Había pasado una hora de caminata dentro del Bosque Indomable... El ambiente era tenso, espeso, como si incluso el aire se negara a circular con normalidad.
Un guardián bestia, visiblemente agotado por las peleas recientes, protegía a una aventurera novata y a un ni?o malcriado. Mientras tanto, otros dos guardianes se enfrentaban a una gran cantidad de monstruos menores que intentaban emboscarlos en el camino, saliendo entre la maleza con gru?idos desesperados.
Pese a tener todo el derecho de estar enojados, los tres guardianes no tenían la motivación para dirigirle la palabra a su joven amo. Caminaban en silencio, con los dientes apretados.
Kael avanzaba rápidamente sin detenerse en ningún momento, cargando en la espalda a la ni?a demonio inconsciente. La sangre que escurría de sus heridas manchaba su ropa y dejaba peque?as gotas en el suelo del bosque.
Lyris observaba la situación con incomodidad. No cargaba el peso que alguna vez llevaron los tres guardianes durante la guerra, pero sí percibía la tensión que los envolvía.
—Joven amo Kael... se ve muy cansado. Me gustaría ayudarlo —dijo con suavidad, intentando no romper del todo el frágil silencio.
Kael la miró. Su rostro reflejaba un cansancio evidente, pero sus ojos seguían firmes.
—Aprecio mucho tu preocupación, Lyris... pero yo provoqué todo esto. Así que, mientras siga siendo miembro de la Casa Sungley, debo afrontar mi insubordinación solo...
Lyris frunció levemente el ce?o.
—?De momento...?
Los tres guardianes se sorprendieron ante la pregunta tan directa, aunque ingenua, de la aventurera.
Kael sostuvo su mirada al frente mientras respondía:
—Así es... Cometí actos que pusieron en peligro a todos los miembros de la Casa Sungley que me acompa?aban. Este acto puede calificarse claramente como traición a la casa... y, si es necesario, lo afrontar é como corresponde.
Las palabras cayeron pesadas. Lyris quedó impactada por la determinación con la que las pronunció. No había duda, no había titubeo.
Para aliviar un poco el ambiente, Kael decidió cambiar de tema.
—?Y cómo me encontraron?
Lyris parpadeó, agradecida por el cambio.
—?Ah, ese fue Coco! Siguió el rastro de la gárgola, y nosotros lo seguimos a él.
Kael abrió los ojos con una chispa momentánea de entusiasmo.
—?AAAA! ?Desde el primer día que vi a Coco supe que era un pajarraco genial! Recuérdame darle las mejores semillas y comidas como recompensa... porque gracias a él pude sobrevivir...
Por un instante, el ambiente se alivianó apenas un poco.
Sin embargo, Lyris volvió a fijarse en la sangre que empapaba su ropa.
—Joven amo... si fuera posible, ?me permitiría aplicar algunas vendas o hierbas de curación para sus heridas? Me preocupa mucho su sangrado...
Kael negó suavemente.
—No puedo, Lyris... Lo siento. Esto me lo busqué yo y debo soportarlo solo. No te preocupes... no son heridas mortales.
Ella lo miró con asombro.
—Pero me impresiona, joven amo... a su corta edad puede usar magia...
Al escuchar eso, Holley se acercó de inmediato. Su mirada se volvió severa.
—Se?orita Lyris —dijo en voz baja pero firme—, le pedimos que guarde este secreto con su vida. Nadie puede enterarse de que el joven amo puede usar magia. De lo contrario, no solo su vida correría peligro... también la nación entera. Espero que comprenda la gravedad del asunto.
Lyris tragó saliva. El peso de esas palabras la golpeó con fuerza.
—Por supuesto. Con saber que su vida peligraría si se revela, no diré nada.
El silencio volvió a instalarse mientras salían finalmente del Bosque Indomable.
Al llegar al borde, comenzaron a encontrarse con soldados que hacían guardia. Al ver a los guardianes, los hombres reaccionaron de inmediato, dando aviso de su llegada.
En la entrada de uno de los muros principales de Cautares esperaban Caria y Laret junto a varios soldados.
Caria se veía visiblemente agotada. Su ropa estaba rasgada, su cabello desordenado por el combate reciente. Pero aun así se mantenía erguida, firme, decidida a gastar la última gota de energía con tal de ver a su hijo regresar.
A lo lejos se divisó el grupo que regresaba.
Al distinguir la silueta de Kael, respiraron con un mínimo alivio al comprobar que estaba vivo... pero ese alivio no logró apagar la furia que hervía bajo la superficie.
Mientras más se acercaban a la puerta, más denso se volvía el ambiente. Incluso los soldados comenzaron a retroceder ligeramente.
Ken, con evidente preocupación, habló en voz baja:
—Joven amo... esto será difícil. Por favor, sea comprensivo con la situación. No haga algo que genere más problemas. Sus padres lo quieren mucho.
