a la pared. Buscó con la mirada a Silas pero no vio rastro de este.
–?Silas!
Para su alivió, él no tardó en responder.
–Aquí estoy... – su voz sonaba cansada pero al menos no se estaba quejando de dolor –. Aunque no sé dónde... ?dónde estamos?
– En la mazmorra de la Casa de Gobierno – respondió la voz de Rovenna Astra cuya oscura silueta se apareció del otro de las rejas y sobresaltó a Olivia –. He estado esperando dos días enteros para que despertaran – no sonaba para nada contenta –. La última vez que nos vimos no tuvimos tiempo de hablar pero después de lo sucedido creo que ahora nos debemos una larga charla, Olivia de Rocasombra, o quién demonios que seas.

