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Capítulo 2: Negación (Parte 2)

  —T: ?Estoy muerta?

  —??: No, esto no es un sue?o y tampoco estás muerta. Gracias a mí. Tienes suerte de que te encontrara antes que las [Bestias del Silencio].

  Volteé a verlo confundida.

  —T: ?Bestias del Silencio?

  —??: Definitivamente no eres de aquí eh?. Las bestias por las que te decía que te callaras y que tuve que salir a matar gracias a que no lo hiciste. Son ciegas, pero escuchan demasiado bien. Además absorben maná y energía vital. Por fortuna solo existen en este bosque.

  —T: Estaba... estoy asustada. Pensé que querías hacerme da?o... ?maná eh? Entonces... es cierto, usaste magia para curarme.

  Mi mirada se fijaba en el vacío.

  —??: Uh... sí. ?Jamás habías visto magia de curación?

  Negué con la cabeza. él suspiró.

  —??: Bien, supongo que ahora que estás tranquila y sabes que no debes hacer ruido, es hora de respuestas. ?Qué haces aquí? ?Quién eres? Ayer dijiste que vienes de otro mundo, ?a qué te referías? Ti... Ti...

  Noté que trataba de decir mi nombre, pero probablemente se le había olvidado.

  —T: Titlauili. Titla. Y yo... eso, creo que... vengo de otro mundo.

  —??: ?Te refieres a que vienes de las estrellas?

  —T: No, bueno... más que de otro mundo, creo que vengo de otra realidad. Verás... de donde vengo, la magia no existe. Bueno, existe como concepto, pero solo en ficción...

  —??: Entonces, ?dices que eres un "externo"? ?Acaso estás tratando de enga?arme?

  La mirada del joven se volvió algo hostil y aguda mientras lentamente acercaba su mano a la funda de la espada. Mi corazón comenzó a latir poco a poco más rápido.

  —T: Espera, espera no... no estoy mintiendo, estoy diciéndote la verdad, te lo juro. ?Qué... qué es un "externo"?

  —Lo que dijiste ser: seres de otras realidades. Pero son solo cuentos y fantasías. Así que te daré otra oportunidad. Dime la verdad: ?eres un soldado de Steelson?

  —T: ?Steel...son? N... no, no soy un soldado. Solo soy una estudiante. Te juro que estoy diciendo la verdad. Por favor solo déjame demostrártelo.

  Traté de sacar el celular de mi suéter, pero no se encontraba allí. Lo busqué en los demás bolsillos: nada. Luego recordé que ayer lo había sacado; probablemente se cayó al suelo cuando quedé inconsciente. Revisé, pero no había nada. Después volteé hacia el joven.

  —T: Tú, ?viste mi celular? Uh... un peque?o rectángulo de color negro. Por favor, con él te podré demostrar que estoy diciendo la verdad.

  El joven levantó una ceja, luego se paró de la silla y se dirigió a un cuarto. Poco después salió con mi mochila y la arrojó hacia mí. Apenas logré atraparla.

  —??: Puse esa cosa adentro.

  Permanecí unos momentos en silencio observando mi mochila. Luego la abrí. Adentro se encontraba mi laptop, cuadernos, una botella de agua medio llena, un estuche con útiles escolares y... algunos regalos que había comprado... Pude sentir un golpe seco en el pecho. Tras rebuscar unos segundos encontré mi celular. Lo desbloqueé y se lo mostré al joven.

  —T: Esto... es un celular. Una herramienta que te permite comunicarte a distancia, buscar información, tomar fotografías y, bueno, muchas cosas en realidad.

  Un momento... esto no es alguna blasfemia o visto como algo prohibido... ?verdad? Comencé a asustarme pensando que probablemente había cometido algún error, pero al voltear a ver al joven este solo parecía confundido y curioso.

  —??: Nunca había visto o escuchado de una herramienta mágica como esta. ?Qué son "fotografías"?

  —T: ?Eh? N... no es magia, es tecnología. Funciona con electricidad. Mira, te mostraré... solo quédate parado allí. Te prometo que es inofensivo.

