Andrew miraba a la profesora mientras hablaba de la Primera Guerra Corporativa. Le costaba concentración, a pesar de ser un tema del que tenía monta?as de apuntes: cómo las corporaciones habían perdido, cómo el gobierno logró un control férreo sobre el país y cómo, después, permitió que empresas privadas se expandieran por Europa. Andrew mordisqueó su bolígrafo verde. Estaba seguro de que aquello había sido una táctica para deshacerse de los perdedores o los problemáticos.
Lo que le hacía apretar los dientes con rabia, sin embargo, era cuando la profesora hablaba de la guerra entre EE.UU. y los cárteles mexicanos, un conflicto que —según ella— había fortalecido a las corporaciones. Pero, ?qué había causado realmente la guerra? ?Qué era México? Había tanta información que le faltaba.
Un timbre agudo lo sacó de sus cavilaciones y, para su vergüenza, descubrió que su cuaderno estaba lleno de garabatos. Además, el aula estaba casi vacía. Se levantó de un salto, recogió sus cosas y salió casi tropezando con la puerta.
En el pasillo, el estruendo de cientos de estudiantes y las miradas de desconocidos le recordaron de pronto que estaba en la escuela, que las clases acababan de empezar. Amigo A y Amigo B lo esperaban junto a los casilleros, quejándose y burlándose de él. Andrew se sorprendió, no por primera vez, de que tantos chicos del campamento estuvieran en el mismo instituto.
Mientras caminaba, vio a Ashley acercándose y pegándose a su costado, pidiendo que la llevara a su clase. Ella sujetaba su brazo con familiaridad. Las risas de sus amigos a su espalda le hicieron rodar los ojos. Ellos no sabían nada de lo que era cuidar a alguien.
De camino, Ashley se balanceaba colgada de su brazo como si fuera un columpio, hablando sin parar de su clase de matemáticas o de los chismes del instituto. Andrew se rió de muchos de esos rumores sobre el campamento: de cómo algunos chicos y chicas ahora daban mucho el pecho, cuando todo lo que habían hecho eran ejercicios, clases, comidas, ba?os y trabajo comunitario.
—Eres una chismosa —le dijo Andrew, y ella le respondió con unos golpecitos de sus brazos de espagueti.
Ashley también dijo que Gilipollas seguía siendo Gilipollas, pero al parecer Idiota tenía novia. —Qué tontería —masculló Andrew—. ?Para qué quieres besarte con una chica? Es asqueroso.
Tras dejar a Ashley en su aula, no sin antes recibir un abrazo y la promesa de jugar más tarde al Doctor Sinclair, Andrew corrió para llegar a su propia clase de matemáticas. Solo para descubrir que la profesora había sido ascendida a vicepresidenta de alguna empresa de venta de coches, y que se había llevado consigo a varios profesores más. Aquello dejó un hueco enorme en el horario.
Sus compa?eros empezaron un escándalo descomunal, hasta que el director apareció para echarlos a todos a la cancha de la escuela con unos balones de fútbol y baloncesto. Andrew se incluyó en el grupo, a pesar de que su único plan era esperar a que Ashley saliera.
Ya en la cancha, se sentó en un banco de cemento y sacó su consola para jugar a un FPS. Para su irritación, Gilipollas se plantó a su lado.
—Oye, colega, ?cómo está tu hermana? —le preguntó Gilipollas con un tono de voz arrastrado, como de lagarto.
Andrew giró la cabeza tan rápido que le crujió el cuello, pero contuvo la reacción al ver la sonrisa de mierda del otro.
— ?Toqué un nervio, verdad, colega? Solo diré que no sabía que ella estaba tan mal. Me fallaste, Andrew.
El maldito Gilipollas actuaba como si fuera alguien, secándose lágrimas imaginarias. ?Fallar? ?De qué habla?
— Mira, maldito, no te creas gran cosa por hacer más flexiones —agarró a Gilipollas por el cuello, pero este solo se rio y negó la cabeza. Andrew comenzó a temblar—. Ahora dime de qué hablas, antes de que te rompa la cara.
