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46. Rey sin propósito

  Frigidumpf es un frio reino costero al oeste del paraíso que durante su historia ha sufrido varias transformaciones, hace mucho tiempo eran pueblos de pescadores que vivián del mar en las frías y difíciles condiciones climáticas, pero con el avance de la tecnología y descubrimiento de metales y maquinas a vapor fueron, durante un tiempo, la cúspide de la innovación.

  Aunque los humanos comenzaban a dejar atrás estas máquinas para Marka era novedoso y desde los 1900 exportaban tecnología a todo el Edén, sus creaciones eran la vanguardia y amasaron una gran cantidad de riqueza que según historias se encuentra almacenada en una bóveda y es la que aun a día de hoy mantiene al reino relevante.

  La revelación de los “dioses” a los humanos en 1985 cambió para siempre a Marka la cual se ha modernizado poco a poco con su tecnología, dejando atrás a Frigidumpf pues sus máquinas e innovación se han quedado en el pasado, si no fuera por la riqueza que se dice está almacenada en la bóveda el reino se habría ido a pique hace mucho.

  Otto Haneman mide 1.93 metros de estatura, es un hombre blanco y pálido pues en su reino poco da el sol por sus condiciones climáticas, es un lugar frio y nuboso, gris. Otto tiene un cabello negro bastante oscuro dividido en el centro y peinado hacia sus lados, tiene vello en su barbilla, sus ojos marrones son bastante oscuros, su mandíbula es bastante marcada pues es un hombre delgado.

  Desde su habitación en el palacio Keltas, Otto observa su reino, en pantaloncillos y con un blanco buso, recién despertado, se reclina en su balcón y admira la capital, una fría ciudad opaca, llena de tuberías, altas edificaciones que terminan en cupulas, solo ve colores grises y amarillos, colores metálicos como el cobre y bronce. En el cielo se pueden ver aún zepelines que, aunque anticuados, atraen turistas. Otto se siente atrapado en el palacio, no tiene interés en ser rey, a sus 35 a?os “lidera” el reino, pero desde hace 20 a?os que fue nombrado por la muerte de sus padres siente que su vida carece de un propósito, tiene todos los lujos posibles pues es de la realeza, pero todo esto no le genera nada.

  De repente alguien irrumpe en la habitación de Otto, es Leo Haneman, su tío, un hombre de 1.90 de estatura, su cabello casta?o es un poco largo y llega hasta sus hombros, este lo peina hacia atrás y se marcan un poco sus entradas, su rostro es bastante tosco y masculino, marcado, su mirada es penetrante y su ce?o que parece siempre fruncido no parce encajar con sus ojos verdes. Leo viste un traje bastante elegante, de un azul oscuro, con corbata, sombrero y bufanda, su ropa está adornada con bastantes cadenas y peque?os adornos colgantes típicos de los habitantes de la capital, pero mucho más valioso pues era de la realeza.

  Otto quita sus manos de la baranda del balcón y se gira, tras él está Leo quien mira la habitación admirándola como siempre, pues está llena de valiosos regalos de otros reinos o familias importantes, aunque está un poco sucia y desordenada ya que Otto había despedido a la anterior sirvienta hace unas semanas.

  –Hay nuevas candidatas Otto, esta tarde tendrás una reunión con la siguiente. (dijo Leo).

  –Pfff (suspiró Otto quejándose) Sabes que estoy harto tío Leo. (dijo Otto).

  –?Cuántas veces hemos tenido está conversación que cada vez es más frecuente? (preguntó Leo con un tono molesto) Eres un desconsiderado con tu pueblo, este reino se está desplomando, tal vez por vivir en la capital no lo notas, pero los distritos y las periferias sufren económicamente, eso se refleja en su calidad de vida. (dijo Leo molesto).

  –Lo se tío, pero yo- (decía Otto cuando fue interrumpido por Leo).

  –?Necesitas conexiones!, tienes que casarte con una familia poderosa de reinos cercanos, necesitamos alianzas. (dijo Leo).

  –Sabes que he tenido “reuniones” con varias candidatas, pero… pero yo quiero encontrar el amor verdadero… no casarme solo por “alianzas”. (dijo Leo).

  –Sabes que eso son estupideces. Esta tarde tendrás otra reunión y punto. (dijo Leo).

  Leo se da la vuelta y comienza a caminar hacia la puerta, Otto lo ve alejarse, Leo sale por la puerta y coloca la mano en la manilla y cierra. Otto ve la puerta cerrada en silencio cuando esta se vuelve a abrir de repente, era Leo otra ves que desde el pasillo habla.

