—?Damas y caballeros! —exclamó el orador—. Hoy presenciarán la ejecución de estos cinco bastardos.
En una amplia plaza, con suelo casi tan blanco como la nieve, no caba?a ni un alma más; todos querían ver de primera mano el final de los cinco sujetos que tenían ante sus ojos.
Un cadalso se alzaba en medio de la multitud; se crecaba codo crujía su madera con cada paso que dan, mientras que las campanas de la iglesia de la ciudad retumbaban con desdén.
—Empecemos de una buena vez —dictó el orador—. En primer lugar, el konchū, llamado ?La Gran Mente?; la Primera Lanza, con su vasto conocimiento, déjó a Cartago vulnerable ante ataques de los rebeldes.
Una sombra del tama?o de dos hombres fue la primera que se posó ante el público, un ser de complejidad delgada, seis brazos y un par de antenas más semejantes a un par de plumas.
Las campanas cesaron, despues de eso no hubo ruido alguno; unicamente se podía escuchar el silbido del viento aular, mientras que, sin pausa alguna, el orador prosiguió:
—En segundo lugar: la hermosa semihumana conocida como ?La Ejecutora?; la Segunda Lanza del Rey provoca diferentes incidentes a viajes de todo el reino, devastando la ciudad de Nerón.
Una segunda figura se hizo presente, la cual poseía una larga cola y un par de orejas puntiagudas, con un par de ojos los cuales, quien los vio de frente, inevitablemente sentía una corriente eléctrica recorrer toda su columna.
El orador continuo:
—El tercer caballero, apodado ?Muerte Carmesí?; el pobre desgraciado trató de asesinar al General del Vacío, fracasando de forma estruendosa, dejando como da?o colateral la destrucción de la gran ciudad de Miria.
La tercera sombra se puso a un costado de los otros dos, tenía la mirada clavada hacia el suelo, una mirada cansada, agotada; pero aun así, trataba de liberar sus mu?ecas y tobillos, las cuales estaban prisioneras por un par de cadenas blancas que brillaban como el sol y temblaban del esfuerzo generado.
—El cuarto bastardo, el mestizo, llamado ?Frenesí?; el sádico este destazó a dos comandantes junto con sus batallones, impidiendo que pudieran ser sepultados con dignidad... no dejó ni un hueso.
La madera crujió tanto que dio la impresión de que se rompería en cualquier momento, pero no fue así; un ser del tama?o y musculatura de un oso se posó frente al público, poseyendo un par de cuernos negros como el carbón.
—Y el último, pero no menos importante, el quinto...
Un gran rugido resonó en toda la amplia plaza, haciendo que todo el poblado se tapara los oídos, resultando ser un bostezo del cuarto condenado.
—?Carajo, esto ya tardó demasiado! —se quejó el cuarto caballero, crujiendo sus dientes.
—?Tercero! ??Qué es lo que estás esperando!? —La semihumana miró sus ataduras—. Estas cadenas me están drenando toda la energía que aún me quedaba.
—Lo que estoy esperando es que se callen, par de idiotas —reprochó el tercer caballero—. Ya casi lo descifro, denme un par de segundos.
—Como va el orador, Tercero, nos doy unos veintidós segundos más antes de ser colgados —a?adió el primer caballero.
—Cuarteto de pendejos, ?cállense! Dejen que el orador me presente.
El orador se quedó tieso, esperando que cualquiera de los condenados hiciera un movimiento, pero viendo que todo estaba en orden, siguió con su rol.
—Ejem, bueno, como decía: el quinto traidor, llamado ?Ojo de Halcón?; este egocéntrico de mierda se unió a los rebeldes, planeando derrocar al rey.
La última figura se hizo presente, sonriendo, mientras dejaba ver una mirada llena de confianza y orgullo, mientras veía a todo el público, gui?ando el ojo a todas aquellas jóvenes que alcanzaba a ver.
No muy lejos de ahí se encontraba una persona, un ser que vestía una majestuosa toga blanca y pálida, decorada en parte por piezas de armadura; sus ojos cubiertos por una fina tela.
—Todos creíamos conocer a estos valientes guerreros, pero ahora saben su verdadera naturaleza, la naturaleza de unos monstruos que se sentían intocables y ahora terminarán en la basura con la demás escoria.