— Te lo diré ahora, co-le-ga —Gilipollas lo agarró a su vez por el cuello—. Tú apenas haces flexiones. Venga, tienes problemas.
Andrew notó que los inútiles de sus compa?eros los rodeaban, esperando una pelea. Amigo A y Amigo B no estaban a la vista. Ok, tiene claro lo que hará: dejará esta pelea. No es el momento ni tiene ganas de darle una paliza a Gilipollas. Tiene que averiguar qué le pasa a Ashley. La tonta se guarda cosas; claro, también es posible que ni se entere.
Pero un ardor en la mejilla y el duro impacto contra el piso de la cancha le hicieron reconsiderar. Este gilipollas se cree la gran cosa. Bueno, Andrew lo bajará de las nubes.
Se levantó y vio cómo Gilipollas sonreía y chocaba los cinco con alguien. Andrew se sacó el cinturón, se lanzó sobre él, lo tiró al piso y usó la hebilla para golpearle la cara, sacando la primera sangre. Los gritos de la pelea resonaban en sus oídos mientras usaba la correa para asfixiarlo, sin importarle que su propia cara estuviera más hinchada que una uva. Para terminar, le dio un cabezazo y le escupió al levantarse.
Se puso de pie, se acomodó los pantalones caídos, tomó sus cosas y se dirigió a la enfermería. Le dolía la cara como el demonio y sentía que la cabeza le iba a explotar. Al llegar, la enfermera solo le dio crema y unas pastillas que lo dejaron profundamente cansado.
Cuando volvió a abrir los ojos, su cabeza había dejado de explotar; ahora solo le palpitaba cuando la luz le daba de lleno. A través de un espejo empa?ado pudo ver que, aunque ya no parecía una uva, su labio seguía partido y los moretones persistían. Andrew suspiró, sacó su consola y revisó la hora: Ashley ya debería estar en su última clase.
Restregándose la cara, salió de la enfermería maldiciendo a Gilipollas, el no había querido esto. Gilipollas lo había forzado, lo había arrastrado al suelo. La violencia había sido una respuesta, no una elección. Si el idiota hubiera mantenido su boca cerrada acerca de Ashley, todo habría seguido igual. La culpa no era suya.
—Sí, Ashley es una perra rica, te lo digo yo. Pero no digas que fui yo, o después me acaba —soltó entre risitas, hablando sin parar con otras dos chicas.
Andrew luchó contra las ganas de romperle la cara. Lo último que necesita es golpear a la amiga de Ashley solo porque está molesto... aunque, de alguna manera, sí se lo merece. Suspiró, intentando calmarse.
Pudo ver con detalle como Nina paso risitas de hablar de Ashley a sus espaldas al pánico incluso grito para después salir corriendo al parecer la pelea con Gilipollas ya resuenan en los pasillos ,maldice ahora todos piensan que es un loco.
Mientras se encamina a la clase de Ashley Andrew tiene claro que tiene que hablar con Nina en privado esto es un asunto privado solo será una charla razonable, cuando sonrió escucho a mucha gente gritar y noto está sangrando del labio, cuando por fin llega la peque?a demonio le lanzo
— Mi paladín — Ashley se lanzo a sus brazo— defendiste mi honor sabía que era tu princesa.
— eres una bruja vamos a casa — secamente le respondo la toma de la mano y se dirigió le pregunto si hizo algo para molestar a alguien pero según ella no a hecho nada.
— solo juego al detective y con Julia como querías Nina está lanzando rumores pero a quien le importa es solo una abeja.
Andrew se alegra que Ashley siga siendo amiga de julia además con esas palabras tiene claro que tiene que arreglar el malentendido porque Nina solo está envidiosa de la consola y amistad de Ashley se pregunta cuál es el problema Nina siempre está feliz porque se comporta como una idiota
Su padre llega y los lleva a casa mientras canta una canción Andrew disfruta mucho el canto de su papá suena bien el es el mejor además Ashley intenta unirse pero su voz chillona de ni?a arruina pero padre solo se ríe y comienza a ense?ar a Ashley cantar con una canción de granja.