  –Olvide decirlo, tu nueva sirvienta está aquí, la dejaré entrar para que organice este lugar. (dijo Leo)

  Leo se va, Otto desde el otro extremo de la habitación ve como por la puerta entra una mujer de 1.82 metros de estatura, esta cierra la puerta, su cabello es de un casta?o bastante claro, tiene unos brillantes ojos azules, su piel es blanca y pálida como la mayoría de habitantes del reino, tiene algunas pecas. Otto la observa fijamente como si la estuviera juzgando, esta parece un poco nerviosa, su cabello es un poco ondulado y está recogido en la parte de atrás, tiene flequillo en su frente y dos mechones que caen por los laterales de su cara.

  Cuidadosamente y cabizbaja esta mujer da unos pasos al frente, con una actitud al parecer tímida, viste el traje que todas las sirvientas tienen en el palacio, un negro vestido de falda media, acinturado y ajustado, de magas cortas y cuello apretado, con algunos detalles blancos en sus extremos y con un mo?o blanco atado en su cintura en la parte de atrás, tiene unos negros zapatos en rampla y unas transparentosas medias veladas negras en sus piernas.

  –Levanta tu rostro, ?Cuál es tu nombre?. (preguntó Otto).

  Aquella mujer levanta su rostro, tiene unas facciones delicadas, sus labios son pálidos, algunas pecas que se concentran principalmente bajo sus ojos le dan un toque único, Otto piensa que tiene un rostro atractivo y ve una cicatriz horizontal en su nariz, como si hubiera sufrido un corte, algo que claramente algunos pensarían que da?aría su belleza, pero para Otto es lo contrario, esto le da personalidad a su rostro.

  –Mi nombre es Liorela. (dijo Liorela).

  Otto mira el cuerpo de Liorela, parece delgada, sus pechos son medianos, pero fijándose bien, en sus piernas y brazos tiene un poco de musculo.

  –?De dónde vienes? (preguntó Otto).

  –De las periferias se?or, del campo.

  Para Otto esto tiene sentido, el trabajo del campo ha formado su cuerpo. Liorela es la cuarta sirvienta en lo que va del a?o.

  –Si me disculpa voy a comenzar a limpiar, el se?or Leo me ha pedido que ordene su cuarto. (dijo Liorela).

  –Adelante. (dijo Otto).

  Liorela toma un plumero, comienza a limpiar la habitación de Otto, uno a uno limpia los objetos que hay allí, es una gran habitación llena de lo que parecen ser objetos muy valiosos, vasijas, adornos de piedras preciosas, cuadros en las paredes, todo lo esperable del cuarto de un rey. Liorela toma un monóculo y Otto se sienta en su cama observándola.

  –?Qué es esto? (pregunta Liorela).

  –Eso es un monóculo. (dijo Otto).

  –?Un qué? (preguntó Liorela confundida).

  –Un monóculo… es como las gafas, pero solo un lente, se usa para leer… bueno en este caso es solo un accesorio. (dijo Otto).

  –?Pero de donde se sostiene? O sea… las gafas son sostenidas por tus orejas… ?Acaso esto flota o qué? (preguntó Liorela).

  Otto sonrió un poco, le gusta la curiosidad de Liorela.

  –Bueno, lo sostienes con tu mano para leer, se supo- (decía Otto cuando fue interrumpido por Liorela).

  –Qué cosa más impráctica entonces, es mejor usar unas gafas y ya. (dijo Liorela).

  –Jajaja (rió Otto) Bueno eso es cierto, pero era usado como accesorio… es decir tener un monóculo muy valioso da estatus, pues sabes que- (decía Otto cuando fue interrumpido nuevamente).

  –?Ridículo!, no lo entiendo, que estatus ni que estupideces, además nosotros no sufrimos mucho de la vista, No somos humanos ?sabes?. (dijo Liorela).

  –Aunque tarde bastantes a?os en deteriorarse tu vista puede pasar… o de nacimiento puedes tener una vista deficiente, además- (decía Otto cuando fue interrumpido una vez más).

  –Bueno y si tuviera una vista deficiente no compraría estas cosas, me compraría unas gafas, además seguro que me vería más linda con unas gafas que con esto. (dijo Liorela girándose y sosteniendo el monóculo en su ojo).

  Otto miró a Liorela, esta lo observaba a través del monóculo.

  –Bueno…. Si, te verías mejor con unas gafas. (dijo Otto).

  –Lo ves… definitivamente estas cosas que… (decía Liorela sin parar de hablar).

  Otto había dejado de prestar atención a Liorela, esta no se callaba, además lo había interrumpido tres veces, esto jamás le había pasado con otra sirvienta.

  –Esa forma de hablar (pensó Otto mirando a Liorela quien no paraba de hablar) Definitivamente es de las periferias, de algún pueblo… su falta de modales… (pensaba Otto cuando se llevó sus manos a la cara rápidamente) ?Qué estoy diciendo?. Esta forma de juzgarla, error mío, maldita educación en la realeza… debo eliminar estos pensamientos de mala fe… al contrario, ?Ella no se calla!... ?Ella me interrumpe como si fuera alguien más!, esto es… ?Fantástico!. (pensó Otto).

