home

search

Los que miraron más allá

  **Punto de vista de Falu**

  Al ver alejarse la mirada preocupada que me dirigía Kanea, su imagen se clava en mi mente, provocando una sensación que sofoca mi respiración. El aroma de la madera y la carne quemada se asienta en mis sentidos.

  —Ah, los jóvenes, un minuto puede ser una eternidad —susurra una voz detrás de mí.

  —?Sacerdotisa, usted qué hace…?

  —Soy vieja, no inútil, y no puedo evitar extender mi mano si alguien necesita ayuda. Y ya te he dicho que me llames Sey —interrumpe la sacerdotisa, sonriendo burlonamente.

  —Yo no quería decir…

  —Está bien, ni?o… ?No deberías estar en la primera línea? —pregunta.

  Asiento y corro en dirección opuesta. Cada paso provoca peque?os temblores que sacuden el suelo mientras cruzo el centro de la plaza, donde todos, hace no más de una hora, estaban festejando y riendo. Ahora solo se ven escombros y fuego. El ruido de látigos y explosiones se hace más fuerte, hasta que el hedor de animal muerto se hace presente. Antes de darme cuenta, una energía cortante destruye una casa, desmenuzándola, y pasa muy cerca de mí. Al voltear a mi derecha, reconozco a Tovael entre el polvo; su pu?o atraviesa los escombros provocados por el ataque. Al mirar su rostro de desesperación, me doy cuenta de que está atacando con furia, pero sin poder hacer ningún da?o. El escenario se repite ante mí: solo escombros y fuego. En un instante, una lanza cae del cielo en dirección al vacío.

  —??Qué haces aquí?! —grita la voz de mi papá.

  —?Necesito tu ayuda! —grito en respuesta.

  Despejándose el humo, la coraza de esa cosa, apenas con un rasgu?o, fue lo único que logró el mejor ataque de mi padre. Unas raíces de color verde emergen de la tierra, rodeando cada parte de su cuerpo, pero al notarlo, un solo rugido que me hace retroceder logra deshacer las raíces como si no fueran nada.

  —??Qué quieres?! —cuestiona, exaltado, mi padre, corriendo hacia mí.

  —Hay una forma, padre, una forma de expulsar a esa cosa —explico.

  —?No tenemos tiempo! ?Debes irte! —ordena.

  —?Por favor, papá! ?Algo más está pasando! ?Mira tus alrededores! —suplico.

  Esa súplica lo deja asombrado, pero sin tiempo para pensar, otro golpe logra sacudir el suelo, siendo Tovael el responsable. Como si fuera un espejo redirigiendo la luz, un impacto choca contra su coraza y es desviado hacia otro lado, mientras un zarpazo de sus garras lo hace retroceder.

  —Padre…

  —?Qué tienes pensado? —cuestiona.

  —Cuando llegue Víctor, él puede dirigirlo hacia otro lado con la ayuda de la Santa.

  —?De qué hablas? ?La Santa! Eso…

  —Sé cómo suena, pero por favor… —interrumpo.

  Sin poder terminar, el calor provocado por las llamas del vacío aumenta en un instante y el grito de Nehari pidiendo ayuda con desesperación corta el asombro.

  —?Zael! ?Por favor!

  Nehari sostiene al vacío con lianas verdes, envolviendo su cuerpo y provocando que sangre derrame por su nariz.

  —?Papá! ?Por favor! ?Confía en mí!

  En un segundo de silencio, espero que mi mirada refleje la determinación que estoy transmitiendo, y con un gesto, él lo confirma.

  —Ve con los magos, diles lo que planeas. Ellos tramitarán lo que necesites. Cuando esté listo, manda una se?al. ?Corre!

  Creando una lanza con su propia aura, un rugido del vacío es lo único que deja atrás.

  —?Gracias! —susurro entre el caos, mientras un instante de calma pasa por mi corazón.

  Corro por los alrededores de la batalla, y en una casa que aún se mantiene en pie, los cuerpos de personas que conocía se hacen presentes. Una melancolía sutil comienza a asomarse hasta que llegan los magos, cada uno con heridas y cortes profundos.

  The story has been stolen; if detected on Amazon, report the violation.

  —?Qué haces aquí, chico? —pregunta uno mientras se acerca a la lucha.

  —Hay una forma de sacarlo.

  —?Y empujando hasta que se aleje? —se burla otro, poniéndose de pie con dificultad.

  —No hablo de una forma que signifique que la mayoría muera.

  —...

  —Si logramos atraerlo a un camino, podríamos usar el poder de la sacerdotisa.

  —??Qué?? —interrumpe, incrédulo, otro sentado con el brazo ensangrentado.

  —Sé cómo suena, pero podría funcionar. Alguien lo atrae.

  —Podría funcionar, pero… ?quieres que arriesguemos nuestras vidas? —explica, al borde de la rabia.

  —?Mira a tu alrededor! ??Qué se diferencia de ahora?! ?Te ofrezco otra posibilidad! —grito.

  —...

  —?El jefe Zael! ?Acepto! ?Entiendes? —ordena, harto.

  —... si no funciona… —susurra, con rabia.

  —Funcionará, pero necesito que la mitad de ustedes me siga —interrumpo.

  En un silencio que sofoca incluso el ruido de los alrededores, el primero que se pone de pie ordena:

  —Aquí hay cinco. Cuatro más están con los jefes. Tres ayudarán y el resto estaremos luchando. ?Necesitas algo más?

  —Traten de guiarlo hacia la entrada lo más posible. Alguien vendrá a hacer el resto y hará una se?al.

  —... De acuerdo, los que ya estemos de pie, ?vamos! El resto, ?síganlo! ?él guiará! ?Es todo! ?Vamos!