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Ya dentro de su casa su padre se despidió para volver a la oficina pero les advirtió que su madre está durmiendo entonces deben ser buenos hijos y lo dijo mientras lo miraba.
Ashley sin dudar siguió cantando la canción de la granja con su chillona pero vibrante, Andrew guardo sus cosas en su cuarto todo dos toallas y se lanza a atrapar a la presa más peligroso una Ashley.
Allí está comiendo un sándwich de ayer,se acerca lentamente pero la Ashley logro esquivar,sus risas le dicen a Andrew todo lo que necesitan estará será una caza muy difícil,tuvo suerte y se resbaló con un trapo sucio así con la Ashley atrapada fueron a ba?arse donde se usó el champú,jabon y mucha agua Andrew siempre se preguntó cómo sería ba?arse con una tina mientras lava el pelo de Ashley que esta lleno de tierra.
Apagó la regadera, ambos se secaron, se pusieron ropa ya con todo listo comenzó a jugar con Ashley como se lo prometió, sentados en el sofá Andrew se pregunta si Ashley sabe algo de Nina son amigas ni?as así que chismean.
— oye Ashley dime sabes adónde va Nina o si tiene un lugar especial — con cada palabra que sale de su boca se siente estúpido que suave que no note que tiene intenciones.. obviamente pacíficas.
— esa abeja se cree mucho jugando en ese lugar de cascos y ruido — por suerte Ashley está de buen humor y concentrada en resolver el robo en una panadería.
Así Andrew lentamente logra construir una idea Nina juega en un lugar de construcción cerca de la escuela por la tarde los jueves allí es donde Nina los lleva cuando salen juntas.
—Es una abeja, siempre zumbando. No importa lo que le diga: que se vaya a la mierda, que coma mierda, que se vaya con la zorra de Mia... Siempre me molesta —Ashley seguía hablando de Nina con un lenguaje que, Andrew estaba seguro, merecía una barra de jabón en esa boca de ocho a?os. Por lo que contaba, Nina era muy molesta. Otro tema del que hablar.
Los días pasaron como un borrón en la misma rutina: ir a la escuela, volver a casa. Andrew estuvo muy atento a los rumores, que ahora, al escucharlos con atención, resultaban bastante groseros. La ira le hervía por dentro al oír cómo Nina era doble cara, diciendo tales cosas sobre Ashley. Ella no golpea a Julia. Andrew sabía que Mia estaba lejos de ser la víctima que pintaban los chismes; la había visto más de una vez peleando con Ashley por un champú.
En esos días, observó cómo Ashley jugaba más con Julia, cómo le prestaba más la consola. También escuchó rumores sobre la ropa de segunda mano de Ashley, o sobre que era una mezquina. Andrew estaba preocupado por la posibilidad de que Ashley se quedara sin amigas, aunque ahora tenía una abeja mala a su alrededor que debía ser apartada.
Cuando llegó el jueves, sintió que por fin tendría la oportunidad de hablar con Nina a solas. Para castigarla por sus malos actos. Si los padres de Nina no lo hacen, él lo hará. Le mostrará que sus acciones tienen consecuencias.
Dejando a Ashley en casa, salió y corrió hacia el sitio abandonado. Pero incluso entonces, la duda lo asaltó: ?Qué debería hacer? ?Amenazar? Debería bastar. Además, le resultaba sospechoso que Ashley no hubiera opuesto resistencia cuando él salió. Esa brujita seguro tiene una travesura entre manos, o hizo algo que él tendrá que arreglar.
Al llegar frente al edificio, se coló pasando por un agujero en la valla metálica, retorcida y oxidada. Luchó con unos alambres sueltos, pero logró salir sin romper su camisa. Mientras se adentraba, se dio cuenta de que ya era muy tarde. Nina tal vez no venga. Además, está anocheciendo. Debía buscar con cuidado.