  Otto quitó sus manos de su cara y continuó mirando a Liorela, quien todo este tiempo había estado hablando, pero él no le prestó atención. Otto había tenido otras tres sirvientas este a?o y otras muchas más en a?os anteriores, todas las despedía por el mismo motivo, se comportaban como objetos, como maniquíes, solo hablaban para preguntar cosas como “?Quiere el se?or algo más?”, si limitaban a responder si o no, parecían no tener una opinión propia, estaban vacías, pero esta mujer, es demasiado directa, esta mujer dice lo que piensa y parece no callarse… eso le gusta a Otto.

  Liorela continúa limpiando mientras habla y por accidente deja caer una vasija, la cual se rompe.

  –Lo siento mucho se?or Otto. (dijo Liorela agachándose a recoger los pedazos).

  Visiblemente asustada y nerviosa Liorela recoge los pedazos uno a uno, su actitud directa había desaparecido, estaba cabizbaja asustada pues en su primer día de trabajo había roto algo muy valioso, asustada no es capaz de mirar al frente, pero de repente mientras extiende su mano para recoger un fragmento Otto le toma la mano.

  –Lo siento mucho se?or Otto, de verdad, no se cuánto valga esto, pero lo pagaré yo- (decía Liorela cuando Otto le hala su mano para levantarla).

  –Levanta la mirada Liorela, además te pido, deja de llamarme se?or Otto y ni pienses en decirme amo, solo dime Otto, te doy el permiso de hacerlo, es más quiero que me llames Otto. (dijo Otto).

  Liorela levanta su mirada, Otto la ve de cerca, definitivamente esta mujer es hermosa, muchos dirían lo contrario al ver la cicatriz, pero esta mujer para Otto, es hermosa.

  –Pero eso vale bastante se?o- eso vale bastante, Otto. (dijo Liorela).

  –Solo vale dinero, son regalos vacíos con intención de ganarme, me da igual. (dijo Otto).

  Otto suela la mano de Liorela y se acerca al balcón.

  –Deja los fragmentos ahí, ven aquí. (dijo Otto).

  –Pero el se?or Leo- (decía Liorela cuando fue interrumpida por Otto).

  –Me da igual lo que diga mi tío. (dijo Otto).

  Liorela deja los fragmentos sobre una mesa y comienza a acercarse a Otto cuando este de repente se gira y extiende la palma de su mano en se?al de que se detenga.

  –?Espera! (dijo Otto).

  De repente Liorela se queda quieta, confundida.

  –Te estoy dando órdenes, como un… maniquí, si ordenes, soy un idiota. (dijo Otto).

  –Pero si soy su sirvienta debo seguir órdenes. (dijo Liorela).

  –Eso es lo que no quiero, una simple sirvienta, no debo ordenarte, debo saber que quieres. Elige, ?Quieres limpiar o quieres venir a admirar un poco la ciudad desde el balcón? (preguntó Otto).

  –Pues… limpiar es mi trabajo así que… (dijo Liorela).

  –?Qué quieres decir? (preguntó Otto).

  –Pues que… limpiar es mi trabajo y no quiero hacerlo… preferiría admirar la ciudad que trabajar obviamente. (dijo Liorela).

  Otto miró a Liorela a los ojos y sonrió, cualquier sirvienta seria despedida por decir que prefiere hacer otra cosa que no sea su trabajo, esta mujer es demasiado directa, dice lo que piensa incluso sin importarle las consecuencias… eso le gusta a Otto.

  –Si… tampoco me gusta mi trabajo. (dijo Otto).

  Liorela se acerca a Otto y se reclina sobre el balcón, juntos admiran la ciudad. Liorela ve los grandes edificios que terminan en cúpula, las tuberías y vapor saliendo de las casas, los zepelines surcando los cielos y se sorprende.

  –Esto es tan diferente a mi pueblo, allá no hay estas cosas. (dijo Liorela).

  –Si, pero… aun así, esto se está quedando atrás, la tecnología de los humanos es más avanzada. (dijo Otto).

  –Eso he oído, pero… aun así la capital tiene su encanto, es como… ?Un museo? Aunque nunca he estado en uno, pero si como un museo. (dijo Liorela).

  –?Nunca has estado en un museo? (preguntó Otto).

  –No… pero lo he imaginado varias veces en mi cabeza, los museos son como… (dijo Liorela, comenzando otra vez a hablar sin parar).

  Otto escuchaba, aunque divagaba mientras admiraba la capital, Liorela no puede callarse, una vez comienza no se detiene, eso a Otto le gusta.