Cinco figuras estaban frente a todos, a cada una de ellas se les había colocado la soga al cuello, ninguno habló, ni siquiera se quejaron; nunca apartaron la mirada hacia enfrente.
—Verdugo, hazlo.
El verdugo tiró de la palanca. En menos de un parpadeo, los condenados cayeron, y simplemente se pudo escuchar cómo las cadenas se sacudieron violentamente, mientras que el público se quedó anonadado por la escena que tenían frente a ellos.
Unos meses antes de la ejecución...
En un campo donde se había librado una guerra, un hombre luchaba por su vida. ?Esto debería haber pasado? ?Acaso era un error? Aquel hombre debía haber muerto en la batalla, pero no fue así.
?Mmm, esto es bastante extra?o. Se siente tan reconfortante, pero siento un peque?o hormigueo en mi espalda... ?Es acaso un sue?o? Debo despertar ahora mismo. ?Vamos! ?Despierta! ?Despierta!?.
—?Eh?
??Dónde estoy? ?Y qué hago aquí? Este lugar es como un lienzo en blanco; no hay nada ni nadie. Solo puedo ver un gran vacío. ?Aún no me he despertado o acaso esto es...??.
No había nada ni nadie, no había ruido, no había ni siquiera viento, solo un hombre en medio de un lienzo blanco, mirara a donde mirara, únicamente estaba un infinito blanco.
—Vaya, vaya, veo que has perdido, ?hace cuánto no perdías de una forma tan patética?
??Quién dijo eso??.
De la nada apareció un sujeto sin rostro ni facciones; era como si solo fuese el contorno de una persona rellenado por la nada misma. Se quedó en silencio, analizando lo que veía.
—Mmm, pareces desorientado y, la verdad, querría explicarte lo que te está pasando, pero no es que tengas mucho tiempo, así que me ahorraré la molestia.
La “cosa” aplaudió y aparecieron dos puertas: a su izquierda, una puerta de cristal violeta que emanaba una viscosa oscuridad, que se resquebrajaba poco a poco; a su derecha, una puerta de mármol blanco con unas alas en los costados.
??Qué es lo que está pasando? ?Qué hago aquí? ?Acaso esto es el cielo??.
Tantas preguntas pasaban por la mente del pobre hombre que ninguna palabra salió de sus labios.
—Mmm, ?te comió la lengua el gato? —dijo la voz—. En fin, lo resumiré en pocas palabras: ?qué puerta escoges? ?La de la reencarnación? —Se?aló la puerta blanca—. ?O acaso deseas seguir luchando por tu vida, que poco a poco se extingue? —Se?aló la puerta de cristal, cada vez más rota—. Tic, toc, el tiempo se acaba.
??Qué se supone que debería hacer? ?Reencarnar? ?Seguir luchando por mi vida? Tranquilo, piensa bien?.
El hombre se acercó a la puerta de la reencarnación y, justo cuando estaba a punto de abrirla, se detuvo en seco a reflexionar.
?No tiene sentido luchar por una vida que no recuerdo, pero... hay algo en lo más profundo de mi ser que me dice que estoy cometiendo un error. No sé qué es, pero hay una cosa que debo hacer antes de morir?.
—Esta puerta me transmite una calma y una paz profunda, pero al ver la puerta de cristal, me genera una rabia, una impotencia desgarradora; sin embargo, quiero abrir esa puerta en vez de esta.
—Ya veo. Entonces toma la puerta antes de que se rompa por completo; es la única forma de que salgas de este “limbo”. Solo déjame decirte una cosa, Corvus: los errores no duran para siempre.
??Qué quiso decir con eso??.
Después de abrir la puerta de cristal, fue tragado por una abrasadora oscuridad; no podía ver nada, solo se oía el voraz fuego consumiendo la madera.
?Ugh, siento una increíble presión en mi cuerpo. No puedo moverme y no veo nada. Hay algo pesado encima de mí; agh, sí que pesa...?.
Alzó una gigantesca roca que lo aplastaba y salió, aunque con escasas energías.
??Qué es todo esto??.
Un hombre de cabello negro, largo y algo rizado, ojos violeta y una armadura negra con contornos morados, ahora da?ada y cubriendo un cuerpo herido; se alzaba en medio de la destrucción. Ese era Corvus.
