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Capítulo 1. Volvernos a ver Pt.1

  La puerta de la oficina se abrió y pronto se escucharon pasos acercándose al escritorio. Una persona entró, dejando caer un objeto sobre la mesa. Tras escuchar el sonido seco de la bolsa, quien estaba en la silla se volteó inmediatamente y observó al chico parado frente a él, cuyo rostro denotaba claramente molestia.

  —Aquí tienes. Realmente no sé para qué querías esto, pero aquí está —dijo el chico de ojos carmín, acercándole la bolsa de plástico con el contenido que había estado esperando.

  —Gracias —respondió gustoso—. Tienes que volver a clases, joven Akahane. Diles a los demás que me verán en unos minutos. Mandaré mis agradecimientos a tu clan después de la escuela.

  —No hace falta, yo les informaré después.

  —Para nada. Fueron de mucha ayuda con esto, pero reitero: tienes que volver a tu clase. No tardaré mucho —se levantó de la mesa, tomó la bolsa de plástico entre sus manos y le revolvió el cabello al joven mientras se dirigía a la puerta—. Diles que me esperen unos diez minutos. Prometo no tardar —esbozó una sonrisa y salió de la oficina.

  El chico rueda los ojos, sabiendo que no podía creer en sus palabras. Esos diez minutos pueden llegar a ser veinte. Al salir de la oficina, su teléfono, que mantenía en el bolsillo, empezó a vibrar. Hōrin creyó que sería un mensaje, pero al encender la pantalla, el contacto "Padre" apareció frente a sus ojos. Solo pensó: "Qué conveniente".

  — ?Cómo te fue ahí adentro? ?Le diste lo que pidió? —se escucha la voz al otro lado del teléfono.

  — ?Cómo sabes que acabo de hablar con él? —cuestionó el menor.

  —Un pajarito me lo dijo —se excusó al otro lado de la línea.

  Una leve sospecha brotó en Hōrin. Por casualidad, miró la ventana que estaba a su lado y un pájaro salió volando de las ramas del árbol frente a esta. Había descubierto a su padre.

  —?De casualidad ese pajarito me estaba espiando? —levantó la ceja en respuesta, a pesar de no ser visto.

  —Ah… —aparentó toser—. Solo contesta lo que te preguntaba —respondió nervioso.

  Akahane sospechó de la se?al de respuesta.

  —Bien, sí fue lo que pidió, me dijo que les iba a llevar sus agradecimientos.

  —Perfecto.

  La conversación paró unos segundos después de eso. Hōrin se acomodó bien el teléfono para preguntar:

  —?Tengo que seguir viniendo? —preguntó con desgana, miró hacia otro lado.

  —Hōrin, entiendo lo que pasó el semestre anterior; Fue duro, ambos lo sabemos. Se perdieron muchas cosas, y sé que algunos de nuestros compa?eros salieron afectados. Parte de la academia fue destruida, pero es necesario. Es parte de la naturaleza de los tengu explorar y conocer lo que enfrentan. Ir a la academia te formará para ser un buen líder, digno de un tengu —contestó, animando a su reto?o ante el desánimo de este.

  Hōrin suspira, terminando la llamada con un "Bien". Nuevamente, puso su teléfono en su lugar y siguió su camino hacia el salón.

  En otro lugar...

  El shoji de la habitación se abrió, revelando solo la oscuridad que provenía de ella. Una persona entró, seguida de cuatro más. La primera persona encendió una vela, y luego las demás se encendieron solas, una por una, iluminando la habitación. La segunda persona tenía un vaso de agua; caminó hacia el futón donde yacía otra persona y derramó el agua sobre ella. El futón se empapó y la persona que estaba allí se despertó, sobresaltada.

  —?Ya se despertó mi se?or? —el hombre preguntó con una sonrisa irónica.

  El joven seguía procesando lo ocurrido, asimilando que había sido despertado con agua fría y ahora su futón se encuentra mojado. Volteó a ver al se?or sonriente y solo movió la cabeza de arriba a abajo, dando a entender un 'Sí'. El chico no pronunció nada después de eso y un tercero entró en la conversación.