Kael lo miró con expresión seria.
—Eso no depende de mí... dependerá de lo que ellos sientan.
Caria y Laret estaban serios, visiblemente furiosos. Eran un verdadero torbellino de emociones: miedo, alivio, rabia, decepción. Todo mezclado en una tensión imposible de disimular.
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Pero para Caria, una emoción se volvió dominante cuando finalmente pudo ver a su hijo de cerca.
Kael se detuvo frente a ellos. Estaba visiblemente da?ado, sangrando... y cargando en brazos a una ni?a demonio.
Los murmullos entre los soldados se apagaron por completo.
Con una mirada amenazante y furiosa, Laret habló primero.
—Kael... ?qué significa esto...?
Caria, incapaz de contenerse, comenzó a liberar magia de manera descontrolada. A pesar de su agotamiento extremo, el aire a su alrededor vibró con violencia.
—Kael... ?qué mierda crees que estás haciendo...? —espetó, su voz cargada de furia y dolor.
Todos sintieron la presión mágica aplastar el entorno. El suelo comenzó a resquebrajarse bajo sus pies.
Los guardianes se prepararon para intervenir... pero Caria los fulminó con la mirada.
—?Guardianes!... Guarden su distancia. Esto no les incumbe.
Kael mantenía la mirada baja. Pero entonces levantó el rostro.
No había miedo en sus ojos. No se sentía intimidado.
Había desafío.
—Hola, mamá —dijo con voz firme—. Primero que nada, no tengo palabras ni excusa para lo que hice. Actué por cuenta propia y los puse en peligro a todos. Soy total y completamente responsable. Asumiré con la frente en alto el castigo que determinen pertinente... así sea la expulsión o la muerte...
Soldados y guardianes quedaron impactados por la declaración.
La magia incontrolable de Caria aumentó aún más. El suelo se agrietó con mayor intensidad y un ligero temblor sacudió la zona.
—Pusiste en peligro a civiles... pusiste en peligro a soldados... pusiste en peligro a los guardianes... —su voz temblaba de rabia—. ?Y te pusiste en peligro a ti mismo por un maldito deseo egoísta! ?Y encima, para completar el desastre, nos traes un maldito demonio a cuestas!
Su poder continuaba expandiéndose. La presión se volvió casi insoportable.
Los guardianes, pese a la orden, estaban listos para intervenir si la situación se descontrolaba.
Y entonces...
Kael comenzó a liberar su propia energía mágica.
Fue un estallido brusco, irregular, pero intenso. Intentaba, de forma desesperada, igualar la magia de su madre.
El choque de auras hizo que varios soldados retrocedieran.
Kael sostuvo la mirada de Caria.
—?Quieres encerrarme? ?Quieres ejecutarme? Hazlo si crees que lo merezco por el caos que causé... Lo aceptaré. ?Pero no dejaré que toques a esta ni?a! ?Si le tocas un solo pelo, aunque pierda la vida en el intento, la defenderé!
Su energía aumentó más y más, estimulada por la rabia, el miedo y la determinación.
En ese instante, el aura mágica de Laret también explotó.
—?Kael! —rugió—. ?Osas rebelarte ante tu madre pese a toda nuestra preocupación? ?Y encima por un maldito demonio?
Kael apretó los dientes.
—?Este "maldito demonio", como ustedes dicen, dio la vida para salvarme! ?No dejaré que le toquen ni un solo pelo sin conocer el contexto de lo que ocurrió! ?Quieren hacerle algo? ?Pues vengan! ?Para mí ustedes son las dos personas más importantes en mi vida, pero si algo me ense?aron es que no debo doblegarme ante las injusticias! ?Y ustedes están intentando imponer una contra alguien inocente!
La presión mágica vibraba en el aire como una tormenta a punto de estallar.
Y Kael comenzó a sangrar por la boca.
La sangre también brotó por sus oídos.
Pero no retrocedió.
La sangre resbalaba por la comisura de sus labios y goteaba sobre el polvo agrietado del suelo. Sus oídos también comenzaron a te?irse de rojo, marcando el precio brutal de forzar su cuerpo más allá de sus límites.
Apenas terminaron de cruzarse aquellas palabras, un rayo de poder descendió desde el cielo y cayó en el centro del conflicto.
La explosión de luz obligó a todos a cerrar los ojos por un instante. El impacto levantó una ráfaga de viento que barrió la presión mágica acumulada, dispersando las auras enfrentadas como si una voluntad superior hubiese decidido que ya era suficiente.
Cuando la luz se disipó, una figura se alzaba entre ellos.
Era Garbard.
Su presencia imponía silencio. Su expresión era dura, severa, pero no descontrolada. Su sola aparición aplastó el enfrentamiento con la autoridad de quien no necesitaba alzar la voz para ser obedecido.