Rápidamente se percató del desolador paisaje: un bosque pavimentado con cientos de cuerpos, árboles caídos o quemados, cráteres y restos esparcidos por el lugar.
??Pero qué pasó aquí? Recuerda, tengo puesta mi armadura negra, mi casco está ahí tirado. ?Bien! Recuerda más cosas?. —Se colocó el casco.
Corvus trataba de recordar lo sucedido y el porqué estaba ante ese paisaje tan desolador, pero le resultaba difícil.
?Debo recordar, pero mi mente está en blanco. Ese sujeto, ?qué me había dicho? Carajo, ya estoy olvidando eso también?.
—?Soy un caballero del rey?
Corvus observó detenidamente los cadáveres a su alrededor y se dio cuenta de que eran sus compa?eros de batalla.
—Esto es patético.
Empezó a recordar lo sucedido, empezó a agarrarse de la cabeza fuertemente por el dolor que esta le generaba, mientras rechinaba los dientes con fuerza.
—?Cómo es posible que haya perdido una batalla tan fácil? —Volteó hacia el cielo—. Siendo el capitán, desperdicié demasiados recursos. —Miró los cadáveres cercanos—. Calculé mal esta jugada, qué idiota.
?Mi lanza... Cierto, mi lanza, ?dónde está? La podría invocar y aparecería en un instante, pero ya casi no tengo fuerzas?.
Corvus buscó por los alrededores hasta encontrarla.
?Oh, ahí está?.
Se acercó cojeando lentamente y extrajo su lanza del cadáver de una persona. Era un arma de color negro con franjas rojas que la rodeaban en espiral y una punta cuyo contorno asemejaba las llamas de un fuego ardiente.
?Ahora debo buscar un lugar donde pueda recuperarme; no tengo tiempo para quejarme?.
Corvus empezó a caminar, usando su lanza como bastón, adentrándose al bosque que lo rodeaba. El tiempo pasó; el sol ya estaba en su punto más alto y el calor era abrasador, pero Corvus continuó.
?Agh, esto no está bien; llevo mucho tiempo caminando. Si no fuese por los árboles de este bosque que me cubren del sol infernal, ya me hubiera desmayado hace mucho. Debo encontrar una aldea o algún sitio seguro; si me llego a desmayar, lo más probable es que un oso me termine despedazando?.
Siguió caminando a rastras hasta que encontró una aldea. Estando a punto de llegar a su entrada, Corvus empezó a sentir más pesado su cuerpo; era como si estuviera arrastrando una enorme roca, sus extremidades temblaban del esfuerzo y su mente empezó a nublarse.
Un peque?o zumbido fue lo que escuchó antes de dejar de oír, sus piernas empezaron a doblarse poco a poco; justo antes de cerrar sus ojos y caer, pudo vislumbrar una figura humanoide acercándose poco a poco.
?Qué patético soy?.
Fue el último pensamiento que tuvo.
Corvus se encontraba en medio de una inmensa oscuridad; en lo profundo resonaba el sonido de unas cadenas sacudiéndose...
—Mierda, no de nuevo.
—No ha cambiado nada, ?verdad, Corvus? Tu mente sigue igual de contaminada.
Una voz calmada pero burlesca salía de lo más profundo de las sombras.
—Solo cállate. Esperaré a despertar y podré salir de aquí.
—?Sabes? Creo que es hora de que me aceptes y dejes de hacer el ridículo. Nada más estás aplazando lo inevitable.
—Ya cállate. Pareces un supervillano o un antiguo demonio. Sé que eres yo, y yo soy tú, pero sé que si te dejara las riendas sueltas, harías cosas terribles.
—?JA, JA, JA! Mierda, sí que eres un hipócrita. ?Y las miles de personas que has matado? ?Los pueblos que has esclavizado y arrasado?
—Por favor, cállate.
Corvus despertó poco a poco. Estaba en una habitación, semidesnudo y recostado en una cama de paja.
—?Ah! —exclamó—. Mi cabeza me está matando. ?Eh? ?Qué es esto?
?Mis heridas fueron curadas y vendadas. ?Dónde estoy? Y, más importante aún, ?dónde están mi lanza y mi armadura??.
