(Desde la perspectiva de Manahu)
Ha pasado casi un mes desde que Titla llegó a este mundo. Sus pesadillas son cada vez menos frecuentes. En general han sido días tranquilos, salvo por una noche cuando una Bestia del Silencio se acercó a la caba?a mientras dormía. Por fortuna solo era una, así que no fue problema. Titla tenía curiosidad por ver cómo eran, pero era peligroso y, para cuando fue seguro salir, el cuerpo ya se había desvanecido. Traté de hacer un dibujo para ense?arle cómo son, pero soy un pésimo artista.
En otra ocasión nos dimos cuenta de que uno de los tetloch era hembra. Dio a luz. Quise liberarlos junto a su madre para que crecieran y poder cazarlos después, pero ella me convenció de quedárnoslos por un rato más, al menos hasta que no dependieran de su madre. Como su destino sería el mismo de todas formas, acepté.
Estábamos fuera de la caba?a practicando magia. Ya hace unos pocos días había empezado a caer nieve y esta comenzó a acumularse en el suelo y los árboles.
—M: ...Bien. Hasta ahora has estado usando maná en la runa inscripta en el bastón para crear el hechizo. No es que sea malo; de hecho, tu manejo de maná es incluso superior al mío y, si tomas en cuenta que vienes de un mundo sin magia, eso es aún más impresionante.
—T: Qué bien.
Una respuesta seca... Esta actitud comenzó desde que empezó a caer la nieve. ?Será que está enferma? Sería malo de verdad; la magia de curación no puede curar todas las enfermedades. Como sea, no parece grave, así que simplemente lo ignoraré.
—M: Lo que sigue es que intentes hacer un hechizo de fuego por ti misma. Usar magia es muy similar a usar maná, pero la principal diferencia es la sugestión.
—T: ?Basta solo con imaginarlo?
—M: Exacto, pero debes tener la idea clara, como si lo pudieras ver antes de crear el hechizo. Algunos usan cánticos o dicen el nombre del hechizo para ayudarse; otros no los necesitan.
—M: Entonces... ?tienes mala imaginación para... rocas?
—T: No es eso. Sin importar cuán fuerte sea tu mente, el cuerpo sigue siendo una limitación. Cosas como la cantidad de maná y qué tipos de magia puedes usar dependen de tus ancestros y se definen al nacer.
—M: Entonces... entrenar no sirve de nada.
—T: Claro que sirve. La cantidad y facilidad para usar maná, entre otras cosas, pueden aumentar con entrenamiento. Aunque bueno, en parte tienes razón... Sin importar cuánto se entrene, jamás podrás usar magia a la que no eres afín e incluso si lo eres, qué tan fácil o difícil te será usarla dependerá de qué tanto lo eres.
—T: Ya veo.
—M: suspiro Bien, ahora intenta lanzar una bola de fuego desde la palma de tu mano. Imagina el fuego de la fogata o... un incendio.
Cerré mis ojos tratando de alejar los recuerdos.
—M: Así... [Fireball].
Una bola de fuego salió proyectada desde la palma de mi mano hasta impactar en mi barrera.
—M: Ahora inténtalo tú. Has estado practicando todo este mes con fuego, así que debería ser fácil.
Con lentitud Titla extendió su brazo. No esperaba mucho, pero si podía usar magia de fuego definitivamente lograría crear al menos una peque?a llama.
—T: [Fireball].
Una esfera de fuego del mismo tama?o que la mía apareció en su palma. No salió disparada, pero aun así esto... era mucho más de lo que esperaba.
—M: Es... maravilloso, Titla. Alcanzar el nivel bajo en cualquier tipo de magia en menos de un mes... a mí me tomó más de tres a?os. Aunque bueno... era un ni?o y realmente no tengo mucha afinidad al fuego, pero... eso no le quita lo impresionante.
—T: Gracias.
Ni un salto... ?ni una sonrisa? Puede que de verdad esté enferma.
—M: Bueno, ahora ?probemos con otros tipos de magia, bien? ?Qué te parece agua? Es la magia elemental más común en los humanos.
—T: Está bien.
