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Bach y Gaggash

  El camino estaba resultando bastante aburrido, todo era llano, sin bosques ni monta?as ni ríos. Sería el camino más corto hacia algún sitio, supusieron, aunque no sabían adónde. Ninguna de las dos había llegado nunca tan lejos de su casa. Bach y Gaggash caminaban a la par, en silencio, mientras que Elur iba unos pocos metros por delante; dejando de manifiesto que seguía herido en el orgullo.

  —?Llevas mucho siguiéndolos? —preguntó de pronto la orca.

  —Desde ayer.

  —Ahm —y tras un silencio volvió a preguntar —?y por qué los seguimos?

  Bach se detuvo en seco. No se lo esperaba. Al oír esa pregunta Elur también se quedó quieto y miró a las chicas con sumo interés. La elfa de pronto se dio cuenta de que no tenía ni pajolera idea de qué responder. Lo cierto es que tampoco se había parado a pensar en los motivos. En aquel momento no tenía nada que hacer ni tenía ningún lugar concreto adónde ir. Puede que una parte de ella buscara socializar... no, esa opción no la contemplaba. Quizá fuera por curiosidad, pero ?qué podría interesarle de un par de humanos? Por favor, ?cagaban donde comían! ?no había alima?a en el mundo que se comportara así!

  Los segundos pasaban y ella seguía sin articular palabra. Bajo la expectante mirada de la orca le costaba aún más pensar... ?di algo, vamos, di algo...?

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  —Supongo que por el mismo motivo que tú nos seguiste a nosotros.

  Bach reanudó la marcha a paso más bien ligero, como si los pasos dejaran atrás el tema. La orca comenzó entonces a andar también, con el ce?o fruncido. No tenía ni idea de lo que quería decir aquello. Barajó varias opciones; que era por curiosidad, o el destino; puede que la elfa en un principio hubiera querido comerse a los humanos, aunque no tenía pinta de ser su estilo. A lo mejor era el lobo quien se los quería comer. Quizá fueran en una misión por encargo de alguien, o ?vaya! Era muy probable que aquella respuesta fuera una manera de darle largas. Eso era lo más probable, sí. Todo el mundo sabía que entre las dotes de los orcos no se encontraba la de la reflexión; su sistema nervioso no les permitía concentrarse durante más de un par de segundos, se alteraban enseguida, y por norma general cuando no entendían algo se volvían bastante violentos —y eso era algo que ocurría a menudo —. Debido a este sistema, lo más habitual era que rodaran un par de cabezas y se relajaban de nuevo, aunque siempre se quedaban con la duda.

  Fiel a su genética, Gaggash caminaba apretando los pu?os y dientes y comenzó a notar cómo su respiración se volvía agitada. Elur se percató, retrocedió unos metros y se puso a caminar junto a ella, casi rozándola. La orca le acarició la cabeza. De pronto se sintió relajada de nuevo. Cuanto más tocaba al lobo más se serenaba. éste la miró con satisfacción. Anda, él ya lo sabía... tenía poderes relajantes... quizá fuera un dios...

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