—Vaya, despertaste. Pensé que había tratado tus heridas en vano. ?Uf!, menos mal. Bueno, toma esto; deberías reponer tus energías. No es mucho, pero te ayudará.
Corvus volteó a su izquierda y vio a quien le dirigía la palabra: un hombre de piel oscura, con rastas y una katana; llevaba puesto un kimono color azul rey con un pantalón del mismo tono, y sonreía mientras le ofrecía un plato de arroz.
This book's true home is on another platform. Check it out there for the real experience.
—Qué rara vestimenta. ?Quién eres?
—Soy el protector de esta aldea. Mi nombre es Baltasar, sin embargo, casi todos aquí me llaman ?Sombra ágil?, así que llámame como quieras —dijo mostrando su katana, negra con franjas moradas.
?Hmm, es una buena arma. Incluso de cerca es intimidante, está bien cuidada y es deslumbrante, debido seguramente a su increíble voluntad. Las armas de este mundo están vinculadas con sus due?os: mientras más fuerte sea la voluntad de su portador, más resistente y poderosa será el arma?.
—Toma la comida o se enfriará —le ofreció de nuevo el plato.
—Gracias, pero ?por qué me ayudas?
—?Y por qué no? —respondió—. Deberías ser alguien inhumano para dejar que una persona muera poco a poco frente a tus ojos pudiendo ayudar.
—Supongo. Creo que te debo una, Baltasar —admitió Corvus con la boca llena de arroz.
—Mmm, ?sabes qué? Que me llamen por mi nombre se siente extra?o; mejor usa mi apodo. Ah, y perdón por mi falta de modales: ?cuál es tu nombre?
??Puedo confiar en él? Sé que me salvó la vida, incluso me dio refugio y alimento, pero ?sabe quién soy en realidad? ?Qué clase de persona debes ser para ayudar a un mendigo herido que lleva una lanza? Creo que lo estoy pensando de más?.
—Soy Corvus, un placer.
—Oh, Corvus, buen nombre.
—?Qué es este lugar? —Corvus se?aló el cuarto mientras comía.
—Este sitio es una de las salas del hospital de la aldea. Estuve esperando hasta que despertaras. Supongo que entenderás que no puedo dejar solo a un forastero que parece haber estado en una batalla intensa; no es casualidad que tengas esas marcas en tu cuerpo.
?Este tipo no es tonto?.
—?Papá! ?Papá! ?Dónde estás?
Una joven de cabello café oscuro, lacio y ojos del mismo color, con una vestimenta parecida a la de Sombra ágil, pero con un kimono azul claro, entró y lo abrazó.
—Conque aquí estabas; me asusté mucho. Estuviste en el hospital todo el día.
—No te preocupes, estoy bien. Además, ?quién te dejó entrar? Les dije estrictamente que no dejaran pasar a nadie a esta área, en especial a ti; es una zona de riesgo.
?Qué vestimenta tan rara, lo más seguro es que esté en una de las aldeas marginadas, cerca de la frontera con las bestias?.
—Pero papá, quiero estar contigo —reprochó la joven.
—Será más tarde, ahora estoy lidiando con un asunto de suma importancia. Ve a casa, te alcanzo después.
Unos pasos se escucharon a la lejanía, acercándose rápidamente.
—?Se?or! Perdón por dejarla pasar; se nos escapó y cuando vimos ya la habíamos perdido de vista. Lo sentimos mucho.
Dos hombres y una mujer, entrando al mismo tiempo, sudando mientras se tocaban el pecho, con sudor en la frente, mientras realizaban una reverencia ante Sombra ágil.
—No se preocupen. ?Me podrían hacer el favor de escoltarla a mi casa?
—?Sí, se?or! —respondieron los tres al unísono.
La joven frunció el ce?o, mientras miraba a Corvus con enojo antes de irse. En un momento de silencio absoluto, Corvus terminó de comer y dijo:
—?Qué pueblo es este?
—Se nos conoce como Aldea Cazadora.
?Suponía que estaba lejos de la capital; de hecho, haciendo memoria, estaría en la línea que separa el reino de los humanos del de las bestias?.
—Estamos muy lejos de la capital, ?no?