Una peque?a esfera de agua, una peque?a roca y una leve ráfaga de viento. Impresionantemente, Titla demostró tener la capacidad para usar todas las magias elementales. Eran menos fuertes que el fuego, pero quizás se debía a que había estado practicando con el bastón todos estos días. Pero el simple hecho de que pudiera usarlos todos...
—M: Esto es más que maravilloso, Titla. Es... es... El simple hecho de poder usar todas las elementales ya es algo raro y, con ese nivel de afinidad, lo es aún más. Me pregunto si también podrás usar luz y oscuridad, o incluso espacio.
Mi voz se llenó de emoción al darme cuenta de la rareza que tenía delante de mí.
—T: ?Hmm...?
La miré. Es raro que yo sea el emocionado en lugar de ella. Por lo general Titla salta, grita, sonríe o algo con todo lo relacionado a la magia. Cuando vio a las crías de tetloch estaba más emocionada que ahora. Justo ahora parecía que apenas estuviera prestando atención, que tuviera una expresión tan... desinteresada. Justo en este momento es simplemente extra?o. Parece... distante, como si su mente estuviera en otra parte.
—M: ?No... no entiendes lo raro e impresionante que es esto?
—T: ?Lo es?
—M: suspiro Muy bien... se termina la clase por hoy.
—T: ?Uh? ?Qué? Pero...
—M: Está bien... no pareces particularmente interesada el día de hoy y de todos modos estoy un poco cansado, así que es mejor que vayamos a dormir.
—T: ...
A la ma?ana siguiente, luego del desayuno, Titla estaba recostada en la cama acariciando una de las crías tetloch que estaba plácidamente dormida sobre su pecho. Quizás era porque habían nacido en la caba?a, pero estaban extra?amente acostumbrados a la convivencia humana.
—M: Ya te había dicho que no subas esa cosa a la cama.
—T: Munchi.
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—M: ?Uh?
—T: Se llama Munchi.
Genial, incluso les puso nombres. Presiento que no querrá deshacerse de ellos como habíamos acordado.
—M: Como sea, no quiero que esté en mi cama.
—T: ?Y qué más da si de todos modos no duermes en ella?
—M: Mi techo, mis reglas.
—T: ...
Y pese a ello siguió en la cama acariciando a Munchi. Pasado un rato lo dejó a un lado para que fuera con su madre a alimentarse y se sentó en la orilla de la cama.
—T: ?El tiempo transcurrirá igual?
—M: ?Qué cosa?
Su repentina pregunta me tomó desprevenido. ?A qué se refería?
—T: Verás, como sabes, mi celular también puede medir el tiempo.
—M: Uh, sí, ya me lo habías explicado. ?Qué con eso?
—T: Bueno, me di cuenta de algo raro. Conforme pasaban los días noté que cada vez amanecía más temprano, al menos según la hora de mi celular. Así que hice unas pruebas con la sombra de un palo en la misma hora del día.
—M: Bien... ?y qué pasó?
Hizo una pausa antes de responder.
—T: ...Cada día la sombra se recorría un poco más y más. Para este punto mi celular está adelantado unas 5 horas. Según mis cálculos, los días duran 12 minutos menos en Auren que en la Tierra.
—M: Eso es... curioso. Usamos las mismas medidas para el tiempo, pero supongo que las nuestras son un poco más cortas...
—T: No es eso. Los planetas giran a diferentes velocidades.
—M: No entiendo.
—T: No importa.
—M: ...Bueno... una más de las diferencias entre mundos. Bastará con que ajustes esa cosa cada día para llevar un buen control del tiempo.
—T: ...Sí, supongo.
En la tarde continuamos con el entrenamiento y mis sospechas se confirmaron: Titla también es capaz de usar magia de Luz. Casi caigo sentado cuando lo logró. Tratamos con espacio, pero no pasó nada. Quizás no tiene la capacidad de usarla o aún es pronto para ella; no en vano es la magia más rara y difícil. Y oscuridad... no tengo ni la más mínima idea de cómo funciona, así que no la probamos. Aun así...
—M: ...Te lo estoy diciendo: esto es magnífico. Puede que... no, definitivamente estás al nivel de un héroe o un contratado.
—T: ?Tan raro es?