Andrew tomó una tubería al escuchar un ruido. Saltó, mirando de un lado a otro con los ojos muy abiertos. Son solo animales. Nada más. Exploró el lugar, viendo grafitis bastante feos y, por alguna razón, muchos que decían "Tasha", algunos maldiciéndola y otros con declaraciones de amor. Se detuvo a observar uno que parecía salir de la pared: parecían flores, pero muy raras, de muchos colores, que se salían de los bordes.
Aunque Andrew disfrutó ver algo más allá de los dibujos de penes y los mensajes sobre Tasha, observó con irritación una cuerda que colgaba hacia el segundo piso. Por los ruidos que escuchaba, Nina estaba allí arriba. Subió con facilidad.
Allí, se escondió tras unos escombros y vio a Nina golpeando todo a su alrededor, visiblemente agitada. Andrew tenía claro que estaba presenciando una rabieta enorme, como nunca antes había visto.
—?Maldita, maldita, maldita! ?Muere, muere! —gritaba Nina, golpeando constantemente un montón de escombros con una tubería, la saliva saliéndole a borbotones—. ?Te crees especial! ?No sabes nada! ?Yo soy la chica grande!
Por lo que Andrew podía entender, Nina estaba muy enojada con Ashley. Ajustó su propio agarre de la tubería. No dejará que una loca se le acerque sin nada en las manos. Se fue acercando lentamente, y, internamente, celebró que Nina estuviera tan desquiciada, porque el sigilo nunca había sido lo suyo.
—?Oh, Nina! ?Mamá no ha vuelto! —Un golpe resonó cuando Nina destrozó unos marcos de ventanas—. ?No papá! ?Mamá está en el centro comercial! ?Papá es una drogadicta y tú no la ayudas! ?No como la mamá de Ashley, que siempre vuelve y tiene un esposo que sí la ayuda!
Entonces Nina culpa a Ashley de que nuestra madre sea mejor que la suya. De que su papá sea una mierda en comparación con el nuestro. Bueno, Andrew con las manos temblososas y con el corazón a mil decide hablar con calma. La chica está muy ida de la cabeza.
Salió lentamente de su escondite y tragó saliva al oír los gemidos de Nina. Tal vez estaba equivocado. Claro, su rabieta es enorme, pero Ashley también ha tenido las suyas. Entonces, tal vez pueda manejar esto sin que me obliguen a usar la violencia. Aunque no soltó su tubería.
Andrew no tuvo que esperar mucho. Nina por fin lo notó con una respiración violenta, con lágrimas y mocos que le recorrían la cara. Esa imagen le golpeó a Andrew casi con tanta fuerza como un pu?o. Tal vez pueda salir de esto sin dolor. Eso pensó justo antes de que Nina le lanzara su tubería. Por suerte, solo le dio en el hombro, pero el impacto fue contundente.
—?Maldito! ?Vienes por mí porque tu puta hermana está molesta, verdad? —La voz de Nina estaba ronca, sus pu?os apretados. Andrew se dio cuenta de que su hombro adolorido sería lo de menos si no lograba calmar a la chica.
—Mira, Nina, no se… —Tragó saliva, buscando las palabras correctas. ?Piensa, piensa!— Mi madre tampoco es perfecta. Duerme mucho, es como una gata, y mi papá… —Tuvo que cortar en mitad de la oración para esquivar varias rocas que volaron hacia él. Apretó los dientes. Ashley nunca busca lastimarme a mí.
—?Una gata siempre es cari?osa! ?Siempre abraza, siempre vuelve a casa, no importa dónde esté! —Nina dejó de tirar piedras cuando soltó un quejido, agarrándose el hombro. Al parecer, golpear cemento y metal con una tubería pasaba factura.