  –Y por eso las- (decía Liorela cuando recuerda algo) Oh es cierto, después de ordenar la habitación debía ir a ayudar en otras cosas del palacio. Lo siento Otto, no terminé de ordenar tu habitación, pero volveré más tarde… o ma?ana, o dame un momento debo- (decía Liorela cuando fue interrumpida por Otto).

  –No hay problema, puedes irte. (dijo Otto).

  Liorela rápidamente corrió por la habitación hasta la puerta, tomó la manija y abrió, se giró y despidió de Otto con un gesto, luego salió por la puerta y la cerró fuertemente. Al oír el sonido de la puerta cerrándose Otto despertó, estaba en otro lugar completamente diferente al palacio, estaba so?ando otra vez, so?ando con Liorela.

  En una habitación casi vacía, solo con una cama, armario y un televisor, con una sola ventana que da vista a la calle, Otto se levanta, bosteza y estira sus brazos, luego mira a la pared en silencio unos segundos. Otto sale a un pasillo, avanza por este hasta llegar a las duchas, toma un ba?o y vuelve a la habitación, mientras regresa escucha a la gente de los pisos de abajo bebiendo y charlando.

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  Otto se arregla, se viste, se coloca un sombrero, una bufanda y gafas, no quiere que se vea su rostro, sale de la habitación, avanza por el pasillo una vez más, pero en dirección contraria, llega a unas escaleras y desciende por ellas, al bajar está en una gran habitación, con mesas, la gente come y bebe incluso temprano en la ma?ana, aunque no está tan abarrotado el lugar como en las noches, Otto está en una taberna.

  Lo primero que hace en la ma?ana es saludar al due?o de la taberna con un gesto, este le devuelve el saludo y Otto se sienta junto a la barra.

  –?Lo de siempre se?or Toro? (preguntó el due?o de la taberna).

  –Exactamente, lo de siempre. (dijo Otto).

  Lo primero que hace Otto en la ma?ana es beber cerveza junto a su comida, no debería hacerlo, es más, a Otto no le gusta el sabor de la cerveza, prefiere el sabor de licores más refinados, pero puede hacerlo porque ahora Otto es libre, puede beber o comer lo que quiera cuando quiera, definitivamente tiene la libertad para hacer lo que quiera. Otto termina de comer, paga y se despide con un gesto nuevamente, sale de la taberna, inhala profundamente y luego exhala despacio.

  –Otro día más para hacer lo que me plazca, porque soy libre. (dijo Otto en voz alta).

  En el paraíso, en la academia se encontraban Anne, Lauren y Boris, quienes desde su última misión no habían tomado otra, haber participado en una misión relacionada con las disidencias los había dejado con ganas de más, por su actuación en una misión nivel cinco fueron promovidos a nivel dos inmediatamente, pero esto no era suficiente para ellos, pues las misiones relacionadas a las disidencias solo estaban disponibles para niveles cinco o superior.

  Anne y compa?ía no han perdido el tiempo, se han dedicado a su entrenamiento, sienten que deben ser más fuertes, no toman misiones nivel uno o dos, son demasiado simples para ellos, escoltar algún cargamento o alguien de no mucha importancia les parecía una pérdida de tiempo, querían poner a prueba sus habilidades, aunque seguían siendo novatos, e ilusos.

  En un edificio, específicamente en el de los dormitorios, en el primer piso que era el comedor, durante el desayuno, Lauren, Anne y Boris se reúnen para comer y hablar una vez más.

  –?Entonces que hay de nuevo? (pregunta Boris).

  –Si, ilumínanos subcapitana Lauren por favor. (dijo Boris).

  –Esta vez es sobre Frigidumpf, ?Conocen este reino? (preguntó Lauren).

  –Sí, el que queda al oeste del Paraíso, el anticuado que no se ha modernizado. (dijo Anne mientras comía).

  –Pues parece que el Paraíso ha iniciado una investigación. (dijo Lauren).

  –?Por los ataques de las disidencias? He oído que ya no los atacan desde hace un tiempo. (dijo Boris).

  –Si, desde que han comenzado las investigaciones se han detenido. (dijo Lauren).

  –Extra?o… pero ?A dónde quieres llegar?. (preguntó Boris).

  –Desde hace ya casi un a?o, Frigidumpf ha recibido constantes ataques por parte de las disidencias, pero solo en las periferias, mueren algunos habitantes y después… no ocurre nada, ?Cuál es el propósito de estos ataques? (preguntó Lauren) Pues parece que se les acusa de aprovecharse de esto para recibir bonos de ayuda por parte del Edén, recibiendo grandes cantidades de dinero. (dijo Lauren).

  –OHHH (Suspiraron Anne y Boris mirándose el uno al otro) ?Entonces hay alguna misión? (preguntaron Anne y Boris al unisonó).