—El único encargado de emitir juicios y castigos soy yo —declaró con firmeza—. Así que les pido, de la manera más amable posible, que bajen la intensidad de su furia. En estos momentos, ninguno de ustedes está en condiciones de opinar nada con claridad.
El aire aún vibraba, pero la presión comenzaba a disiparse.
Garbard giró primero hacia Laret y Caria.
—Laret. Caria. Entiendo su impotencia y su furia. Pero en su estado actual no son capaces de formular una resolución cuerda de lo que está ocurriendo. Les ordeno que regresen a la casa inmediatamente a descansar. De lo contrario, estarían desobedeciendo una orden directa del Gran Lord... y pasarían a ser traidores como su hijo.
Las palabras cayeron con un peso frío y absoluto.
Laret apretó la mandíbula. Caria temblaba todavía, con lágrimas mezclándose con el sudor y el polvo de la batalla.
Poco a poco, sus auras comenzaron a disminuir.
La magia que envolvía a Caria se debilitó de manera irregular, como una llama que se consume tras haber ardido demasiado.
De pronto, el torbellino emocional que la sostenía se rompió.
Caria dejó escapar un sollozo ahogado.
Toda la tensión acumulada —la preocupación, el miedo, la rabia, la culpa— colapsó sobre ella. Exhausta, incapaz de sostenerse más, cayó de rodillas y luego al suelo, llorando devastada.
El polvo se levantó suavemente a su alrededor.
Laret reaccionó de inmediato. Se apresuró a sostenerla entre sus brazos. Su mirada, al alzarla hacia Kael, ya no era solo furia.
Era dolor.
Era decepción.
Era impotencia.
No pronunció palabra. Pero esa mirada fue más pesada que cualquier grito.
Garbard, por su parte, fijó los ojos en su nieto.
En su rostro no había ira explosiva, sino una tristeza profunda y contenida.
—?Por qué hiciste esto, Kael? —preguntó, con una gravedad que atravesaba el pecho.
Kael respiraba con dificultad. La sangre seguía cayendo, pero su postura permanecía firme.
—Era mi misión... —respondió sin bajar la mirada—. Y no me arrepiento de haberla realizado. Pagaré las consecuencias.
El silencio que siguió fue denso.
Garbard sostuvo su mirada unos segundos más antes de hablar.
—Al llegar a la mansión se te aplicarán las curaciones necesarias. Después, serás llevado al calabozo. ?Entendiste?
Kael asintió lentamente.
Pero antes de que el asunto quedara cerrado, volvió a erguirse con un último esfuerzo.
—Acataré todas tus órdenes... con una única condición. De lo contrario, puedes matarme aquí mismo.
Un murmullo recorrió a los soldados.
Garbard entrecerró los ojos.
—Encima tienes el descaro de exigir algo...
Kael no retrocedió.
—?Así es! Permitan que esta ni?a descanse en mi habitación. Necesita reposo y curación. Si no eres capaz de prometerme eso... no me someteré.
La tensión volvió a flotar en el ambiente, aunque ya sin el caos anterior.
Garbard cerró los ojos por un instante.
No hablaba solo el Gran Lord.
También hablaba el abuelo.
La impotencia era visible, pero estaba controlada.
—Si es importante para tu juicio —respondió finalmente—, prometo cumplir lo que me pediste.
En el momento en que esas palabras fueron pronunciadas, una luz blanca se generó frente a Kael.
No era violenta como el rayo anterior. Era más pura. Más silenciosa.
La luz avanzó lentamente y se introdujo en su interior.
Un mensaje resonó con claridad.
// -- Misión completada salva la vida de todos los inocentes.... -- //
La luz se disipó.
Y Kael ya no pudo resistir más.
Un espasmo sacudió su cuerpo. Vomitó sangre, y sus piernas finalmente cedieron bajo el peso del desgaste extremo. Cayó hacia adelante sin fuerzas para sostenerse.
Los guardianes reaccionaron de inmediato. Uno tomó con sumo cuidado a la ni?a demonio, asegurándose de no lastimarla más de lo que ya estaba. Otro sostuvo al joven amo antes de que su cuerpo golpeara con violencia el suelo.
La tensión que había dominado el ambiente durante minutos comenzó a desvanecerse, pero dejó tras de sí un vacío pesado.
Ese día terminó con una Caria completamente destrozada, tanto mental como físicamente. El desgaste del combate, la presión emocional y el enfrentamiento con su propio hijo la habían quebrado más de lo que cualquier batalla pasada lo había hecho.
Y Kael...
Kael sacrificó con plena conciencia una parte de la relación con las personas que más quería.
Lo hizo por salvar a ni?os inocentes que, en gran parte, alguna vez podrían haber sido los mismos monstruos que amenazaron con destruir su reino.
Y aun así, no se arrepentía.