  —Así que el peque?o joven se irá ahora fuera del clan, ?quién lo diría? —comentó con malicia.

  —Todavía ni siquiera habíamos terminado nuestra sesión de ayer —exclamó otra persona, acercándose a ellos para agarrar algunos mechones del chico—. ?Qué tal si la terminamos?—una sonrisa también se posó en su rostro.

  El chico solo cerró los ojos temeroso, sabiendo lo que pasaría después de sus palabras.

  Al cabo de unos minutos, terminaron su cometido. Una patada fue nuevamente directa a su costado, haciéndolo gemir de dolor.

  —?Terminaron? —preguntó entrecortadamente, adolorido y agarrándose el abdomen.

  —Para nuestra desgracia, sí, pero no se preocupe, no tardará mucho en volver—sonrió con malicia.

  El chico soltó un suspiro de alivio y volvió a sentarse en el suelo observando a sus agresores, la primera persona que había entrado a la habitación se acercó a ellos quien se había mantenido expectante ante lo sucedido. Calvo, portaba un kosode indigo, y un haori de un azul más profundo con orillas plateadas como los demás adentro, se diferenciaba de los demás por aquel broche dorado que tenía el kosode, sostenía un abanico en su mano el cual lo golpeó contra la otra.

  —Bien, ya han terminado. Pueden retirarse. —Las otras personas se inclinaron ante él y se apartaron. —Joven Furukawa, como usted sabe, hoy es el día en que se va a la academia. Como se habló hace unos días con sus padres, tiene solo cinco minutos para ba?arse y otros cinco para vestirse. Le esperaremos en la sala S-CF, no se demore pues le estaremos contando el tiempo. —Dijo el sirviente, mientras sacaba a las personas que lo habían acompa?ado. —Si menciona algo sobre lo sucedido hoy, la próxima vez será lo que ha estado intentando hacer el maestro Naoto. —Sin más, el sirviente salió azotando el shoji apagando las velas.

  El chico solo hizo una mueca de disgusto y se levantó poco a poco, sintiendo el dolor causado por sus lesiones. Su cuerpo no era tan fuerte para esto. Un sello mágico y brillante apareció en su mano, iluminando un poco lo que veía. Pronunció unas palabras y una peque?a llama rebotó en la vela, iluminando nuevamente la habitación. Formó un pu?o y el sello se desvaneció. Tomó un poco de ropa que tenía en un mueble y se dispuso a salir de su dormitorio e irse a la ducha.

  Dentro de la ducha, ya habían pasado dos minutos. El agua corría sobre su cuerpo, formando algunos símbolos en las zonas afectadas por los sucesos anteriores. El joven pronunció unas cuantas palabras y el agua adquirió un color azul cian vivido; sus músculos se tensaron por la magia aplicada para aliviar el dolor y desvanecer las heridas.

  Tres minutos pasaron y salió de la regadera. Se colocó la toalla para secarse y, después de unos segundos, procedió a vestirse. La toalla fue directo hacia su pelo, frotando para secarlo. Los cinco minutos para ba?arse y vestirse se cumplieron, y se apresuró a llegar a sala S-CF.

  —Llegaste, justo a tiempo, creímos que tendríamos que llamar a alguien para que fuera por usted — habló el se?or de la entrada.

  —Ah…No, no— Dice agitando la cabeza de lado a lado—. Ya estoy aquí, podemos proceder— Responde asustado.

  Los guardias de la entrada se miraron el uno al otro, encogiéndose de hombros con desinterés. Se hicieron a un lado para abrir la puerta del salón, permitiendo el paso al muchacho de cabellera oscura. Una vez que él entró, las puertas se cerraron inmediatamente.

  ….