  –No… o sea si hay, pero… nivel cinco o superior. (dijo Lauren).

  Anne y Boris chasquearon en se?al de molestia, el grupo terminó de comer.

  –Maestra Sophie, ?Hay alguna posibilidad de ser asignados a algún grupo relacionado con lo de Frigidumpf?. (preguntó Lauren acompa?ada de Anne y Boris quienes habían ido al despacho de su maestra).

  Incluso después de haberse graduado el grupo recurría una vez más a su maestra por concejos.

  –No. (respondió Sophie de manera cortante).

  –Pero es que- (decía Anne cuando fue interrumpida por Sophie).

  –No y punto, les advierto chicos, no deben saltarse pasos, todo a su tiempo. ?Quieren ser nivel cinco? Esfuércense por ello, paso a paso. (dijo Sophie).

  –Pero las misiones nivel uno y dos son demasiado simples necesitamos más. (dijo Boris).

  –Oí que en tu tiempo las cosas no eran así. (dijo Anne).

  –En mi tiempo… (dijo Sophie divagando un poco mientras recordaba el pasado) En nuestra época las cosas eran diferentes, estábamos en guerra, algo que ustedes no han vivido. Rápidamente se avanzaba de nivel o incluso éramos graduados con niveles superiores porque el Edén necesitaba legionarios, necesitaba armas, éramos ni?os enviados a una guerra. (dijo Sophie).

  Mientras tanto en Frigidumpf Otto disfruta de su libertad, camina por las calles de la ciudad, observa los alrededores de lo que una vez fue su reino, lo que observaba desde el balcón de su habitación en el palacio Keltas, ahora es libre, sin responsabilidades, es capaz incluso de divagar sin rumbo. Otto se dirige a la costa de la capital, toma un tranvía, intenta dormir en el camino, pero no puede, por lo que desde la ventana mira los alrededores, un reino atascado en el pasado, nostálgico de una peque?a época de gloria donde era la cúspide de la innovación.

  El reino se niega a utilizar la tecnología humana, solo se ven algunos antiguos autos a vapor en las calles, los celulares son extra?os para sus habitantes. Incluso reinos cercanos o peque?os territorios se han actualizado, pero no Frigidumpf, lo único que mantiene este reino importante es su prometida “bóveda de tesoros”.

  Otto baja del tranvía, está en la costa, paga y sube a un ferry para observar a los Urfren. El ferry parte y recostado en la baranda Otto observa estas creaturas nadar, se parecen a un lobo marino, pero tienen una aleta dorsal y dos cuernos amarillentos que salen de sus cabezas se juntan al frente casi tocándose desde donde lanzan peque?as pero veloces ondas de energía que impactan con peque?as creaturas como peces dejándolos inmóviles y aturdidos.

  Todos aquellos en el ferry escuchan desde la bocina como el guía habla datos sobre estas creaturas, una ni?a visiblemente aburrida junto a Otto bosteza.

  –Esto es aburrido. (dijo aquella ni?a mirando recostada en la baranda).

  –?Aburrido? (preguntó Otto).

  –Si… no es la primera vez que estoy acá, siempre dicen lo mismo. (dijo aquella ni?a).

  –Yo conozco un dato que nunca dicen. (dijo Otto).

  –A ver, ?Cuál es? (preguntó aquella ni?a).

  –Los Urfren son creaturas solitarias, pero una vez encuentran una pareja es para toda la vida, si uno de los dos muere, el otro no puede vivir solo y se hunde sin salir a la superficie por aire hasta morir. (dijo Otto).

  –?Qué?, ?Quién te dijo eso? (preguntó aquella ni?a).

  –Alguien especial hace un tiempo. (dijo Otto).

  –Mmm… eso es bastante trágico. (dijo aquella ni?a).

  –?Trágico? A mí me parece romántico. (dijo Otto).

  –No, no, no romántico, solo trágico. (dijo aquella ni?a).

  El viaje en Ferry termina, Otto baja y sale del peque?o puerto, caminando junto a la costa ve a un vendedor de pinchos de Urfren, compra uno y se lo come mientras camina de vuelta hacia un tranvía para volver al centro de la capital. En la noche la taberna está a rebosar, todos beben y comen, disfrutan de lo que sea que estén pasando en la televisión o conversan entre ellos, el due?o de la taberna ve a el se?or “Toro” entrar.

  Otto se sienta junto a la barra, a beber y comer un poco entre aquella multitud. En la televisión están pasando las noticias sobre el reino, se da nuevamente un reporte de la investigación del Paraíso sobre el caso por el cual se investiga a Leo Haneman, actual rey de Frigidumpf. Las declaraciones de Leo son las mismas de siempre, según él, el paraíso está buscando una manera de no ayudar al reino ante los ataques de las disidencias.

