Kael y Noisi se habÃan quedado a dormir en un hotel de la Ciudad Blanca, cada uno en habitaciones separadas. Por unas horas, todo parecÃa… normal.
Cenaban en el comedor del lugar, hablando poco, compartiendo el silencio más que las palabras. La luz era cálida, el ambiente tranquilo.
Demasiado tranquilo.
El estruendo sacudió el edificio como un rugido del cielo.
Las copas vibraron. Los platos cayeron al suelo. Los gritos no tardaron en llegar.
Kael reaccionó al instante.
Su mano fue a la empu?adura de su espada antes incluso de que su mente procesara el peligro. Se levantó de un salto y corrió hacia el exterior, con Noisi siguiéndolo de cerca.
Lo que encontraron afuera no tenÃa sentido.
En medio de la plaza, incrustado en el suelo como si hubiera caÃdo del cielo, habÃa un huevo gigante.
MedÃa más de metro y medio de alto, ancho como un barril, y ardÃa con un calor antinatural. El aire a su alrededor se distorsionaba, como si la realidad misma retrocediera ante su presencia.
Kael frunció el ce?o.
—…Un huevo de ghoul —murmuró.
Entonces alzó la mirada.
Un helicóptero se alejaba en la distancia, perdiéndose entre las luces de la ciudad.
Y lo entendió todo.
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—El gobernante… —dijo entre dientes—. Está experimentando con ghouls.
SabÃa lo que eso significaba. SabÃa lo peligroso que era.
—Kael… —Noisi lo sacó de sus pensamientos, se?alando con horror.
El huevo se estaba abriendo.
Las grietas se expandieron como venas incandescentes, y un sonido húmedo y profundo emergió desde el interior.
Antes de que Kael pudiera reaccionar, una voz serena atravesó el caos.
—?Apártense todos!
La multitud se abrió.
De entre ellos apareció el mismÃsimo gobernante de las Tierras Blancas.
King.
Caminaba con calma, con una sonrisa ensayada, fingiendo sorpresa, fingiendo control.
—Yo me encargaré de esto —dijo—. No hay nada que temer.
Noisi apretó los pu?os.
Una ira cruda, violenta, le recorrió el cuerpo.
—Ese bastardo… —susurró.
Kael se colocó delante de él.
—No podrás vencerlo solo con odio —dijo con voz firme—. Su aura… es grande.
Kael observaba a King con atención. No era abrumador, pero su presencia era densa, peligrosa. No sabÃa si aquel era todo su poder.
Y eso lo inquietaba.
King dio un paso más hacia el huevo.
Entonces ocurrió.
El cascarón explotó.
Una masa oscura emergió de su interior y, en un parpadeo, se lanzó sobre King, envolviéndolo por completo.
—??Qué…?! —alcanzó a decir alguien.
El ghoul lo atrapó.
Y lo absorbió.
Un humo espeso cubrió la plaza. Kael sintió cómo el aura de King… desaparecÃa.
Su corazón se tensó.
—Eso no es bueno… —murmuró.
El suelo tembló.
Un latido monstruoso sacudió el aire.
El aura volvió a manifestarse.
Pero esta vez…
Era tres veces más fuerte.
Noisi cayó de rodillas, aplastado por la presión. A su alrededor, la gente se desplomaba uno tras otro. Algunos inconscientes.
?Otros… muertos?
Kael no podÃa permitirse pensar en eso.
—Noisi, resiste —dijo—. No podemos dejar que haga más caos.
El humo comenzó a disiparse.
Una silueta emergió.
Alta. Robusta. Amenazante.
Un cuerpo deformado, una larga cola arrastrándose por el suelo, cuernos retorcidos brotando de su cabeza. Ya no habÃa rastro del hombre que gobernaba la ciudad.
King ya no existÃa.
El ghoul dio un paso.
Luego otro.
Y en un instante, estaba frente a Kael.
Sus ojos, vacÃos y profundos, se clavaron en los suyos.
Sus labios se movieron con dificultad, como si la voz viniera de algo que nunca debió hablar.
—Tú… ser… el rey verdadero… ?verdad?
—De… todos.
El aire se congeló.
Kael no respondió.
Solo sostuvo su mirada.