  Afuera del salón el bullicio no se hizo esperar, a tan solo unos pasos se escucha claramente el vitoreo entre los alumnos provocando la irritación de Hōrin. Al llegar a la puerta bufo y contó hasta diez hasta abrir la puerta. Al entrar, vio a sus compa?eros charlando y haciendo alboroto ante la ausencia del profesor. Su mirada se centró en un gis que explotó de la nada, llamando la atención de todos.

  Caminó hasta el escritorio y se posó frente al pizarrón.

  —?Tengo su atención? —preguntó expectante. Con la ausencia de ruido, dio por sentado que el hecho estaba consumado—. Bien... El maestro Hiroaki no volverá dentro de diez a veinte minutos.

  Con el aviso dado, el tengu caminó hacia otros compa?eros, provenientes del mismo clan. La chica de cabellos azabaches con tonos morados habló:

  —Hōrin-Sama —dijo, haciendo una reverencia como muestra de respeto. Los demás tengus hicieron lo mismo—. Creíamos que ya no iba a volver después de lo que pasó el semestre anterior.

  —Sí, yo también lo creía, padre ōtengu me obligó a venir; como siguiente líder del clan, dijo que era mi deber —respondió el joven, tomando una silla para sentarse y posando su mano en el mentón, visiblemente fastidiado.

  La chica puso su mano en el hombro del joven delta.

  —Por mucho que me moleste, estoy de acuerdo con tu padre. Serás el siguiente líder del clan, y conseguir información del exterior podrá ser útil. ?Recuerda que somos tengus! —sonrió la chica de forma alentadora.

  —Gracias, Andoromeda —asiente en agradecimiento. Poco después, volteó hacia el rubio—. ?Y tú? ?Cómo se encuentran tus alas, Hiroto? Después de aquellos sucesos, espero que al menos puedas volar.

  —?Uh? ?Pues claro que puedo volar! Incluso he estado practicando, así que ahora puedo ganarle a Andoromedao—exclama, dirigiendo una mirada retadora a la de cabellos casi del color de una mora.

  —?Ja! —ríe—. Ya quisieras tener mis grandiosas habilidades de vuelo.

  —No miento. Es más, podemos hacer una competencia...

  Hōrin veía a ambos con diversión. Tal vez se podría esperar para el siguiente día que ambos realizarán una carrera hacia el salón, claro, sin que él se viera involucrado; no se permite realizar "magia" o usar sus habilidades sin la supervisión de algún maestro. Cambió de posición y puso su barbilla en la mesa, cubriendo parte de su cara con sus brazos. Vio de reojo a sus demás compa?eros charlando sobre cosas triviales, formando una bolita de cada clan o especie. Hōrin tenía que aguantar esto al menos 15 minutos más, o hasta que su maestro se dignara a aparecer. Durante ese lapso, su vista se fue al reloj.

  Afuera de la escuela, pasados ya diez minutos, se estacionaron dos limusinas. La primera, un poco más larga que la que estaba detrás, tenía en el costado el símbolo de uno de los clanes principales, y en el cofre un "peque?o" dise?o de un tigre blanco, con una especie de adorno que mostraba el kanji "虎". La segunda limusina también tenía en su costado el símbolo de otro clan principal y, en el otro, una serpiente. Ambas limusinas abrieron las puertas para sus pasajeros. De la limusina con el kanji "虎" salió un chico de cabello blanco y mechas grises, casi tirando a negro, con ojos de iris palidos gris verdoso, como jade cubierto de niebla. Portaba el uniforme masculino de la academia, solo que con una leve modificación en el cuello, donde parecía tener tela de peluche blanco.

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  De la otra limusina salió una chica con cabello corto, ondulado y casta?o. Parte de su cara la cubría un mechón blanquecino, y sobresalía una de sus orejas. Tenía los ojos de un iris verde brillante, manchados de púrpura, portaba el uniforme femenino de la academia. Una serpiente negra apareció tras de ella, en su hombro, sobresaliendo del cuello de su traje.

  Al otro lado, las puertas se abrieron, dejando paso a lo que parecían ser sirvientes, quienes sacaron maletas de la cajuela. Un par de maletines fueron a dar a los pies de ambos jóvenes.