  La mirada del joven denotaba sospecha, pero se limitó a tomar su varita y hacer un ligero movimiento con la misma, quedándose quieto en su lugar.

  —??: Está bien, adelante.

  Acto seguido abrí la cámara y apunté mi celular hacia él para tomar una foto.

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  —T: Listo, mira.

  Giré la pantalla. él se acercó para observar el celular y ver su fotografía en él.

  —??: Esto... ?soy yo? ?Es una pintura?

  Su rostro no ocultaba su confusión y curiosidad mientras analizaba la pantalla del celular.

  —T: Se llama fotografía. Es bueno, sí, es como una pintura. Mira, te mostraré fotos de mi mundo.

  Abrí el álbum en el que tenía fotos de vacaciones. La tristeza se hizo presente cada vez más mientras veía a mi familia y amigos foto tras foto, preguntándome cuándo volvería a verlos. Luchaba por contener las lágrimas. Por su parte, aquel joven miraba atento las fotos, fascinado por todo lo que en ellas se mostraba. Cuando desplacé a la foto de un avión se mostró aún más curioso.

  —??: ?Qué es eso?

  Su voz me sacó de mi peque?o trance de tristeza.

  —T: Esto es un avión.

  —??: ?A...vión?

  —T: Sí, es uh... un transporte que te permite volar.

  —??: ?Pueden volar sin magia?

  —T: Sí, como dije, en mi mundo no existe la magia. Es "solo" una máquina de acero.

  él se quedó en silencio observando el avión, asombrado. Luego recordé otro álbum guardado. Si el avión no era suficiente para convencerlo, esto lo sería. Procedí a abrir el álbum en el que tenía fotos que tomé cuando fui a visitar la agencia espacial alemana.

  —T: Estos se llaman cohetes. Similar a los aviones permiten volar, pero no a través del cielo, sino hacia fuera del planeta... y esto...

  Desplacé hasta encontrar fotos de réplicas de la base lunar.

  —T: Estas son bases que tenemos en nuestra luna.

  Los ojos del joven se abrieron en sorpresa y se levantó de golpe.

  —??: ?Dices que hay gente viviendo allí? ?Conquistaron el cielo... sin magia?

  —T: Bueno, sí. Aunque nunca he ido. Por lo general solo científicos o gente poderosa pueden ir, pero estoy estudiando duramente para prepararme y poder en algún futuro...

  La emoción y determinación comenzaban a inundarme, pero mis palabras se pausaron al volver a recordar mi situación actual, cayendo en cuenta de que probablemente jamás lograría cumplir ese sue?o. Mi semblante nuevamente se tornó triste mientras veía la pantalla de mi celular.

  —??: ?Estás bien?

  —T: No. Sigo sin poder creer que... de verdad esté en otra realidad. Mi familia, mis amigos, mis sue?os... todos están allá, esperándome. Yo no... no sé por qué estoy aquí o cómo llegué. ?Cómo voy a volver? ?Puedo volver, verdad? Si vine aquí definitivamente puedo volver. Por favor, ?tú me puedes ayudar verdad? Dime por favor, dímelo, dime cómo puedo volver. ?AYúDAME!

  Me llevaba las manos a la cabeza y el pánico volvió a apoderarse de mí al ser consciente una vez más de mi situación. Podía sentir otra vez todas aquellas sensaciones. Todo era confuso y daba vueltas y sin darme cuenta me encontraba aferrada al abrigo del joven, jalándolo y suplicando entre lágrimas por ayuda para volver a mi vida.

  —??: Oye espera, cállate vas a volver a atraer a las bestias. ?Ey! Tranquilízate, ?ESCúCHAME!

  él me agarraba por los hombros, sacudiéndome, tratando de sacarme de mi trance, hasta que

  clap

  Llevé la mano hacia mi mejilla, parpadeé. El sonido y la sensación fueron suficientes para sacarme momentáneamente del caos. El mundo dejó de girar. Volteé a ver al joven, confundida e incrédula por la inesperada cachetada.