—Nina… deja de lanzar cosas, o me obligarás a hacer algo que no quiero —dijo él, con los ojos fijos en ella mientras se retorcía. Varias piedras habían dado en el blanco y le dolían.— Mi padre siempre trabaja en su oficina. Sí, canta bien y tiene una guitarra increíble, pero…
Ok. Andrew se dio cuenta, quizás por primera vez, de que su padre sí era bastante increíble, y tal vez no había pensado en esto lo suficiente. Porque, en ese momento, Nina se lanzó contra él y, para su vergüenza, otra vez una chica de ocho a?os lo tiró al suelo. Mientras intentaba apartarla, juró entrenar más.
—?Mi papá es profesor de universidad! —Sí, un profesor que es una mierda—. ?No ayuda a mamá! ?No cocina, no canta, no, no, no, no! ?Tú lo tienes todo!
La saliva de Nina le manchó la cara, y sus gritos eran tan estridentes que Andrew casi no escuchó un crujido profundo que vino de abajo. Para su horror, lo siguiente que vio fue una nube de polvo gris, y lo primero que sintió fue un dolor agudo en la espalda. Giró la cabeza y, a su lado, estaba Nina, tosiendo con fuerza.
Andrew logró levantarse, con la espalda en plena rebelión, pero alcanzó a agarrar una tubería cercana para darse apoyo. Por alguna razón, Nina tomó una piedra grande y pesada. Andrew dudó por un segundo, pero luego lanzó su tubería. El golpe fue sordo y preciso, y Nina cayó.
—?Andy!
Un grito familiar lo hizo volverse. Allí estaba Ashley, con su camisa a rayas rosas y negras, sus jeans oscuros y unos zapatos que combinaban demasiado bien para ser un accidente.
Ashley lo abrazó con una fuerza que le sacó el aire, y Andrew pudo escuchar sus sollozos contra su pecho. él la rodeó con los brazos, acariciando su cabello, hundiendo los dedos en su suave melena. Mientras ella lentamente se calmaba, a Andrew lo invadió un pánico frío y claro. Podemos ser arrestados. Podrían separarnos. Tengo que arreglar esto, pero… ?cómo?
Un aire extra?o se formó cuando Ashley por fin se calmó. Andrew le preguntó cómo, y por qué estaba allí.
Ella le contó que lo había seguido como una ninja, imitando un juego, y que él era un toro poco perceptivo. Le dio un golpecito en el brazo para que “aprendiera”. Se recuerda ser más perceptivo. Ashley literalmente estuvo detrás de él todo el tiempo.
Ambos miraron hacia Nina. Ya no se movía. Ya no respiraba. Un charco oscuro y espeso se extendía desde su cabeza. Andrew sintió que la respiración se le encogía como un motor averiado; el mundo perdió color, sus manos sudaron, el aire le faltó. Cayó de rodillas. No hay solución. Es su fin. Sus ojos se cerraron y solo vio negro.
El vacío se disolvió en una claridad dolorosa. No supo cuánto tiempo había pasado. Andrew parpadeó, sintiendo el suelo áspero y frío contra su mejilla, hasta que la dulce voz de Ashley lo trajo de vuelta.
—?Ya despertaste, dormilón! —dijo ella, dándole un beso en la frente mientras le acomodaba el cabello—. Eres mi paladín. A esa abeja mala la puse a dormir bajo el cemento gris para que nadie nos moleste. Ahora es nuestro pacto de sangre.
Lo dijo mientras, con un dedo manchado de rojo oscuro, dibujaba una X sobre sus propios labios y luego sobre los de Andrew. él lamenta haberla dejado ver tantas películas y juegos de terror dramático.
Andrew se lanzó hacia ella, ignorando los gritos de protesta de sus músculos, y envolvió a Ashley en un abrazo desesperado. La llenó de mimos, acariciándola como si ella fuera su único refugio en el mundo. Sin embargo, un frío horrible crecía en sus entra?as mientras su mirada se deslizaba hacia el lugar ahora vacío, donde antes había estado la mancha oscura. Se repitió, como un mantra, que él lo había intentado: fue paciente, no devolvió los golpes primero, buscó palabras antes que violencia. Si el final fue así, no era su culpa. él hizo lo mejor que pudo. Y Nina, simplemente, se lo había buscado.
Aleta