  Desde la perspectiva de los adolescentes, la academia parecía ser bastante amplia. La arquitectura tenía un aire antiguo, pero estaba preparada para tiempos presentes. El portón parecía ser una especie de entrada con techo, como si se tratara de una finca. Más allá, se podía vislumbrar un torii, seguido de más escaleras en la colina que aparentaban ir hacia el cielo; claro, estaban en una academia de magia formada por clanes tan antiguos como el imperio en tiempos actuales, era de esperarse del tenshinkai .

  La grandes puertas fueron abiertas dando paso a un se?or quién se dirigía a ellos, tras la gran puerta la vegetación del lugar podía apreciarse así como levemente unos estanques más los peces no podían apreciarse, el chico de mechas oscuras podía deducir que eran kois. El se?or se acercó a ellos realizando una reverencia, a continuación pronunció:

  —Muy buenos días, sus grandezas. Lamento la demora y el recibirlos de esta forma. Debido a la situación, no podremos ense?arles la academia como corresponde —anuncia el se?or, quien porta un hakama de un azul verdoso casi opaco; debajo de este lleva un kosode blanco y encima un haori negro con toques plateados—. Por favor, acompá?enme a su clase; seguramente ya habrá comenzado. Es importante que no se atrasen más tiempo. Después se les ense?ará la academia de manera adecuada— los chicos asienten y comienzan a caminar dentro de la academia.

  Los jóvenes comienzan a seguir al se?or, quien ahora es su guía. Pasan por los estanques de peces, que en efecto son koi, confirmando así las sospechas del chico. Algunos tienen colores blancos con rojo y negro, otros son solo blancos, naranjas o rojos, entre otros. Caminan a través del lugar, haciéndoles parecer que se trata de una finca en vez de una academia; los típicos estanques, la vegetación, el puente, las piedras y otros elementos arquitectónicos antes de la llegada de la tecnología al imperio estando por doquier.

  Pasando por los alrededores, tuvieron que subir una especie de colina, donde se encontraba la intersección del torii que habían visto a lo lejos, más allá de este las escaleras seguían hasta arriba. El guía dio un paso y luego otro, desapareciendo de la nada en cuanto lo cruzó, sin siquiera subir las escaleras. Tomó por desprevenido a los chicos "?Una ilusión?", pensó la chica. Miró hacia el otro chico, quien solo asintió, como si le hubieran leído la mente. Se encogió de hombros y ambos cruzaron a la vez. En cuanto el chico cruzó, su piel se erizó, tal como a un gato; aquellas orejas tan distintivas de su clan no tardaron en aparecer sobre su cabeza. Ese cruce había casi activado su forma felina. En cuanto a la chica, aquella serpiente que mayormente se mantenía oculta bajo sus prendas salió a flote por la parte del cuello. Negra y reluciente como la obsidiana con reflejos verdosos, las escamas de la serpiente se erizaron, dirigió sus ojos hacia las dos personas que se encontraban ahí. El cruce había hecho que se pusiera alerta de inmediato, y al ver a las dos personas, pensó que se había debido a ellos.

  La chica solo negó con la cabeza; la serpiente asintió y nuevamente se ocultó por donde había venido. El joven albino solo miró extra?ado, mientras que el se?or carraspeó para que renovaran el paso. Cuando comenzaron a caminar, el de mechas grises se relajó, ocultando las orejas felinas y retomando la compostura. A medida que avanzan, llegan a una bajada. La academia se encontraba abajo de la colina después de todo; nunca estuvo arriba, como la ilusión lo hacía parecer.

  ..

  Las aulas no eran distintas a las de una escuela normal. Si bien la arquitectura exterior parecía antigua con toques modernos, el interior está ambientado para una época más actual. Pasaron por distintos pasillos mientras se dirigían a su aula, y al doblar una esquina se escucharon un par de voces.

