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EL DIA QUE TODO INICIO

  Cael despertó con un dolor nuevo en el hombro.

  El golpe del deslizador aún le recordaba que existía. Pero no era eso lo que le quitaba el sue?o. Era la piedra. Esa maldita piedra que no dejaba de latir.

  Metió la mano bajo la cama. Ahí estaba. Quieta. Fría. Como si nunca hubiera latido.

  Pero él sabía que no era cierto.

  —?Vas a quedarte mirándola todo el día?

  Cael pegó un brinco. Lía estaba en la puerta de su habitación, apoyada en el marco, con los brazos cruzados y esa cara de siempre.

  —?Cómo entraste?

  —La puerta estaba abierta.

  —No lo estaba.

  —Sí lo estaba.

  Lía echó un vistazo rápido a la habitación. Vio la piedra en su mano. No dijo nada.

  —Levántate. Hoy entrenamos.

  —Pero si ayer...

  —Ayer mataste un monstruo con suerte. Hoy vas a aprender a pelear sin ella. Vamos.

  Desapareció antes de que Cael pudiera protestar.

  él suspiró, guardó la piedra bajo la cama y se vistió rápido. Cuando salió, Lía ya iba calle abajo, sin esperarlo.

  El campo de entrenamiento era un círculo de tierra rodeado de gradas vacías. Postes de madera llenos de cortes viejos. Olía a tierra mojada y a sudor de otros días.

  Lía ya estaba en el centro, desenrollando su látigo de agua con una calma que daba miedo.

  —Reglas básicas —dijo sin mirarlo—. Tocar el cuerpo cuenta como punto. Desarmar cuenta como punto. Tirar al suelo cuenta como punto. Primeros tres puntos ganan.

  —?Y si te gano?

  Lía sonrió. No era una sonrisa amable. Era una sonrisa de depredador.

  —No vas a ganarme.

  —Pero si...

  —Ya.

  Atacó antes de que él terminara la frase.

  **PRIMER ASALTO: El Golpe Ardiente (mal ejecutado)**

  El látigo silbó en el aire. Cael apenas tuvo tiempo de levantar el kunai. El impacto lo hizo retroceder tres pasos. Le dolió hasta el alma.

  —Uno. —Lía bajó el látigo—. Tensas el hombro antes de atacar. Te delata.

  Cael gru?ó. Decidió atacar primero. Agarró el kunai con fuerza y gritó:

  —?Golpe ardiente!

  El kunai debió envolverse en llamas. En teoría.

  Lo que pasó fue... una chispa. Una peque?a. Tan peque?a que parecía una luciérnaga con asma.

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  La chispa voló hacia Lía. Ella la esquivó con una ceja levantada.

  —?Eso fue todo?

  Cael sintió que le quemaba la cara. De vergüenza.

  —Es que... todavía no me sale bien.

  —Ya vi.

  Atacó de nuevo. Esta vez sin técnica. Solo kunai. Pero Lía ya no estaba ahí.

  **SEGUNDO ASALTO: El agua que no obedece**

  —?Latigazo! —gritó Lía.

  Su látigo de agua se extendió como una serpiente. Cael intentó esquivar, pero el golpe le alcanzó la pierna. Cayó de rodillas.

  —Dos. —Lía se detuvo—. Mis latigazos sí funcionan. Los tuyos...

  —?Ya sé!

  Cael se levantó. Intentó calmar la respiración. Recordó lo que Dren le había ense?ado: *"La técnica no es solo fuerza. Es sentir el elemento."*

  Cerró los ojos. Intentó sentir el fuego. Algo. Lo que sea.

  Nada.

  Abrió los ojos. Lía lo miraba con una expresión que no supo interpretar. ?Lástima? ?Frustración?

  —Intenta de nuevo —dijo—. Pero esta vez, no pienses. Solo deja que salga.

  Cael asintió. Agarró el kunai. Lo apuntó hacia ella.

  —?Golpe... ardiente!

  Otra chispa. Un poco más grande que la anterior. Pero seguía siendo una chispa.

  Lía la esquivó sin moverse apenas.

  —Me impresionas —dijo.

  —?Sí?

  —Cada día eres un poco menos malo.

  Cael no supo si era un cumplido.

  **TERCER ASALTO: La rabia que nubla

  En la tercera, la rabia empezó a hervir por dentro. La suya propia. Caliente. Sucia. La de sentirse inútil.

  Atacó sin pensar. Sin técnica. Solo kunai y rabia.

  Lía esquivó. Le enganchó el pie. Lo tiró al suelo.

  —Tres. Gano.

  Cael se quedó en el suelo, jadeando. El polvo se le metía en la nariz. La tierra en la boca.

  —Concéntrate —dijo Lía—. Estás enojado. Y el enojo nubla

  —?Estoy concentrado!