  El due?o de la taberna quien sirvió la comida a Otto está junto a la barra y viendo el reporte de las noticias habla.

  –?Y usted que piensa se?or Toro? (pregunta el due?o de la taberna).

  –?De qué? (pregunta Otto mientras come).

  –De todo esto… de las disidencias, las investigaciones, ?No es todo extra?o?. (pregunta el due?o de la taberna).

  –Yo no tengo ni idea, lo mejor es esperar a que avancen las investigaciones del Paraíso. (dijo Otto).

  –Mmm, mira cómo se viste ese tipo y entra de nuevo al palacio, que cantidad absurda de dinero ha de tener. (dijo el due?o de la Taberna viendo la televisión) Imagina ser el rey y ser culpable de lo que se le acusa, dejar morir a su gente por dinero, eso me pesaría en la consciencia. (dijo el due?o de la taberna).

  Otto se queda quieto un momento ante lo que acaba de escuchar, para de masticar, de beber, no mueve ni un centímetro más su cuchara, mira el plato de comida en silencio unos segundos.

  –?Y si mueren unos pocos, pero se beneficia todo el reino? (pregunta Otto).

  –No, yo no podría hacerlo. (dijo el due?o de la taberna).

  –Mmm, tienes moral. (dijo Otto volviendo a comer).

  –Claro que sí, ?Acaso no todos tenemos moral? Sabemos que está bien o mal (dijo el due?o de la taberna con un tono serio). Aunque, con todos los lujos que viven los de la realeza, no se detienen a pensar en su moral, solo disfrutan de una cantidad de riqueza que no podríamos ni imaginar, es más, esa tal “bóveda” debe estar vacía, ya se la han gastado en excesos… incluso hasta yo con tanto dinero caería en excesos… ?No te parece?, ?No querías ser rey también? (preguntó el due?o de la taberna).

  –No. (respondió Otto).

  –?Qué?, ?En serio? (preguntó el due?o de la taberna) ?Quién no querría ser rey? Comida exquisita, lujos… sobre todo no hay preocupaciones de si llegaras a final de mes, más en un reino como este que se está hundiendo, la tranquilidad es importante. No lo entiendo… ?Por qué no querrías ser rey?. (pregunta el due?o de la taberna).

  –Porque sería una vida aburrida y vacía, sin propósito, todos quienes se te acerquen no ven a la persona, ven el dinero y poder. (dijo Otto).

  –Pero ?Qué más da? Si lo tendrías todo… (dijo el due?o de la taberna).

  –No tendrías nada (dijo Otto apretando fuertemente su cuchara) no tendrías conexiones genuinas con los demás, todos tendrían una máscara y un teatro preparado para actuar como creen que más te gustaría… Todos en nuestra vida buscamos un propósito por el cual vivir, dinero y excesos solo te distraerán temporalmente pero cuando estas distracciones se acaban veras que no tienes nada, que estas vacío, sin ese propósito, sin ganas de seguir adelante… (dijo Otto).

  –?Entonces cuál es tu propósito? (preguntó el due?o de la taberna).

  Otto deja escapar una peque?a sonrisa.

  –El amor, encontrar el amor. (dijo Otto).

  –?El amor se?or Toro? Si fuera rey tendría a todas las mujeres que quisiera, esas mujeres con las que un pobre trabajador solo sue?a, hermosas, elegantes, perfectas. Creo que me ahogaría en sexo hasta morir. (dijo el due?o de la taberna).

  –?Perfectas? (pregunta Otto mirando a la nada) Tan extra?amente perfectas y arregladas que parece falso, como mu?ecas hechas para el mejor postor… ?Sexo? Caer en la lujuria es otra droga que cuando su efecto termina estas vacío porque comprendes que esa conexión no fue genuina, nada ha de comprarse al sexo entre dos personas que realmente se aman, incluso solo un beso con el amor de tu vida no se compara a nada más… nada se compara a amar de verdad. (dijo Otto con cierta nostalgia).

  –No sabía que era usted un romántico se?or Toro. (dijo el due?o de la taberna).

  –Lo soy. (dijo Otto terminando de comer).

  –Espero entonces que algún día encuentre el amor su vida como dice… es más, hasta a mí me dieron ganas de encontrar el amor con sus palabras. (dijo el due?o de la taberna).

  Otto termina de comer, se levanta de la barra y se despide del due?o de la taberna, avanza entre la multitud de gente, un poco nostálgico por la conversación que acaba de tener llega a las escaleras y las sube. Otto está un poco cabizbajo, llega al piso de su habitación y avanza por el pasillo hasta la puerta, con la llave la abre, entra a esta vacía y solitaria habitación y cierra.