  "?Entonces ellos serán quienes llamarán?" preguntó una de las voces. "Sí. En cuanto esté listo, podrás pasar por él a la entrada. Te advierto que tal vez la forma en que venga te moleste", le respondió.

  La conversación no se pudo escuchar del todo. Hubo un momento en que el joven tigre quiso utilizar su media transformación sólo para escuchar. Cuando el guía pensó que era algo que no debía ser escuchado y estaba a punto de reanudar el paso, ya era tarde. La puerta corrediza se abrió, mostrando un largo cabello rubio; la persona se despedía cortésmente con una sonrisa. El guía sudó frío. La chica miró hacia arriba para ver el letrero que decía "Oficina del Director".

  "Nos vemos después".

  "?Ellos me marcarán?"

  "Bien, entonces iré por él en cuanto lo hagan. Diles que yo seré quien lo recoja".

  Fueron las palabras que se escucharon del rubio. La puerta se cerró y luego él volteó hacia un lado, quedándose mirando a las personas que, por lo visto, habían escuchado su conversación.

  —Se?or Satō, no debería estar escuchando conversaciones ajenas a usted —comenta el de ojos azules con borde cobrizo, dirigiendo su mirada hacia las personas detrás del se?or. Al mirarlos de pies a cabeza, pudo deducir de qué clanes provenían—. ?Quiénes son estos jóvenes de aquí? Por el uniforme de ambos, primer a?o, lo cual...

  —Son estudiantes de nuevo ingreso; los estaba guiando hacia su clase —responde con la cabeza gacha, aparentando arrepentimiento—. Creí que llegaríamos tarde, pero está usted aquí. Cómo son sus estudiantes, puede llevarlos con usted.

  —Con mucho gusto —asiente él, para después decir—: ?Pueden darme sus nombres? Sé que después se presentarán en la clase, pero para saber de antemano cómo debería dirigirme a ustedes.

  Ambos se miraron, como si acordaran quién sería el que hablara. La joven titubeó un momento, y cuando iba a hablar, el chico tomó la delantera.

  —Nakanishi Gintei, proveniente de la familia felidae; clan de los tigres —él dice.

  —Me lo suponía —murmuró el rubio—. Uno de los grandes clanes, ?no? Es un honor tenerlo ante mi presencia. Mi nombre es Fujimoto Hiroaki —esbozó una sonrisa.

  Tras escuchar el nombre del se?or de frente a este ambos jóvenes se sorprenden.

  —Eh... Bueno, soy yo quien debería tener ese honor; me encuentro frente al famoso Kōryū —responde apenado—. Mis padres me han hablado sobre usted desde peque?o.

  Hiroaki observó a la chica al lado de Gintei, quien se mantenía perpleja.

  —Viendo la expresión de su compa?era, puedo decir que también ha escuchado de mí.

  La joven asiente. —Lamento no haberme presentado antes; soy Dokuhara Yukirin y también me han contado sobre usted. No creí que llegaría a ser nuestro maestro.

  —Bueno, a veces las peque?as posibilidades pueden cumplirse. En fin, gracias, se?or Satō. Puede retirarse; los jóvenes Nakanishi y Dokuhara vendrán conmigo a clase. Hace unos minutos le dije a un alumno que informará a la clase sobre la tardanza. No hemos comenzado, así que no debe preocuparse; no llegarán tarde —comentó amablemente, intentando calmar la ansiedad del se?or.

  El se?or asiente, sintiéndose más tranquilo, y luego se marcha. Seguido de ello, Hiroaki les hace se?as para que lo sigan. Salen del edificio, entran a otro y pasan por algunas aulas, suben unos pisos y atraviesan varios salones hasta dar con su aula, de la cual provenía un alboroto. Arriba de la puerta decía "I & T", lo que dejó extra?ados a los jóvenes. Fujimoto abre la puerta, permitiéndoles el paso. En cuanto la puerta se abre, el alboroto cesa; los alumnos dentro se vuelven hacia ellos y todos corren a sus lugares.