—Veo que hiciste tu tarea de geografía. Estamos tan lejos y tan rezagados que no somos de importancia para el rey; las bestias tienen vía libre para atacarnos las veces que quieran... estamos solos.
—?Y por qué no se han ido a buscar un lugar mejor?
—Je —suspiró Sombra ágil—. Gran parte de las personas de aquí son viejas o apenas ni?os; tratar de llevar a tan pocas personas aptas para el viaje sería como llevar al ganado al matadero.
—Tienes razón, pero entonces, ?cómo han sobrevivido hasta ahora?
—No quiero sonar pretencioso, pero es gracias a mí. Las personas de aquí fueron abandonadas por la corona, por la sociedad y por Dios, pero no por mí.
—Te ofrezco mi ayuda.
—??Qué?! —Sombra ágil abrió los ojos como platos.
—No me malinterpretes; ayudaré en lo que pueda. Haré lo que sea para pagar mi deuda y, una vez que pase eso, me marcharé.
—Conque esto es el ?honor de caballero?.
—No me importa el honor, sino devolver lo que es justo. ?Aceptas entonces?
—De acuerdo. Descansa por el resto del día; ma?ana a primera hora te daré tus tareas.
Sombra ágil, con una enorme sonrisa, se quedó divagando en sus pensamientos.
—Me retiraré por ahora, pero ten en cuenta esto, se?or Corvus: toca un folículo de cabello a cualquiera de esta aldea y tendrás garantizado un pase a la otra vida —declaró Sombra ágil mirando a Corvus de reojo, mientras sostenía el mango de su espada.
?Esta presencia, la presión que genera... es similar a la de una bestia a punto de atacar?.
—No te preocupes, yo no lastimo por lastimar.
—?Genial! Ma?ana se te entregará tu armadura y algo de ropa, ya que la otra estaba rota. Buenas noches.
Esas fueron las últimas palabras de Sombra ágil antes de salir de la habitación.
?Debo recuperarme lo más rápido posible y dirigirme hacia la capital. El anciano no estará enojado; fallé y no me puedo dar ese lujo?.
El sol de la ma?ana ya se asomaba y los pájaros lo recibían con sus cantos, haciendo que Corvus despertara poco a poco, apreciando el peque?o momento.
??Hace cuánto tiempo que no me despertaba con el canto de los pájaros??.
Se escuchó cómo alguien abría la puerta y caminaba hacia Corvus, lo que hizo que este volteara hacia la persona de inmediato.
—Querido huésped, se le informa que Sombra ágil lo verá en la parte trasera del hospital dentro de unos quince minutos; aquí tiene su armadura y algo de ropa.
La mujer que el día anterior se había disculpado con Sombra ágil le dio las indicaciones a Corvus; la pobre solo podía temblar ante su presencia.
—Oh, muchas gracias —respondió Corvus, sonriendo para intentar calmar el ambiente.
?Parece que ya se está calmando; no pensé que fingir una sonrisa sirviera tanto?.
—Sin más que ofrecer, me retiro. Buen día —dijo la mujer con una peque?a reverencia antes de marcharse.
Después de ponerse su ropa nueva, su armadura (aún da?ada) e invocar su lanza, Corvus fue a donde se le indicó. Saliendo de la habitación, pudiendo ver que el hospital en realidad era un peque?o edificio con un par de habitaciones peque?as, llenas de grietas.
??Ugh! Me siguen doliendo las heridas, pero podría ser peor. Por eso debo pagar mi deuda con Sombra ágil?.
—Buenos días, Corvus —saludó Sombra ágil desde lejos con la mano.
—Buenos días, Sombra ágil.
—No tengo mucho tiempo y, ya que estás dispuesto a ayudar en lo que sea, te tengo una misión de alto riesgo que ni siquiera yo estoy dispuesto a hacer. Por eso te mandaré a ti.
—Sea lo que sea, estoy preparado.
—?Esa es la actitud! —exclamó Sombra ágil—. La misión que te encargo es cuidar a unos ni?os peque?os que se encuentran en la escuela...
—?Estás hablando en serio? ?Por qué cuidaría de unos ni?os?
—Verás, su maestro está enfermo y, como hay muy pocos, no se puede reemplazar. Por otro lado, la gran mayoría de los padres están trabajando y no hay nadie que pueda cuidarlos, así que lo dejo en tus manos.