  —No. Estás enojado. Aprende a distinguir.

  Cael se incorporó, frotándose el cuello.

  —Ensé?ame.

  —Ya te estoy ense?ando. Te estoy ganando. Aprende de eso.

  —Eso no es ense?ar. Es humillar.

  —Aprende a distinguir. Porque cuando un monstruo te humille, no vas a tener una segunda oportunidad.

  Cael no supo qué responder. Se levantó, sacudiéndose la tierra.

  —Otra —dijo.

  Lía asintió.

  —Eso me gusta. Que te guste perder.

  —No me gusta perder. Solo quiero ganarle a Dren algún día.

  Lía lo miró con curiosidad.

  —?A Dren?

  —Es mi padre. Bueno, no de sangre, pero es mi padre. Y quiero ganarle. Para que se sienta orgulloso.

  Lía guardó silencio. Su mano, sin que ella lo decidiera, fue al anillo. Lo rozó.

  —Entiendo —dijo en voz más baja—. Yo también tuve a alguien así.

  Cael esperó. Pero ella no siguió.

  —Otra —repitió

  **CUARTO ASALTO:

  En la cuarta, Cael lo intentó todo. Mantener la distancia. Buscar ángulos. Respirar hondo antes de cada movimiento.

  Y por un momento, funcionó

  El kunai se acercó a Lía más de lo que había logrado en todo el día. Casi le roza el brazo.

  Pero entonces, lo sintió. Ese cosquilleo. Ese calor. El kunai brilló.

  No fue un golpe. Fue un fogonazo. Una llama peque?a pero real. Salió del kunai y se estrelló contra el suelo, levantando polvo y cenizas.

  Lía saltó hacia atrás justo a tiempo.

  —?Qué fue eso?

  Cael no respondió. Miró su kunai. La hoja humeaba.

  —No lo sé —dijo—. Solo... pasó.

  Lía se acercó con cautela. Observó el kunai. Observó a Cael.

  —Hazlo otra vez.

  —No sé cómo.

  —Inténtalo.

  Cael cerró los ojos. Intentó sentir lo mismo. Ese calor. Ese cosquilleo. Pero no pasó nada.

  —No puedo —dijo—. Fue sin querer.

  Lía guardó silencio. Luego, asintió.

  —Bueno. Al menos sabemos que tienes potencial. Aunque no lo controles

  —?Eso es bueno?

  —Es mejor que nada.

  Terminaron el entrenamiento con Cael en el suelo, Lía de pie, y el sol ya alto.

  —Cuatro a cero —dijo Lía, jadeando—. Pero esos diez segundos... estuvieron bien.

  —?Bien?

  —Para ti, sí. Para mí, fueron lentos.

  Cael se rió. Le dolía todo, pero se rió.

  —Te voy a ganar algún día. A ti y a Dren

  —Sue?a.

  —Ya sue?o. Y en mis sue?os gano.

  Lía lo miró un momento. Algo cambió en sus ojos. Una peque?a grieta en su coraza.

  —Mi maestro... —empezó, y se calló.

  —?Tu maestro qué?

  —Nada. Olvídalo.

  Pero Cael vio cómo apretaba el anillo. Como si recordara algo. Como si tuviera miedo.

  No preguntó más. Solo se quedó ahí, a su lado, en silencio.

  Después de un rato, Lía se levantó.

  —?Tienes hambre?

  —?Qué?

  —Hambre. Comida. ?Sabes lo que es?

  —Sí, pero...

  —Mi casa está cerca. Mi hermano cocina. Bueno, él dice que cocina. Tú di que sí y ven.

  Cael parpadeó.

  —?Me estás invitando a comer?

  —Te estoy dando una tregua. Aprovecha antes de que cambie de opinión.

  Se levantó, sacudió la tierra, y empezó a caminar sin mirar atrás.

  Cael sonrió y la siguió.

  La casa de Lía era un caos. Leo, su hermano, los recibió con los brazos abiertos y un invento humeante en la mano.

  —?Nuevo amigo de Lía! —gritó—. ?Pasa, pasa! ?Te gustan las explosiones? Digo, ?la comida?

  Cael se rió. Por primera vez en días, se rió de verdad.

  Comieron algo que Leo llamaba "panqueques" y que Lía llamaba "experimento fallido". Pero estaba caliente. Y estaban juntos.

  Y por un momento, Cael olvidó la piedra. Las voces. El miedo.

  Pero cuando volvió a casa, cuando abrió la puerta de su habitación, supo que algo había cambiado.

  La piedra ya no estaba bajo la cama.

  Estaba sobre la mesa. En el centro. Esperándolo.

  Y en la puerta de su casa, una nueva marca.

  Dos.

  **FIN DEL CAPíTULO 2**

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