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Sombras de Nunca Jamás y Basura Real

  Unas horas después, los tres se encontraban refugiados en la sala de la iglesia, sentados en las duras bancas de madera.

  —Tuvimos suerte de que las monjas no sean como el resto de los aldeanos —comentó Eszter, dejando escapar un suspiro de alivio.

  —Es cierto, pero me pregunto... ?por qué los aldeanos nos tratan con tanta hostilidad por ser forasteros? —cuestionó Máté, analizando el comportamiento social del pueblo.

  —Disculpen, no quería interrumpir su conversación, pero supongo que merecen respuestas —intervino la hermana Beatrix, una monja joven y de aire algo distraído—. Antes, todos aquí eran amables, incluso con los viajeros. Pero hace unos meses, un pueblo lejano fue atacado por... él.

  Beatrix hizo una pausa, y su rostro se ensombreció al pronunciar el nombre:

  —Peter Pan. Todos los ciudadanos murieron. Desde entonces, el miedo se instaló en el corazón de la gente. No son malos, solo tienen terror de que se repita la historia.

  —?Peter Pan? —exclamaron los tres al unísono, confundidos. En sus mentes no aparecía un monstruo, sino la imagen de un ni?o con mallas verdes y polvos de hada.

  —Sí... Peter Pan... La Destrucción de Nunca Jamás —repitió la monja con un escalofrío visible.

  —?En serio le tienen miedo a un simple...? —Eszter estaba a punto de soltar una carcajada, pero Máté, previendo la imprudencia, le tapó la boca con la mano como ya era costumbre.

  —?Y quién es exactamente ese tal Peter Pan? —preguntó Bernát, con la sospecha de que en este mundo los nombres conocidos ocultaban realidades muy distintas.

  —?De verdad no lo saben? Es uno de los generales del Rey Arthur Pendragon. Su poder es tan terrible que se creía imposible que alguien no hubiera oído hablar de sus masacres. Nadie sabe de dónde vino, pero un día asedió en solitario al reino más poderoso de la época. Ni siquiera los guerreros de rango Axioma pudieron detenerlo. Ahora, muchos de esos antiguos héroes se han unido a sus filas. Nadie sabe qué busca, pero borra aldeas del mapa como si no fueran nada.

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  Un silencio pesado se apoderó del grupo hasta que Beatrix forzó una sonrisa para romper la tensión.

  —Pero bueno, algún día Athelos, el Dios del Orden, enviará a alguien para salvarnos. Por cierto, mencionaron que buscaban cómo ganar dinero, ?no?

  —Así es, estamos en una situación crítica —confirmó Máté.

  —Perfecto. Escuché que buscan gente para la brigada de limpieza de la aldea. No es un trabajo glamuroso, pero les permitirá ganar lo suficiente para el registro del Gremio.

  Al día siguiente, la "épica aventura" de los tres jóvenes de Budapest consistía en usar pinzas en la nariz para no sucumbir al hedor de las bolsas de desechos.

  —Esto es degradante —refunfu?ó Eszter, cargando una bolsa con asco evidente.

  —Solo no respires por la nariz —aconsejó Bernát, haciendo equilibrio con cuatro bolsas pesadas.

  —Guau, se?or, usted es realmente fuerte —comentó Pista, uno de los recolectores locales, mirando con asombro a Máté, quien cargaba ocho bolsas sin el menor rastro de sudor o fatiga.

  —?Qué asco! Me cayó... "jugo" de basura en el pie —chilló Eszter, al borde del colapso nervioso.

  Durante el almuerzo, el grupo se reunió con los veteranos de la limpieza. Bernát, que no había podido sacarse los nombres de la cabeza, decidió investigar más.

  —Se?or Lázlo, ?usted conoce a Arthur Pendragon? —preguntó Bernát a un hombre mayor, ex-rango Frecuencia.

  —?Y quién no? Ese tirano ha puesto el mundo patas arriba en solo un a?o —respondió Lázlo entre mordiscos a su pan—. Sus generales son el verdadero terror.

  —Mencionaron a Peter Pan —a?adió Eszter—. ?Cuál es su poder exactamente?

  Pista, el joven recolector, intervino con la mirada perdida, como si reviviera una pesadilla.

  —Yo lo vi. Atacó mi pueblo natal. Su rango era Axioma antes de unirse a Arthur. Su poder es... extra?o. Al principio no parece pasar nada, pero cuando alguien intenta enfrentarlo, de repente todas las personas caen al suelo. Es como si se quedaran pegadas a la tierra por un peso invisible... y luego, simplemente mueren. Es devastador.

  Bernát dejó de comer, analizando las palabras de Pista. "?Pegados al suelo? ?Una aceleración gravitatoria súbita? ?O un aumento de la masa molecular?", pensó, sintiendo un escalofrío académico.

  —Suena aterrador —murmuró Eszter.

  —Lo es —asintió Marta, otra trabajadora—. Pero no se preocupen. Este pueblo cuenta con Zora, Benedek y Lázaro, los Legionarios de la Constante más poderosos de la región. Estamos a salvo... por ahora.

  Lázlo se puso de pie, dando por terminado el descanso.

  —Ya basta de charlas de fantasmas. Tenemos una aldea que limpiar si queremos cobrar esos Bits.

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