—Soy el menos indicado para lidiar con ni?os.
—No te preocupes, solo trata de entregarlos en una pieza; solamente será por un momento.
?Por desgracia no puedo rehusarme; si esta es la forma de pagar mi deuda, no me queda otra que aceptar?.
—No prometo nada.
—?Excelente! —celebró Sombra ágil—. Te llevaré, vamos rápido.
En el trayecto, Corvus empezó a apreciar la aldea.
??Esta es la aldea que protege Sombra ágil? Es algo grande, más de lo que imaginé, pero está devastada: escombros, gente trabajando y cooperando entre todos para mejorar su situación?.
—Por aquí, ya casi llegamos —indicó Sombra ágil.
—Un momento, no vayas tan rápido; mis heridas aún me afectan —comentó Corvus mientras cojeaba.
Casas de madera y unas cuantas de arcilla estaban destruidas o en mal estado. Se podía escuchar perfectamente el sonido de la madera siendo cortada por una sierra, el metal de los martillos chocando.
?Incluso con todo esto, aún se puede ver en sus ojos una peque?a luz de esperanza... qué envidia?.
—Ya hemos llegado, esta es la escuela —se?aló un par de edificios no muy grandes, completamente agrietados—. Como verás, no son lo mejor, pero cumplen con su propósito. Te dejaré en el salón, vamos.
Ya en la escuela, Sombra ágil guio a Corvus a uno de los salones. A cada paso se escuchaba más fuerte el alboroto de los ni?os jugando.
—Aquí están; estos peque?os demonios estarán a tu cuidado —dijo Sombra ágil con una mueca de descontento mientras esquivaba lápices que volaban hacia su cara—. Te deseo suerte; ten paciencia y lograrás esta ardua tarea. Me retiro.
?Solo tengo que evitar que estos ni?os mueran, no creo que sea una tarea difícil?.
Corvus entró al salón. Los ni?os estaban tan distraídos que no notaron su presencia, así que se sentó en el escritorio del maestro y escondió un poco su lanza para no asustarlos.
?Y pensar que yo estaría en el escritorio de un maestro cuidando a unos ni?os?.
Una goma de borrar salió volando, golpeó la cara de Corvus y cayó al suelo. La due?a de la goma se aproximó para recogerla y se dio cuenta de que había alguien en el escritorio.
—Eh... ?Usted quién es, se?or? —preguntó una ni?a de cabello largo y lacio de color rosa, y ojos que parecían esmeraldas.
—Soy su maestro sustituto. —Desvió la mirada—. Corvus.
En un segundo, los ojos de la ni?a se iluminaron con un potente fuego, y con una gran sonrisa, dijo:
—?Ah! Ya veo. Yo me llamo Akiko, un gusto. ?Entonces nos dará la clase de historia?
—No.
—?Por favor! En la clase pasada me quedé con muchas preguntas sobre cómo se conformaban todas las razas y sus orígenes —insistió Akiko, con los ojos brillando de determinación.
—?Qué no entiendes? Solo estoy para supervisarlos.
La ni?a siguió viendo a Corvus con una determinación abrumadora, tanto que dejó de respirar, a punto de desmayarse. Corvus cedió.
—De acuerdo, les daré la clase, solamente no te vayas a morir, ni?a.
?No puedo creer que una ni?a me haya chantajeado?.
—Ejem. —Corvus respiró profundamente—. ?Cállense!
Nadie le prestó atención y los ni?os siguieron desordenando el salón.
—Claro, ?por qué no me sorprende? —murmuró Corvus mientras agarraba su lanza.
Unos chicos jugaban lanzando un balón por los aires hasta que la lanza de Corvus lo atravesó, clavándolo en la pared y captando la atención de todos.
Este último empezó a emanar un aura oscura, haciendo que todos los ni?os, sin que se dieran cuenta, se sentaran en sus lugares, viendo fijamente a Corvus.
—En la clase de hoy, veremos un tema que nos incumbe a todos, queramos o no: el origen de todo y de todos. ?Alguien sabe cuáles son las dos razas primigenias?
Akiko levantó la mano eufóricamente; Corvus trató de ignorarla, pero al ver que nadie más se animaba a participar, le dio la palabra.