  Acercándose a la ventana Otto Observa las calles y las luces de las edificaciones en la capital, mira a la nada un rato, luego se cambia quedando solo en pantaloncillos para irse a dormir, se sienta primero en la cama mirando al suelo, pensativo, pero decide no darle más vueltas al asunto y se acuesta, cierra fuertemente sus ojos para intentar dormir.

  Otto no puede dormir, abre sus ojos molesto y se sienta nuevamente en el borde de la cama, mueve su pie ansioso recordando lo que le dijo el due?o de la taberna, que le pesaría en la consciencia lo que ocurre si el fuera rey.

  –?Me pesaría en la consciencia? (se preguntó Otto) Claro que me pensaría en la consciencia… dejar morir a los habitantes… por dinero. (pensó Otto).

  Otto se tira a la cama con sus brazos abiertos.

  –?A dónde voy con tanta moralidad ahora? (se preguntó Otto) solo me preocupaba por mi felicidad, era egoísta, no me importaba el reino… yo… ?YO!, no quería ser rey, yo quería un propósito, encontrar la felicidad. ?NO ME IMPORTA SER EGOISTA!. Pero jamás mate a nadie, ?JAMAS DEJARIA MORIR A NADIE COMO éL!. (pensó Otto molesto).

  Después de dar vueltas en su cama Otto finalmente logra conciliar el sue?o.

  Otto se encuentra en su lujosa habitación en el palacio Keltas, recostado en la baranda admirando la ciudad, mientras Liorela que ya lleva un par de semanas limpia su habitación nuevamente, esto es solo una excusa, él disfruta la compa?ía y conversaciones, de esta atrevida mujer que dice lo que piensa, sin tapujos.

  –?Soy egoísta Liorela? (pregunta Otto).

  –?A qué te refieres? (pregunta Liorela).

  –Pfff (suspira Otto) por pensar en mi felicidad y no preocuparme por el reino. (dijo Otto).

  –Pues eres el rey… pero como siempre dices, no quieres serlo. (dijo Liorela).

  –Si… soy egoísta. (dijo Otto).

  –Pero todos… todos, absolutamente todos pensamos en nuestra felicidad, incluso siendo egoístas. (dijo Liorela parando de limpiar) Incluso yo, estoy trabajando aquí por dinero, dejé a mi familia y vine a la capital a buscar un trabajo para ahorrar lo suficiente para finalmente terminar de pagar la casa en la que viven. (dijo Liorela).

  –Eso no es ser egoísta, es ser bast- (decía Otto cuando fue interrumpido por Liorela).

  –Quiero terminar de pagar la casa en la que viven para que ellos puedan vivir del campo, y así irme lejos, quiero dinero para olvidarme de mi familia y disfrutar de mi vida, yo también soy egoísta, todos lo somos. (dijo Liorela).

  Otto mira los azules ojos de esta mujer, su flequillo y mechones en sus laterales, sus pecas, esa cicatriz que a él le parece tan hermosa y que da personalidad. Otto sonríe un poco mirándola, podría darle el dinero para que ella pague la casa de sus padres y así irse, pero él será egoísta, comparadas a las sirvientas anteriores no quiere perder a esta de su lado, es la única con quien disfruta su tiempo en el palacio.

  –Te subiré el suelo Liorela. (dijo Otto).

  Liorela abre sus ojos sorprendida.

  –No, no, Otto lo que te conté no es para que tengas pesar por mi situación o nada yo- (decía Liorela cuando fue interrumpida por Otto).

  –Seré egoísta, podría darte el dinero suficiente y que te vayas, pero te subiré el sueldo para que pases un poco más de tiempo aquí en el palacio, porque disfruto de tu compa?ía. (dijo Otto).

  –?Desde cuándo interrumpes a alguien cuando está hablando? (preguntó Liorela).

  –Lo aprendí de ti, para poder decir lo que siento en el momento. (dijo Otto).

  –Jajaja, no tienes que aprender mis malos modales también. (dijo Liorela).

  Otto ve a Liorela reír, esta mujer es hermosa, tiene algo que las demás no tienen. Liorela es llamada a otra parte del palacio y debe irse, esta avanza por la habitación, coloca su mano en la manija y la gira, abre la puerta, sale y antes de salir mientras cierra la puerta asoma su cabeza.

  –Yo también disfruto de tu compa?ía Otto. (dijo Liorela).

  Liorela se va y el sonido de la puerta resuena en los oídos de Otto quien despierta al instante, agitado y sentándose de inmediato con sus manos extendidas al frente intentando alcanzar algo, mira a su alrededor y está en la habitación en el piso superior de la taberna. Otto se toca su rostro con sus manos como si tratara de saber si es real este momento o no.

  –Es cierto… yo ahora soy libre, soy libre. (dijo Otto en voz baja).