  —??: Lo siento —dijo aún sosteniéndome—, pero debes tranquilizarte. Si sigues gritando de esa manera las bestias van a volver. Ahora, respira, relaja tu cuerpo, cierra tus ojos...

  —T: P... pero...

  —??: ?Cierra!... los ojos.

  Su voz era firme, pero tranquila. Tras hesitar un poco, finalmente los cerré.

  —??: Bien, respira profundamente. Concéntrate en el aire entrando, siente cómo viaja a través de ti, siente cada movimiento de tu pecho...

  Traté de seguir sus instrucciones. Cerré mis ojos, traté de relajar mi cuerpo y concentré toda mi atención en mi respiración. Al inicio me costó, pero luego de unos segundos comencé a lograrlo. Mi respiración se regularizó, se volvió más tranquila y rítmica. Pude sentir cómo el aire llenaba cada rincón de mis pulmones. Poco a poco el miedo y la ansiedad disminuían. En medio de esto pude sentir una sensación cálida en mi mejilla y el dolor desapareció. Tras un rato, finalmente logré tranquilizarme. Y aunque aún sentía miedo, incertidumbre y tristeza, era algo controlable, al menos de momento.

  —??: ?Mejor?

  —T: Sí, gracias.

  —??: ...Lo siento.

  Su mirada se desvió, parecía realmente arrepentido. Hice una peque?a negación con la cabeza.

  —T: No, está bien. Tienes razón, estaba muy alterada.

  —??: Bien, te creo, al menos por ahora. Jamás había visto ni escuchado de estas tecnologías, ni siquiera de su concepto, así que supondré que dices la verdad, aunque me sigue pareciendo muy difícil de creer. Entonces... ?cómo lograste llegar aquí? ?Tla...ti?

  —T: ...Titla... no lo sé. Lo último que recuerdo es que estaba regresando a casa de hacer compras con mis amigas. Escuché una voz extra?a, parecía venir desde dentro de mi propia cabeza. Luego de eso una intensa luz apareció a mi alrededor y... nada. Es lo último que recuerdo. Después de eso me desperté en esta cama.

  —??: Hmm... ?Qué te dijo la voz en tu cabeza?

  —T: No recuerdo. Me tomó totalmente desprevenida, pero creo que dijo algo sobre "necesitar".

  —??: ?Tuviste alguna clase de... visión?

  —T: No, creo que no. ?Por qué?

  —??: ...Por nada...

  Se quedó pensativo por unos momentos, y luego lo interrumpí.

  —T: ?Cómo me encontraste?

  Su concentración pareció romperse y se tomó unos segundos para responder.

  —??: Bueno... estaba... regresando de la capital. Observaba la lluvia de estrellas. Una llamó mi atención: era más grande y brillante que el resto. Bajó velozmente hacia el suelo liberando un gran destello, pero sin ningún ruido. Me pareció raro. Me acerqué, esperaba encontrar una gran zona de impacto y fuego como he escuchado que pasa cuando cae una estrella, pero en lugar de eso te encontré a ti. Estabas dormida. Increíblemente no tenías ninguna herida. Traté de despertarte pero no abrías los ojos. Eso es todo lo que sé. Tenía curiosidad: ?quién eras y qué rayos fue eso? Así que te traje aquí para poder averiguar más...

  —T: Ya veo... pensé que habías sido tú quien me trajo.

  —??: No. Incluso si fuera posible, mi magia está muy lejos de ello.

  —T: Eso significa... que tampoco puedes regresarme... —Miré hacia el suelo con tristeza, cerré los ojos para tratar de alejarla. Luego de un par de segundos volteé hacia los ojos del joven—. Gracias... por ayudarme uh...

  —M: Manahu. Manahu de Cuavitra.

  —T: Gracias... Manahu.

  El silencio se apoderó de la caba?a. Tras unos segundos Manahu se levantó de su silla con un suspiro.

  —M: Bien, no sé tú, pero yo tengo hambre. ?Quieres desayunar?

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