  Hiroaki mira con curiosidad la escena, pero no dice nada. Se vuelve hacia sus dos alumnos detrás de él. —Por favor, quédense aquí; los llamaré en un momento —murmura, abriéndose paso frente al aula.

  —Muy buenos días y bienvenidos una vez más a la Academia multidisciplinaria Shikifuku Tenka Shinseiki. Clanes, me da gusto ver caras conocidas, y para aquellos que apenas van ingresando es un gusto tenerlos aquí, se que es posible que hayan escuchado sobre los sucesos del anterior semestre, fue un gran desastre, en algunos se dió un da?o irreversible pero no hay porque estar preocupados, este semestre está enfocado para evitar ese tipo de accidentes—. El joven miró a sus estudiantes quienes solo se quedaron callados, su vista se fue hacia la puerta y suspiró—. Me gustaría que conozcan a dos de los tres nuevos estudiantes. Nakanishi, Dokuhara, pasen por favor.

  Ambos jóvenes pasaron al frente colocándose a un lado del rubio, empezando por el tigre quien fue el primero en hablar nuevamente.

  —Nakanishi Gintei. —Los susurros no se hicieron de esperar tras escuchar el apellido, ?Quién no reconocería uno de los apellidos de las 4 grandes familias? Con tan solo estar al frente muchos ya habían identificado la casta Alfa, su olor a madera prevalencia por encima del chocolate.

  —Dokuhara Yukirin— Al igual que con Gintei las bajas voces entre las personas se asomaron, aunque claramente, con menor intensidad. La presencia del olor a canela y ciruela que emanaba de la chica es sutil, algunos dieron por sentado la casta omega.

  Hiroaki esbozó una sonrisa. —?Quién lo diría? Tenemos 2 miembros provenientes de las grandes familias, junto al joven Akahane, podríamos decir que son ahora 3 figuras célebres —Gracias a su mención, Hōrin se sonrojó de vergüenza, gru?o bajamente provocando una peque?a risa en el adulto, le encanta molestar a sus estudiantes —. Sería mucho mejor si hubiera cuatro ?Verdad? Pero eso ya sería mucha coincidencia —apenado, su mano fue hacia su mejilla realizando un puchero.

  Un fragmento de la canción “Again” de 3XT empezó a escucharse, proveniente del pantalón de Hiroaki, rápidamente sacó el celular, un número desconocido apareció en su pantalla.

  Frunció el ce?o “?Serán ellos?” pensó por un momento, rápidamente deslizó para contestar no sin antes pararse de la silla, cubrió un poco el micrófono y se dirigió a sus alumnos:

  —Chicos, vuelvo en un momento, Dokuhara, Nakanishi, pueden sentarse donde gusten— Pegó el teléfono a su oreja y salió fuera del aula.

  Tras salir del aula, Gintei con un aura de confianza se sentó al frente, aunque para ser más exactos, la segunda columna que daba a la ventana, frente al profesor, si hubiera sido un león es posible que algunos hayan pensado “digno de un rey” pero era un tigre. Por otro lado, Yukirin se sentó casi a un lado de este, en el tercer asiento de la cuarta columna.

  Ambos desprendían un aire de dominancia, algo que incomodaba notoriamente a Hōrin tras verlos disimuladamente con desagrado.

  “Solo aguanta Hōrin, solo vas a estar 3 a?os con ellos y si tienes suerte no te van a meter en un equipo con ellos” Pensó en su cabeza mientras le imploraba a Amehizuku tener suficiente suerte.

  Sin embargo, afuera del salón la situación era diferente .

  —?Aló? —Hiroaki espero a que la otra voz dijera algo pues tras salir del salón no se escuchó nada.

  —Se?or Hiroaki, ?Es usted? —Al fin la voz se había dignado a hablar.

  —Ese mismo, ?Quién llama? —Consultá con cautela.

  —Somos el clan Furukawa, el noble joven será entregado en la puerta dentro de cinco minutos, le llamamos de antemano para que sea recogido inmediatamente y pueda llevárselo sin ocasionarles ningún inconveniente— al otro lado de la línea, la voz se escuchaba temblorosa, haciendo sospechar a Hiroaki.