—M: Por supuesto. Quizá no tanto la cantidad de tipos de magia, pero la alta afinidad por todas ellas sí. Incluso el héroe Arnulf, que podía usar los mismos tipos de magia que yo, se le consideraba una gran rareza por poseer gran afinidad en todas.
—T: Supongo que eso es bueno.
Por alguna razón simplemente no lograba transmitir la emoción que yo mismo estaba sintiendo en este momento.
—M: Bien, ?qué está pasando? Parece que no estás muy interesada en seguir practicando. Podemos dejarlo para otro día si quieres. Después de todo, quien quería aprender magia eras tú, pero si no quieres...
—T: No, no es que... no quiera, es que...
Titla apartó la mirada y bajó la cabeza. Lo comprendí: no estaba enferma, algo la puso triste nuevamente. ?Otra pesadilla?
—T: Es solo que... para este punto, en mi mundo... es 23 de diciembre.
—M: ?Diciembre? ?Oh, te refieres al último mes de tu calendario? ?Qué con eso?
—T: Bueno, durante estas fechas, en 2 días... las familias se reúnen en una celebración llamada Navidad. Cenan la noche previa, se dan regalos, festejan, platican, ríen...
—M: Hmm, eso suena bastante similar al Día de la Creación de aquí.
—T: Me pregunto... ?cómo está mi familia? ?Qué están haciendo?... Deben... estar muy tristes y preocupados...
Mis ojos se abrieron cuando la comprensión me golpeó. Por supuesto, hasta ahora pensé que el problema de Titla era solo cómo ELLA se sentía respecto a sí misma, pero la preocupación por el bienestar de otros seres queridos puede ser incluso mayor que la preocupación por uno mismo.
—M: Ellos... deben estar bien. Estoy seguro de que te extra?an. Por lo que me has contado, parece que tienes una buena familia y amigos esperándote.
—T: Sí... lo son... y eso es precisamente lo que me preocupa. Si me odiaran o yo a ellos, no tendría ningún problema en quedarme aquí. Incluso creo que sería mejor; al menos así no los extra?aría ni ellos a mí, pero...
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y su voz a quebrarse.
—T: Deben estar buscándome desesperadamente por todas partes. Puede que incluso estén más tristes que yo al no saber qué me pasó. ?Y si creen que me secuestraron o morí? Incluso si buscan por todas partes... no me encontrarán. Ni siquiera un cuerpo al cual llorar. Y si vuelvo... ?cuántos a?os voy a tardar? ?Habrán perdido la esperanza? Y si... ?pierden las ganas de vivir?
—M: No... no pienses en eso. Solo... ten la esperanza de que vas a volver y...
Y estalló.
—T: ?CóMO QUIERES QUE NO PIENSE EN ESO? Incluso si vuelvo ahora, ?qué pasará si el paso del tiempo no es el mismo en ambos mundos? ?Y si vuelvo cientos o miles de a?os después de que hayan muerto?... Puede que ni siquiera encuentre sus tumbas.
—M: Yo no...
No sabía qué decir... Titla cerró los ojos apretando fuertemente el bastón, cayó de rodillas en el suelo. Pude ver cómo luchaba por contener las lágrimas. Entonces... me puse de rodillas en el suelo y acerqué suavemente mi mano a su hombro.
—T: Los extra?o, Manahu. Los extra?o mucho.
—M: ...
Tras decir esto Titla hundió su cara en mi pecho y finalmente rompió en llanto. Me tomó un poco por sorpresa, pero no era el momento de reprocharle. Vacilé antes de acariciar suavemente su cabello plateado. Lloró y lloró hasta que, a pesar del frío, se quedó dormida. La llevé hasta la cama y me acosté en el suelo a dormir.
Al día siguiente Titla se la pasó en cama acariciando a Munchi. Solo se levantaba para ir al ba?o. No había estado así de mal ni siquiera los primeros días. Supongo que una vez superado el miedo inicial solo quedó la tristeza. Al parecer esta "Navidad" es una fecha realmente importante. ?Dijo que se daban regalos, no?... y que faltaban 2 días. Eso es ma?ana... espera, puede que "eso" sea una buena idea... aunque no estoy tan seguro.
