Mientras el grupo de Maenut encontraba cierta calma, Byd no se detenía.
Para él, esos días de “descanso” no significaban lo mismo que para los demás. Mientras algunos aprovechaban para respirar o distraerse un poco, Byd pasaba horas recorriendo calles, revisando reportes menores y conectando detalles que para la mayoría parecían irrelevantes.
Seguía obsesionado con entender a Psycked. Sus movimientos eran erráticos, sus hábitos inconsistentes, y su ubicación difícil de rastrear. Pero Byd había aprendido algo importante: Psycked actuaba como si todo fuera un juego… y eso lo hacía aún más peligroso.
Había algo en esa actitud que lo inquietaba profundamente. No era solo el caos que dejaba a su paso, sino la forma en que parecía disfrutarlo, como si cada movimiento fuera parte de una partida invisible donde los demás apenas entendían las reglas.
Durante días, Byd había seguido una serie de disturbios menores: incendios provocados, desapariciones breves, grafitis encriptados. Todo con un patrón muy sutil que él empezaba a notar. La mayoría de esos incidentes ni siquiera aparecían en los reportes oficiales; eran demasiado peque?os, demasiado insignificantes para levantar alarmas serias.
Pero para Byd, esas peque?as grietas en la rutina de la ciudad eran como migas de pan.
Caminaba por las calles con una libreta peque?a en el bolsillo donde anotaba horarios, lugares y cualquier cosa que pareciera fuera de lugar. A veces pasaba largos minutos observando una pared, un poste o una esquina específica, tratando de entender qué había pasado ahí antes de que todo volviera a parecer normal.
Finalmente, esa tarde, se encontró frente a un callejón donde uno de los símbolos apareció de nuevo: una figura con una sonrisa torcida y letras invertidas.
El grafiti estaba pintado sobre un muro viejo, parcialmente cubierto por sombras. La sonrisa torcida parecía observarlo directamente, y las letras invertidas debajo formaban algo que a simple vista no tenía sentido.
Byd se acercó unos pasos.
Durante unos segundos solo se quedó mirando el símbolo. Sus ojos recorrían cada línea del dibujo, cada trazo irregular de pintura, cada peque?o detalle.
Había visto ese símbolo antes.
En diferentes lugares. En diferentes momentos.
Pero nunca exactamente igual.
Sacó su libreta y revisó algunas páginas anteriores. Varias anotaciones estaban marcadas con peque?os dibujos similares.
—Otra vez… —murmuró.
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Su mente empezó a trabajar rápido, comparando ubicaciones, horarios y distancias entre los distintos incidentes. Algo en el patrón estaba cambiando.
Algo estaba acercándose.
Michael, preocupado por la obsesión de su primo, apareció de improvisto.
—Deberías descansar un poco —le dijo, apoyado en un poste.
Byd ni siquiera se volteó de inmediato. Seguía observando el símbolo, como si esperara que el dibujo le hablara.
—No puedo. Siento que está dejándome pistas. él quiere que lo sigamos. Pero no cualquiera. A mí.
Michael frunció ligeramente el ce?o.
—?Y si es una trampa?
Byd finalmente se giró hacia él.
Sus ojos tenían ese brillo particular que Michael ya conocía demasiado bien: el brillo de alguien que estaba demasiado cerca de algo importante como para detenerse.
—?Y si es un mensaje? —replicó Byd, mirando el símbolo.
Michael suspiró. Aunque no lo admitiera, empezaba a entender que esa investigación no era solo una misión para Byd, sino algo personal.
—Has estado persiguiendo esto por días —dijo Michael—. Apenas duermes.
—Porque él tampoco duerme —respondió Byd—. Psycked no está improvisando. Todo esto está calculado.
Michael miró el símbolo en la pared.
—Sigue siendo un grafiti raro.
Byd negó levemente con la cabeza.
—No. Mira esto.
Se acercó a la pared y se?aló uno de los bordes del dibujo.
—La sonrisa cambia en cada lugar donde aparece. A veces es más grande, a veces más torcida. Y las letras… no son aleatorias.
Michael entrecerró los ojos.
—?Entonces qué dicen?
Byd tardó unos segundos en responder.
—No estoy seguro todavía.
Guardó su libreta nuevamente.
—Pero sé que no está pintando esto para cualquiera.
Durante un momento, ambos se quedaron en silencio observando la pared.
La calle estaba tranquila. Demasiado tranquila.
Un auto pasó al final de la calle y el sonido del motor se desvaneció lentamente.
Byd volvió a mirar el símbolo.
—Está probando algo —dijo finalmente.
—?Qué cosa?
—Qué tan rápido lo seguimos.
Michael cruzó los brazos.
—Eso no me tranquiliza mucho.
Byd soltó una peque?a risa, aunque no había humor en ella.
—A mí tampoco.
Al final de la noche, ambos volvieron al refugio de su grupo. El lugar estaba relativamente silencioso cuando llegaron. Algunas luces seguían encendidas y el leve sonido de un ventilador girando llenaba el ambiente.
Michael intentaba armar un perfil de Psycked, pero todo era contradictorio. En una pizarra improvisada había notas, fechas, lugares y varias preguntas sin respuesta.
Byd observó todo eso durante unos segundos.
Cada intento de definir a Psycked terminaba en el mismo punto: inconsistencias.
Era impredecible.
Caótico.
Pero también inteligente.
Michael apoyó un marcador sobre la mesa.
—No encaja en ningún patrón psicológico claro.
Byd se sentó frente a la pizarra.
—Tal vez porque no estamos viendo el patrón correcto.
Michael lo miró.
—?Entonces cuál es?
Byd volvió a pensar en el símbolo del callejón. En la sonrisa torcida. En las letras invertidas.
—Todavía no lo sé —dijo.
Pero algo dentro de él le decía que estaba cada vez más cerca.
Lo único cierto era que algo se estaba gestando… y no era bueno.
Y en algún lugar de la ciudad, Psycked probablemente ya estaba pensando en su siguiente movimiento.