  —De acuerdo, estaré ahí en breves.

  Sin más, Hiroaki colgó, suspirando exasperado guardó su teléfono, cuando entró al salón, la situación con la que se encontró era bastante similar con la que había imaginado hace un momento, con la leve diferencia de los asientos. Tal y como ameritaba la situación, se esperaba que varios de sus alumnos rodearan al joven Nakanishi y otros más a Dokuhara, no solo por ser nuevos, si no también por la relevancia de sus clanes, aunque esto era más que obvio, no se esperaba que tuvieran el suficiente orgullo como para estar ambos al frente, al contrario del joven Akahane que si bien su llegada había causado el mismo impacto, parece ser más reservado. “Ciertamente, esto me causa un dejavu” sonrió levemente incrédulo.

  —Volvi —Dice entusiasmado. —Pero para irme —Sus alumnos le miraron perplejos. —Miren, se que apenas empieza la clase pero tengo que ir por algo, así que tendrán que disculparme, vuelvo en unos minutos, prometo no tardar. Miren esto como unos momentos para conocerse. “Aunque parece que ya se conocieron” —Pensó para sus adentros.

  —Exactamente ?Cuánto tiempo va a tardar? —Cuestionó el oji-carmín.

  —Quince minutos. —él responde.

  Y como siempre, incluso si era un número menor, en realidad quería decir “Treinta minutos”. Para Hōrin, el que Fujimoto llegara el doble de lo que era en realidad ya era algo a lo que se había acostumbrado.

  Después de responder la pregunta cerró la puerta, dejando a sus alumnos desconcertados.

  —Es una gran sorpresa tener tres personas provenientes de las cuatro grandes familias —Animada, hablo una chica, su cabello que usualmente desprende un aura sobrenatural, casi etérea, atrajo miradas hacia ella. Se trataba de Fuyuka.

  —Si, que gran coincidencia —Andoromeda rodó los ojos. —Creo que últimamente nuestras familias están planeando algo, desde que el semestre pasado Hashirei Kazumi se presentó como la milenial kitsune de nueve colas últimamente más alumnos han entrado, aparentemente llamó tanto la atención que ahora tenemos dos más de los grandes.

  —Te equivocas —Hablo malhumorada la casta?a. —Por mi parte me encuentro aquí gracias a mis padres, el acuerdo que hay entre la familia la “Triade”, mi clan y la academia. Aparentemente, al azar se escoge un clan de entre los tres cada seis a?os, desafortunadamente, esta vez le tocó al mio.

  —?Por qué tan poquito? —Hiroto, sentado con su silla al revés y los brazos cruzados, cuestionó desde el otro extremo, alzando una ceja.

  —No es algo de tu incumbencia —Yukirin miró hacia otro lado.

  Los ojos avellana de Hiroto se entrecierran, malhumorado bufo, murmurando “Aguafiestas” para sí mismo, Andoromeda lo escucho por mucho que bajara la voz y con los ojos le dijo que se callara, el solo susurro “Bien”.

  —Bueno, por mi parte, mi familia me envió como representante del clan de los tigres, además de que padre dijo que iba a aprender mejor en esta academia que está especializada para nosotros —Calmado, responde el alfa.

  —Y no te mintieron —Esta vez en hablar fue un joven de cabellos cobrizos, Daiki. Con una voz entusiasmada una de sus cinco colas apareció moviéndose de un lado a otro. —Aquí podrás encontrar de todo, sumado a sus materias, considerando que es la mejor academia. Además, está Kazumi-Sama.

  —Presumiendo tus familiares tan pronto, Hashirei? —Akina Kikuchi, una joven de melena rosada con un suave espejo blanco degradado presumiblemente a Daiki.

  —Por supuesto, ella es el orgullo de mi clan, ojalá pudiera haber sido como ella— responde con confianza.

  “Esto será un día largo...” Piensa Gintei observando con cautela.

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