A la ma?ana siguiente:
—M: Oye, Titla, despierta.
—T: No quiero desayunar.
Sin salir de las sábanas rodó en la cama para darme la espalda.
—M: No es por eso. Te tengo una sorpresa.
Tras unos segundos de silencio Titla salió de las sábanas y se reincorporó. Se veía horrible: ojeras, ojos irritados y apagados. ?Había estado llorando toda la noche?
—T: ?Qué quieres?
—M: Ten.
Extendí el bastón y Titla lo miró sin emoción alguna.
—T: Tampoco quiero practicar.
—M: No, no te lo estoy dando por eso. Es... un regalo.
—T: No entiendo... ?No se suponía que ya era mío?
Hija de... En cualquier otro momento la hubiera rega?ado, pero no ahora. De cualquier forma, ?en serio esperaba que le regalara este bastón así como si nada a un extra?o? Aunque bueno, en realidad es lo que estoy haciendo justo en este momento.
—M: No, solo te lo estaba prestando, pero ahora te lo estoy regalando.
—T: Ya se me hacía raro.
Una ligera expresión de molestia se formó en la cara de Titla al darse cuenta de que no había sido suyo todo este tiempo, pero casi inmediatamente su mirada cambió a una de sorpresa.
—T: Espera, ?no habías dicho que este era un regalo de tu madre? ?Estás... seguro?
—M: Está bien. Soy malo con la magia de fuego y no puedo usar la de tierra. Adelante, es todo tuyo.
—T: ...
Y como si fuera la primera vez que lo empu?ara, lo tomó con delicadeza y se quedó observándolo por unos momentos. Un esbozo de sonrisa se formó en sus labios. Luego de un rato finalmente se levantó para desayunar. Comía lento y sin muchas ganas, pero al menos ya estaba comiendo.
—T: Lo hiciste mal.
—M: ?Uh? ?Qué cosa hice mal? Es lo que solemos desayunar. ?Estás segura de que tu paladar...?
—T: El regalo.
—M: ?No te gustó?
Negó con la cabeza... ?En serio no le había gustado? De ser así entonces se lo pediría de vuelta.
—T: No es eso. Va envuelto.
—M: ?Eh?
—T: Cuando haces un regalo de Navidad debes envolverlo para ocultarlo y conservar la "magia navide?a"... y también debes decir "Feliz Navidad", no simplemente "Ten".
—M: "?Magia... navide?a?" No se lo que es eso, pero dudo mucho que envolverlo haya ocultado lo que era el regalo... pero lo tendré en cuenta.
—T: Bien, espero que el siguiente a?o lo hagas correctamente.
?El siguiente a?o eh? Supongo que no planea dejarse morir pronto... Sonreí ligeramente.
—M: Ya verás que sí.
El resto del día Titla se mostró un poco más animada. No de vuelta a su yo usual, pero al menos comió y salió un poco a jugar con los tetloch... Esa noche, mientras ella dormía, me encontraba en la mesa leyendo otro libro esperando encontrar alguna manera de regresarla a su mundo. De repente una pregunta surgió en mi cabeza.
—M: ?Por qué estoy haciendo esto?
Suficiente tengo con mis problemas. No le debo nada a esta ni?a. Solo es una molestia. Debería entregarla a la emperatriz para que la usen como soldado o lo que sea y... ?en serio le acabo de regalar el bastón de mi madre?
Incluso puede que todo lo que ha contado sea una mentira, un plan para ganar mi confianza y matarme, pero... de ser así ya lo habría hecho. ?Una espía?... No, tampoco...
Sé por qué la estoy ayudando... He visto su mirada, ese dolor por el que está pasando... lo conozco bien. No es algo que se pueda fingir. Ella dice la verdad. Fue por esa misma razón que le prometí ayudarla a volver. Para mí ya es tarde: no importa cuánto me arrepienta ni me esfuerce, nada cambiará el pasado. Pero... para ella es diferente. Hay esperanza, hay personas esperándola y, si pudo llegar aquí, definitivamente debe haber alguna manera en que vuelva. Solo debo encontrarla y luego de eso... quizás mi pecado sea perdonado. Quizás... yo pueda perdonarme...
Continué leyendo hasta caer dormido...