—Habla, Akiko.
—Son los descendientes del sol y los de la luna.
—Correcto. Fueron las primeras criaturas que poseían voluntad, representando dos ideas diferentes: luz y oscuridad. Hay muchas leyendas sobre su origen, ?alguien sabe alguna?
—Del estómago de una serpiente... —respondió un ni?o.
—Perfecto, esa es la peor respuesta que puedo imaginar; no puede haber una peor.
Un ni?o alzó la mano, la cual estaba temblando de un lado a otro y con voz suave dijo:
—Por lo que entendí de la clase pasada, se supone que los descendientes de la luna vienen de las sombras, de lo imperceptible ante los ojos, mientras que los del sol, de la luz y el orden.
—Bingo. Pero aunque suene tonto, ambas razas eran muy semejantes. Se dice incluso que se parecían un poco a nosotros; lo único que las dividía no era su apariencia, eran sus creencias... el debate eterno entre luz y oscuridad.
—Es obvio que la luz es más valiosa que la oscuridad —respondió otro ni?o con confianza.
—Error, ninguno es más indispensable que el otro, pero ellos no lo veían así, y cuando dos seres superpoderosos no están de acuerdo, pasó lo que todos ya se imaginan.
—?Se pelearon! —exclamó un ni?o.
—Sí, y fue de las peores peleas que se pudiera imaginar, ?saben cómo se llamó esa guerra?
Akiko volvió a levantar la mano, Corvus la ignoró, pero ella seguía alzando su mano cada vez menos, llegando al punto de pararse sobre su silla.
—Habla.
—Se llamó “El Primer Eclipse”, y la segunda se llamó...
—Espera, aún no llegamos a esta parte —interrumpió Corvus—. El Eclipse fue una guerra infructífera; lo único que ganaron fueron muertos y destrucción. Habiendo quedado como tontos, ambas razas pactaron un cese al fuego firmando un tratado de paz.
—Sí, después de eso el mundo prosperó y surgieron las demás razas —anexó el ni?o con confianza.
—Me gusta ese entusiasmo, pero el maestro aquí soy yo. Todo a su debido tiempo, ni?o. Como decía, después de la guerra surgieron las demás razas. ?Alguien sabe cómo?
El mismo ni?o alzó la mano, pero Akiko la había levantado primero, pero ignorando a la pobre ni?a, Corvus le dio la palabra al ni?o.
—Bien, ahora sí, habla.
—Lo-los humanos surgieron de la luz acompa?ada de la oscuridad y, por lo que sé, los hunters de la tierra y el fango, los...
—Muy bien. ?Alguien más puede seguir con la respuesta?
El ni?o se quedó en silencio con expresión triste. Sus amigos solo pudieron consolarlo, mientras que Akiko aun manteniendo la mano arriba, insistió.
—?Yo! —gritó Akiko alzando la mano.
—Vaya, sí que eres determinada. Te escucho.
—Las bestias surgieron de las llamas y, por último, los konchus, que surgieron del mar... ?Ahora sí hablará de la segunda gran guerra?
—Excelente —admitió Corvus—. Y respondiendo a tu pregunta: no, aún no. Falta explicar por qué algunas razas son más afines a ciertos elementos y...
De pronto, la campana del receso resonó en toda la escuela, haciendo que Corvus con una expresión de alivio dijera:
—Lo podrán saber en la siguiente clase, en la cual espero no estar.
Todos los ni?os se levantaron y se marcharon del salón a toda velocidad, excepto Akiko, quien veía a Corvus con curiosidad.
—?Por qué sigues aquí? La clase ya terminó.
—Estoy pensando. ?Por qué no quería hablar de la segunda gran guerra? Es mi parte favorita.
—?Te refieres a la ?Noche Sangrienta?? ?Cómo puede ser que la guerra más devastadora de la historia sea la parte favorita de una ni?a?
—?Hey! No me subestimes. Mi madre me contaba muchas historias sobre el pasado, también sobre la pelea eterna entre la luz y la oscuridad. Madre siempre decía: ?Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo?.
—Ya veo, tu madre es bastante sabia.
—Me gustó mucho su clase; espero que vuelva a dar otra. ?Chao!