  Tal cual, como el día anterior, Otto se levanta, sale de su habitación y se dirige a las duchas al final del pasillo, vuelve, se arregla con ropa que tapa gran parte de su rostro, sale y baja las escaleras. Otto come y bebe a primera hora del día y sale de la taberna, camina por las calles mirando a su alrededor y tratando de apreciar cada momento.

  Otto camina por las calles hasta detenerse frente a la estación de zepelines de la ciudad, un transporte anticuado pero turístico, que aun a pesar de todo sigue siendo útil. Otto entra a la estación, compra un tiquete, se sienta y mira el tiquete en silencio, está listo para irse. Otto se dirige hasta el pasillo de abordaje por el cual avanza lentamente, camina dando un paso y luego el siguiente, ?el pasillo se hace eterno?, ?o es él quien no quiere avanzar?.

  En medio del pasillo Otto se detiene, no continúa avanzando, se dirige a un lateral y desde las ventanas ve a la gente subir a los zepelines, hasta el último de ellos y luego, el zepelín parte, Otto lo ve lentamente alejarse en el cielo, luego vuelve por el pasillo, mira el tiquete en silencio un par de segundos antes de romperlo y tirarlo a la basura. En medio de la estación Otto se queda quieto mirando el suelo.

  Otto sale de la estación y levanta una mirada una vez más.

  –Yo soy libre, ?Soy libre!. (se dice Otto a si mismo).

  El día continua, Otto se sienta en un banco en el parque, ve a los ni?os correr y jugar, los habitantes paseando a sus mascotas, otros como él están sentados admirando su alrededor. Otto ve a las parejas, caminar de la mano, sonriéndose el uno al otro, besándose… Otto las envidia así que decide irse de aquel parque.

  Después de divagar por la capital Otto vuelve a la taberna en la noche, otra vez está abarrotada de gente, comiendo y bebiendo, una vez más las noticias están pasando por televisión, Otto se dirige a la barra, saluda al due?o de la taberna y pide lo de siempre, mientras come y bebe avisan en las noticias que el gran banquete se acerca.

  –Oh el gran banquete se acerca, cada a?o espero siempre por este momento. ?No esta emocionado se?or Toro?. (pregunta el due?o de la taberna).

  –Mmm, en otras circunstancias tal vez, ahora mismo no mucho. (dijo Otto mientras comía).

  –Tranquilo se?or Toro, sé que cuando el banquete comience dejará sus desdichas de lado, porque es un gran día de celebración. (dijo el due?o de la taberna).

  En la televisión se ve un reportaje de cómo está quedando adornado el palacio.

  –?Qué sentido tiene mostrarnos el interior del palacio Keltas? Si solo los nobles son invitados, a nosotros siempre nos toca a las afueras del palacio en la gran plaza. (dijo el due?o de la taberna).

  –Tienes razón, es estúpido. (dijo Otto).

  –?Qué se sentirá celebrar dentro del palacio? Estoy seguro que está lleno de extravagancias, excesos… (dijo el due?o de la taberna).

  –Disfruta más la gente afuera, es más auténtico, créeme. (dijo Otto).

  –Otra vez con el pesimismo se?or Toro, ?Me va a decir que sería horrible estar ahí?. (preguntó el due?o de la taberna).

  –Créeme, debe de solo haber nobles, poderosos, aparentando el uno frente al otro con máscaras, todo para crear conexiones… créeme, afuera con quien hables o no es auténtico, es ameno, es real. Intentas conocer nueva gente, tal vez incluso al amor de tu vida, o celebras con tu familia, con quien te importa. (dijo Otto).

  –A veces dices las cosas como si las hubieras vivido. (dijo el due?o de la taberna).

  –Solo créeme. (dijo Otto).

  –No me digas que eres un ni?o rico que está escapando de su familia. (dijo el due?o de la taberna).

  –Algo así, prefiero no hablar de eso. (dijo Otto).

  –Mmm entonces debes estar acostumbrado a regalos caros el día del banquete. (dijo el due?o de la taberna).

  –Un regalo caro no significa nada. (dijo Otto).

  –?Cómo no?, si es algo caro, es valioso, vale mucho dinero, debe significar mucho. (dijo el due?o de la taberna).

  –Si, pero… si te sobra el dinero, dar algo muy valioso es… un sin sentido, porque solo vale eso, dinero. Un verdadero regalo, es algo que nace del corazón, de tu esfuerzo, algo con significado que le das a alguien importante para ti. (dijo Otto).

  –Mmm, supongo que tienes razón, no tengo tanto dinero… así que el regalo que siempre doy a mis hermanos es un gran sacrificio, lo que cuesta ese regalo significa días de trabajo, días de mi tiempo y de mi vida. (dijo el due?o de la taberna).

  –Y por eso, ese regalo es importante, por el cari?o detrás de lo que das. (dijo Otto).

  Otto continúa comiendo, las noticias hablan de lo mismo, las investigaciones del Paraíso.

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