  Dejando atrás a tres de ellos, las miradas de guerreros esperando su orden reflejan a cada uno de ellos, soltando un respiro entre el caos. Ordeno:

  —Vamos a la entrada del pueblo. Debemos usar todo lo que podamos quemar y crear una ilusión con ello.

  —Pero, ?no sería mejor usar una magia de fuego? —pregunta uno.

  El rostro de Víctor diciéndome que no hay tiempo para explicar llega a mí.

  —?Les di mis órdenes! ?Vamos! —grito, esperando que no vean mi vacilación.

  Un saludo y comenzamos a dirigirnos a la entrada, dejando atrás el caos del combate. Al estar cerca de la entrada, una senda hecha con madera de forma tosca comienza a tomar forma. Al llegar, veo la figura de Kanea acomodando unos últimos palos de manera opuesta en la puerta.

  —?Víctor? —pregunto.

  —Está en camino —responde Kanea, simplemente.

  —...

  —Funcionará. Confío en él —trato de consolarla, aunque con cierta duda.

  Lo sé; sé que esto no tiene ni pies ni cabeza. No hay ningún precedente, nada que pueda usar para sostener lo que me dijo, pero tal vez sea desesperación, tal vez miedo, pero quiero creer. En el instante en que mis pensamientos comienzan a consumirlo todo, una mano cálida sostiene la mía.

  —Todo estará bien. Sé en lo que crees, pero… aunque no parezca, él se preocupa por todos.

  Apretando su mano, ordeno:

  —?Todos! La mitad estará en una esquina y los otros en el lado opuesto. Cuando llegue, activaremos todo, y traten de mantener la ilusión lo más que se pueda. ??Entendido?!

  Una confirmación es todo lo que me dan y comienzan a dirigirse a los lugares designados.

  —Yo iré con ellos —habla distraída.

  —?Pero…?

  —No puedo quedarme sin hacer nada —explica Kanea, mirando al vacío.

  —Entiendo —es lo único que puedo decir.

  Dejándome solo, el rugido del vacío da se?ales de que están cerca. Sin despedida, Kanea se dirige con los demás magos. Dejo atrás el peso del mundo, que cae con una presión sofocante. Entre el retumbar, la figura de Víctor corre con determinación, pero como si estuviera siendo cazado. Un zarpazo lanza a Víctor varios metros más adelante. Mi respiración y piernas se detienen por un segundo, y antes de siquiera pensar que no podría lograr sacar al vacío del pueblo, su grito retumba en medio del fuego:

  —?Ahora!

  Una luz cruza en un fino arco que llega a la cabeza, desgarrando como si fuera papel todo lo que los mejores magos y guerreros no lograron. Una simple flecha fragmenta sus escamas.

  —?Ahora! —grito, acompa?ando ese destello de esperanza.

  Como si fuera una broma del destino, la figura del vacío, que por un instante asemeja a una presa acorralada, se transforma en un animal dispuesto a matar a todo lo que tiene por delante. Yo lo sabía; debía ayudar, pero mi cuerpo no pudo reaccionar más que para temblar descontroladamente ante esa figura que estaba cerca.

  —Soy el único —una voz lejana grita.

  Buscando quién era, la figura de mi padre aparece delante de Víctor, y este último solo asiente y continúa:

  —Ayúdame —susurra levemente una voz a mi espalda.

  Volteando, veo a Nehari, con una herida en su costado, sosteniéndose con su arco. Tomándola con una mano, el golpe de esa cosa pide mi atención, y la figura de Víctor, siendo retenida por la criatura entre sus garras, mancha el suelo con su sangre. La voz de Kanea gritando en súplica se alza entre los demás sonidos.

  —?Víctor! —grita Kanea, siendo sujetada por los magos.

  —Debes ayudarme a sostener mi arco, o no podré ayudar a tu amigo —continúa Nehari.

  —Yo… yo… está bien.

  Sosteniendo su arco, la mirada perdida, casi cansada de Nehari, pasa a ser la de un cazador perfectamente concentrado en su presa. Con un zumbido leve, el arco empuja la flecha como si estuviera guiada hacia esa criatura; logra impactar, y por un instante, la figura de Víctor se siente… ?diferente? Ya sea por su maná o las heridas que Víctor ha recibido a lo largo de esta batalla, lo hacen parecer una bestia igual a la criatura que estamos combatiendo.

  Acomodando la postura del arco, durante un segundo dispara. El cruce de palabras entre mi padre y Víctor da pie a que Nehari se pierda en sus pensamientos por un instante.

  —Esta será la última oportunidad —grita Nehari.

  Con un asentimiento, utilizo toda mi fuerza para mantener firme el arco. Nehari vierte toda su concentración para apuntar y tensar el arco, esperando su oportunidad. Y, como si fuera un llamado, una sensación abrumadora recorre todo mi ser. Volteando, la sorpresa da paso al asombro al ver quién es due?a de esa sensación.

  —?Víctor? —pregunto, aún en incredulidad.

  Pero antes de continuar, el grito de Nehari, tensando tanto como puede con su cuerpo herido, da paso al último empujón de esa flecha, más dorada que las llamas que tenemos como muros por delante. Una luz deslumbrante, seguida del grito de mi padre, me deja cegado por un segundo, junto a un zumbido que retumba en mis oídos. Hasta que, después de un largo rato en el que la angustia de no saber qué pasaba me consumía, todo vuelve a la calma y la oscuridad de la noche retoma los alrededores.

  —?Lo logramos? —pregunta Nehari, caminando delante de mí.

  —Yo... yo...

  —?Lo sacamos de aquí! —gritan voces eufóricas que sofocan la preocupación por el estado actual de mi padre y Víctor.

Recommended Popular Novels