?Para ser una ni?a, tiene una buena noción de su entorno, qué interesante?.
Los pensamientos de Corvus fueron interrumpidos por unos aplausos lentos y pesados de Sombra ágil.
—Lo hiciste muy bien, incluso mantuviste a raya a esos peque?ines. Sorprendente. En fin, te tengo que pedir otro favor.
—?Qué será ahora?
—La siguiente tarea puede que te llegue a interesar. Antes de eso, vayamos al lugar.
Corvus y Sombra ágil salieron de la escuela y se dirigieron a unos edificios cercanos.
—?Y cómo te la pasaste dando clase, Corvus?
—A decir verdad, no estuvo tan mal como imaginé. Aunque, si pudiera destacar algo, sería la ni?a llamada Akiko.
—?Eh? Ya veo. Akiko es excepcional; es muy determinada e inteligente, aunque no suele acercarse a las personas muy a menudo. Me impresiona que se haya acercado a ti, ya que es algo tímida.
Detrás de un edificio no muy grande había más gente, pero no eran ni?os: eran jóvenes de entre dieciséis y diecinueve a?os entrenando; saltaban obstáculos, practicaban tiro con arco, esgrima con espadas de madera y combate cuerpo a cuerpo.
—Esta es tu siguiente tarea. Ya que has estado en el campo de batalla, sabrás lo que se necesita para sobrevivir.
—Tienes razón; he estado en situaciones peligrosas y sé cómo lidiar con ellas, aunque como verás, no siempre me libro.
—Claro, se te nota en la mirada: la mirada de un asesino —comentó Sombra ágil—. Como iba diciendo, estos jóvenes aún están muy verdes. Aunque son buenos peleando, ni de broma podrían con una simple bestia primitiva.
—A decir verdad, solo una persona experimentada sería capaz de acabar con una bestia con relativa facilidad.
—?Atención! Hagan una fila, les quiero presentar a alguien.
Rápidamente, los adolescentes formaron una línea. Entre ellos se encontraba la hija de Sombra ágil, que miraba a Corvus con algo de desprecio.
—él es Corvus; es una persona experimentada en el campo de batalla y les ense?ará un par de cosas, así que compórtense. Corvus, los dejo en tus manos; haz tu mejor esfuerzo, ?de acuerdo? —dijo Sombra ágil sonriendo.
—?Puedo usar cualquier método de ense?anza?
—Claro, pero ten muy claro lo que te dije en el hospital —advirtió mientras sostenía su espada—. Sé que podrás hacer un cambio en estos muchachos; cuento con ello.
Después de esas palabras, Sombra ágil de un parpadeo desapareció a la vista de todos, dejando solo a Corvus.
?Creo que está poniendo demasiada fe en mí, pero ?por qué? No comprendo del todo?.
—Se?or Corvus, ?qué quiere que hagamos? —habló un chico de la fila.
—Veamos: son uno, dos, tres, cuatro... treinta y cinco. Sí, supongo que con esto bastará. Bueno, empecemos.
Corvus se quitó la armadura y se quedó solo con la vestimenta normal; luego clavó su lanza en el suelo y agarró una espada de madera.
—Escuchen: agarren sus espadas y presten atención. Cada uno de ustedes tratará de golpearme en cualquier zona del cuerpo; no me importa el método que usen. únicamente tendrán treinta minutos. Yo solo me defenderé. ?Alguna duda?
—Pe-pero se?or, nosotros somos muchos. No dudo de sus habilidades, pero ?está seguro? —cuestionó alguien de la fila.
—Sí, él tiene razón. ?No crees que nos estás subestimando? —reprochó la hija de Sombra ágil.
—No se preocupen; aún estoy herido y no podré moverme al cien por cien, pero si aún tienen dudas, no utilizaré un brazo, ?ven? Tienen posibilidades.
Todos los presentes se quedaron callados, apretaron con fuerza su mandíbula y sin titubear, agarraron sus espadas de madera.
??De verdad hijo tan orgullosos? Es más fácil arreglar un toro cuando este está enojado?.
—??ESTáN TODOS LISTOS!? —gritó Corvus.
—?Sí! —gritaron al unísono.
—De acuerdo, los treinta minutos empiezan... ?AHORA!

